DEFILIPPIS NOVOA (1892-1930)

La época de oro
Los comienzos del siglo XX inauguran la época de oro, con nombres propios como Roberto J. Payró  con   “Marco Severi”, Florencio Sánchez  con “Nuestros Hijos”  y Gregorio de Laferrere con  “¡Jettatore!”, quienes dieron gran impulso a la actividad escénica, basados en una estética costumbrista de alto impacto en el público: el grotesco y el sainete criollo.

El sainete criollo era  un género que retrataba la vida de los inmigrantes de fines del siglo XIX en los conventillos en tono de comedia. Comenzó como parte del intermedio de las obras teatrales pero terminó fusionándose con el circo. Alberto Vacarezza inaugura el género con “El conventillo de la paloma” (1929). Uno de los temores de los inquilinos de los conventillos era la persecución política y sobre todo después del golpe a Yrigoyen, en 1930, ya que muchos de los recién llegados eran anarquistas, comunistas y sindicalistas.

Armando Discépolo le da una vuelta de tuerca al sainete y lo lleva al grotesco tragicómico en obras como "Babilonia, una hora entre criados”, acerca de la inmigración de italianos y españoles en nuestro país. Otros representantes del género fueron: Francisco Defilippis Novoa  con su obra“He visto a Dios”.  


El grotesco criollo era  un subgénero dramático cultivado en la Argentina y también en Uruguay. En su seno confluyen desde el grotesco italiano hasta el sainete criollo.


Dentro del género destacan varias obras del uruguayo Jacobo Langsner, entre ellas Esperando la carroza, obra de teatro en la cual se basó la popular película homónima.

Características del grotesco criollo
Presenta la búsqueda de comunicación por parte del sujeto y la contención familiar no obtenida, que lleva al protagonista a la depresión y a lo patético. Describe la animalización de los personajes, sumada a la máscara social. La trama busca una profundización psicológica. El tema básico es la ausencia de dinero y como consecuencia los fracasos, el desamor, la disolución familiar, la corrupción, la desigualdad y la humillación; los personajes son inmigrantes, en su mayoría italianos.


Luis Etcheverry en el libro del diario "La Capital" en su publicación 1867-2007. 15 de noviembre conmemorando los 140º aniversario, nos informa sobre este tema:

Como hace referencia Luis Ordaz en su indiscutible artículo: “El teatro en el Río de la Plata”: “Francisco Defilippis Novoa fue un poeta auténtico que cantaba y escribía  obras de teatro. Unas veces con acento trágico, otras más o menos risueño o sentimental, pero siempre humano.

 

 DEFILIPPÎS N0VOA  nació en Entre Ríos el 21 de febrero de 1892, y desde adolescente ni  bien  egresó de la Escuela Normal de Paraná se dedicó al periodismo, pero en sintonía vivía su afición por el teatro.


Así  a los 19 años logró su primer estreno con “La pequeña felicidad”, una pieza en un solo acto escrita para un concurso teatral organizado por una compañía teatral de paso por Rosario. Ni imaginó que en aquel primer intento escénico nacía la auténtica contextura de su talento y creatividad.


Guadalupe Palacio de Gómez agrega: "También incursionó en la dirección cinematográfica donde plantó hitos llamativos. Hizo debutar a Carlos Gardel en Flor de Durazno en1917; a Victoria Ocampo  cuando tenía 29 años y aún no era famosa con las letras en la obra "Blanco y negro" en  1919 y a Berta Singerman en  "La vendedora de Harrod's", 1920.


También dirigió a María Ester Podestá dos veces: en “La loba” con Gardel y “Los muertos” sobre la obra de Florencio Sánchez, de 1919”.


Exponente de la corriente simbolistica-vanguardista es  reconocido, junto con Armando Discépolo y Samuel Eichlbaum, como unos de los grandes dramaturgos que rescataron la escena nacional de la chabacanería.


Su teatro fue en esencia "profundamente religioso", carente de santos y vírgenes.

Murió en Buenos Aires, a los 38 años en la plenitud de su talento.

Nos dice Luis Etcheverry: "Dio forma a unas 30 piezas, la más famosas de las cuales es inolvidable "He visto a Dios, cuyo cartel recorrió los teatros a lo largo y ancho de la Argentina."

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Otros títulos:”La casa de los viejos”, 1914; “El conquistador de lo imprevisto”,1919; “El cacique blanco”, “La madrecita”, “La loba y “Un cable a Londres”, 1920”; “Una vida”, 1921; “Los desventurados” y “El turbión”, 1922; “Hermanos nuestros”, 1923; “Tu honra y la mía”, 1925, “El alma del hombre honrado”, 1925; “María la tonta”, 1927; “Tú, yo y el mundo después”,1929 y “Nosotros dos” y “Sombra en la pared”, 1930.

Etcheverri agregando: “En busca de horizontes llegó a nuestra ciudad, donde escribió para publicaciones literarias, en boga en la época, pasando a ser figura de la cultura por el hecho decisivo de vivir aquí los primeros estrenos de sus obras por elencos porteños. La compañía de Enrique Orellano le montó en el Politeama, “Crónica de policía”; Orfilia Rico, “El día sábado” y Pablo Podestá, “la casa de los viejos” Con esta pieza ocurrió algo curioso: estuvo en cartel sólo dos días. Por haber sido causa o efecto del encontronazo de ambos en Guayaquil: se disgustarían sin revelar el motivo. Sin reconciliarse, el secreto los acompañaría a la tumba.

 

Aunque su verdadero triunfo teatral fue cuando Joaquín de Vedia eligió en 1918 su sátira política "El diputado del pueblo” que interpretó Roberto Luis.

La pasión y la firmeza fueron rasgos distintivos en Defilippis; la prueba más elocuente es la profundidad de su obra en distintos escenarios.