DEBENEDETTI SALVADOR (1884 – 1930)

 Entre las ciencias auxiliares de la historia una de las más importantes es la arqueología que tiene por objeto el estudio de las artes y los monumentos de la antigüedad.


Si bien  puede admitirse como precursores a Dionisio de Halicarnaso y Herodoto, su real proceso científico se inició en el Renacimiento. En efecto la afición a lo clásico determinó que preferentemente en Italia se ensayara el estudio de las antigüedades: construcciones, monumentos y objetos como meros documentos históricos.


Ahora bien la prospección arqueológica era de una forma muy empírica (cada uno de los investigadores tenía sus propios métodos).


Recién en 1764 el alemán Joaquín Winckelman en su “Historia del arte de la antigüedad” presentó el primer jalón de un nuevo período llamado de los arqueólogos, en el que los trabajos de esta naturaleza se sujetaron  a un método científico riguroso.


En América,  las excavaciones  en busca de testimonios de las civilizaciones indígenas  datan de mediados  del siglo XIX y se concentraron principalmente en las ciudades mayas y en loas de América Central.


Nuestra patria cuenta entre sus más consagrados arqueólogos a Salvador Debenetti, quien comenzó sus investigaciones en las primeras décadas del siglo XX.


Nacido en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1884, cursó sus estudios secundarios en Capital Federal, doctorándose en la Facultad de Filosofía y Letras en 1909.


Desde muy joven demostraría capacidad e inteligencia por la arqueología y la antropología, aptitudes  que lo llevarían a ser incorporado al Museo Etnográfico que fundara el doctor Norberto Piñero, encontrando allí  a quien sería  su guía y maestro Juan Ambrosetti.


Juntos  serían apasionados por la prehistoria argentina y americana y ambos serían los iniciadores  de la ciencia arqueológica en nuestra patria y la  jerarquía alcanzada les dio posición de privilegio en el ámbito internacional, vinculándose por lazos de amistad o correspondencia intelectual con quienes en su tiempo, constituyeron las más altas expresiones de esta rama de las ciencias.


Como consecuencia de sus descubrimientos y comprobaciones publicó numerosos estudios en revistas y libros especializados entre lo que mencionaremos: “Excursión arqueológica a las ruinas de Kipon (Valle calchaquí, provincia de Salta),1908, La cerámica funeraria  de los yacimientos prehistóricos  de La Isla (Quebrada de Humahuaca, Jujuy) 1910; Influencia de la cultura del Tiahuanaco en la región del N.O argentino, 1912; Investigaciones arqu7elógicas  en los valles preandinos de la provincia de San Juan, 1916;  Los Yacimientos arqueológicos occidentales del valle de Famatina,1917; Las ruinas prehistóricas de El Altarcito (departamento de Tilcara, Jujuy,1918; Las ruinas del Pucará de Tilcara, quebrada de Humahuaca, provincia de  Jujuy , 1930.


Viajó a Europa y en Francia en 1924, después de dictar una conferencia magistral referida a los hallazgos en nuestro país, la Sociedad Americanista Arqueológica de París lo nombró miembro consular.


La muerte que desafiara en sus difíciles marchas en busca de testimonios del pasado, lo sorprendió en alta mar en el barco Capitán Polonio, el 1° de octubre de 1930, en el viaje de regreso del  Viejo Mundo.


Al cumplirse el primer aniversario de su muerte se le erigió un monumento recordatorio en el Pucará de Tilcara, donde estaban depositadas las cenizas de su maestro, el sabio Juan Ambrosetti.

 

Bibliografía:

Cutolo Vicente: Nuevo Diccionario Biográfico Argentino. Tomo II. Pág 488.

Torres Luis María: “Doctor Salvador Debenetti”. Discurso pronunciado en el acto de su recepción  a la Junta de Historia y Numismática. Buenos Aires, 1918.

 

Debenedetti. Pasaje. Topografía:

Corre de n. a S. desde 430 hasta 4399, en la manzana delimitada por las calles Ameghino, Ayacucho, Mr. Ross y Alem.

Se le impuso ese nombre por D. 22013 del 24 de abril de 1958.

Recuerda al arqueólogo Salvador Debenedetti, investigador del pasado prehistórico de nuestra patria.

EL DÍA DEL ESTUDIANTE
Clarifica el historiador Daniel Balmaceda en su página  refiriéndose a la consagrada fecha:


Desde la Edad Media, los gremios celebran su día. Los festejos estaban relacionados con el santo patrono de cada profesión.  Los músicos contaban con el día de Santa Cecilia, el 22 de noviembre. Mientras que el 1° de diciembre los orfebres recordaban a San Eligio, su santo patrono.
La costumbre de que cada gremio festeje  su día se mantiene, aunque despojado de su sentimiento religioso.


 Pero ¿cómo se originó el Día del Estudiante?
Fue a partir  de la propuesta de Salvador Debenedetti en 1902 ( cuando contaba 18 años) propuso que en su facultad  se celebrase el Día del Estudiante, cuando se desempeñaba como presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. Y que también fuera el 21 de setiembre en homenaje a Sarmiento Porque si bien ”el padre del aula” murió el 11 de setiembre de 1888 en Paraguay, sus restos fueron repatriados desde Asunción diez días después, llegando a Buenos Aires , el día 21 de setiembre.


Los primeros 21 de setiembre se limitaron a actos universitarios…después serían invitaciones de pares de países vecinos uruguayos y brasileros, mientras otros realizaban obras de teatro.


 Entre 1914 y 1924, la Facultad de Medicina organizó bailes del internado, muy subidos de tono.


Recién en 1950 se estableció la costumbre e celebrar el Día de la Primavera en las principales ciudades del país.


Las celebraciones llevan más de cien años, pero las actividades distan mucho de las costumbres de otrora. En la actualidad prevalece la música de conjuntos modernos, tanto para escuchar como para bailar.


Todos los que alguna vez hemos pasado por las aulas le debemos al estudiante Salvador Debenedetti que hayamos tenido nuestro día.