DARÍO RUBÉN (1867-1916)

A mediados de 1893, llegó a Buenos Aires, un joven nicaragüense, natural de Motapa, a quien sus compatriotas habían bautizado con el nombre de "poeta niño", en mérito a su precocidad.


Se llamaba Rubén Darío, tenía tez aindiada, expresión adusta, penetrante la mirada como si quisiera con ella discurrir de un golpe, el séptimo velo del alma humana.  Se había codeado  con grandes literatos como Menéndez y Pelayo, Valera, Zorrilla y Campoamor.


En Chile como redactor de " La Época" logró acaudillar a lo más granado de la juventud trasandina, hasta trasladarse a Buenos Aires, adonde arriba en agosto de 1893, cuando el movimiento modernista se difundía por toda América.


Ya desde 1880 la prensa porteña informaba a sus lectores acerca de la existencia,  en París, del llamado "Parnaso", grupo de jóvenes innovadores que buscaban nuevas salidas para la poesía.


En nuestra patria, aunque había traducciones de aquellos renovadores franceses, Copée y Catulle Mendes entre otros, con la llegada de Darío a Buenos Aires ( la que él llamaría Cosmópolis) se produjo tal fenómeno literario.


Diría: "Fue para mí un magnífico refugio la República Argentina, en cuya capital, aunque llena de tráfagos comerciales, había una tradición intelectual y un medio más favorable al desenvolvimiento de mis facultades estéticas".


Rubén Darío, que ya era conocido entre nosotros, a través de sus colaboraciones en La Nación, diario que lo acogió  gracias a su dueño, el general Mitre, lo mismo que  en "EL tiempo" de Carlos Vega Belgrano, como en la Tribuna de Mariano Vedia.


Después de 1893 se consolidó en el mundo porteño, un interés en los medios intelectuales, no sólo entre la alta clase social sino también ante cenáculos literarios que solían reunirse en cafés, cervecerías, en las tribunas y  en el célebre "Ateneo" donde asistían periodistas y artistas desplazados, y donde los jóvenes sentían la atracción de ese notable muchacho de veintiséis años que con donaire armaba musicales versos.


El autor de "Prosas profanas" trabajó en el Correos durante la época que fuera director Carlos Carlés, de quien señalara el poeta: "Después de realizar mi tarea específica nos explayábamos en largas tiradas filosóficas - teosóficas junto a Patricio Piñeiro Sorondo y a Leopoldo Lugones ( por entonces también empleado postal.)


En 1898 dejó Buenos Aires  cuando sus metas de infatigable andariego lo recamaban lejos de la tierra elegida para dar la batalla final.


Su admiración y afecto por nuestra patria lo demostró al componer "Canto a la Argentina", escrito al conmemorarse el Centenario de la Revolución.


  Sus libros capitales fueron: "Azul", "Cantos de vida y esperanza", "Poema de otoño" y el que le diera celebridad "Prosas profanas".


En la ciudad de León, España, en la misma catedral, donde había sido bautizado cuarenta y nueve años antes, se efectuaban las exequias de Rubén Darío en 1916, cuya vida estuvo íntimamente ligada a la producción poética.

 

Podríamos considerar al Correo de la Nación como el "Parnaso Argentino" por haber albergado en su seno como empleados, a figuras prominentes en la literatura argentina y universal, a través de distintas épocas desde José Mármol, hasta  Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Belisario Roldán, Evaristo Carriego, Mariano de Vedia, Arturo Capdevila, el dramaturgo Enrique García Velloso, y Pedro B. Palacios (conocido por  Almafuerte.)

 

 

Bibliografía:
"Rubén Darío." Sello postal impreso en la Casa de la Moneda por encargo de la Secretaría de Comunicaciones, en homenaje del 50 aniversario de su fallecimiento.

Darío Rubén. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 1200 al 1900, a la altura de Av. Alberdi 500.
Se le impuso ese nombre por O. N° 683 del año 1950.
Con anterioridad se denominó "Aguas Corrientes."
Recuerda a Rubén Darío (1867 - 1916), iniciador del modernismo en la literatura argentina a partir de su llegada en 1893.