DAMAS MENDOCINAS

"Llegaba a su término el año 1816, cuando en la entonces modesta ciudad de Mendoza se vivían horas de gran fervor patriótico. Se hablaba de campañas libertadoras y patrias independientes. Enardecían los ánimos el movimiento de soldados, las músicas marciales, el trajinar de carretas con pertrechos de guerra y el ambiente todo cargado de presagios trascendentales y augurios de gloria" - nos informa el historiador Edmundo Correas -.

El matrimonio San Martín pasó la Navidad de ese año en la casa don Joaquín Ferrari, hombre de bien de la sociedad mendocina, junto a algunos jefes del Ejército de los Andes, Las Heras, Soler, Zapiola, Necochea, Escalada y sus esposas, más Laurencita Ferrari y Manuel de Olazábal, ambos solteros.

Al llegar la medianoche, el Libertador levantó su copa brindando por una bandera para su ejército pues no contaba con ninguna. Gesto que nos dice que San Martín aún en el ámbito familiar y socia,l no olvidaba jamás sus inquietudes de soldado de la Patria.

Todos aplaudieron y cuatro damas voluntarias sin vacilar se comprometíeron a confeccionar el emblema histórico con premura para el día de Reyes, tal como era el anhelo del General.

Ellas eran Dolores Prats de Huici, bella joven chilena que había perdido su esposo en la batalla de Rancagua y las mendocinas Margarita Corvalan, Mercedes Alvarez y Laureana Ferrari (de apenas 14 años).

Al día siguiente se dirigieron a los comercios de la Cañada, cerca del Cabildo más no había ni seda son telas del nivel que las circunstancias exigían.

El punto de reunión era la casa de Laureana de donde salían y llegaban repetidas búsquedas requiriendo los colores que exigía la bandera azul y blanca aprobada en ese mismo año por el Congreso de Tucumán.

Una mañana irrumpió Remedio Escalada, esposa del Gral. San Martín con la buena nueva de que en un comercio por demás modesto llamado el Cariño Botado podrían hallar la deseada tela.

Partieron las damas mendocinas por esas polvorientas callejuelas en busca del tendero que fuera del mísero y desvencijado negocio les ofreció su magna mercadería.

El requerimiento lo hizo con tales instancias que entraron por lástima y difícil sería de explicar la sorpresa y el contento de las escépticas parroquianas, al descubrir una tela color del cielo coincidente con el deseo del General aunque fuera poca y no de seda, sino de simple sarga pero lustrosa y buen aspecto.

Con esa pieza y otra blanca del mismo o parecido género pusieron marcha a la obra.

Remedios se ocupó de la costura y armado de la bandera, bordándole varias hojas de laurel que rodeaban al escudo, cuyo óvalo fue marcado con una bandeja por la señora de Huici, quien también se ingenio para desteñir con lejía unas madejas de seda roja con las que fueron bordadas las manos rosadas que dibujara más con voluntad que arte el Gral. Soler.

De dos abanicos de Laureana y de una roseta de su madre sacaron lentejuelas de oro y diamante para adornar el óvalo y el sol al que recamaron perlas del collar de Remedios.

Así estas artesanas de la gloria dieron término a la bandera prometida a las dos de la mañana del 5 de enero de 1817. Todas ellas se arrodillaron ante el crucifijo del oratorio familiar, dieron gracias a Dios rogando que su gracia guiase ese paño hacia la victoria.

Mendoza vivía un estado de expectación y alegría colectiva como jamás había vivido.

El pueblo sabía que era inminente la partida de las tropas ya que la Bandera era una realidad.

A las diez de la mañana las fuerzas patriotas vestidas de gala entraron en el ámbito de la plaza, escoltando la Virgen del Carmen, patrona del Ejército de los Andes. En un sitial de la Iglesia Matriz estaba doblado el ansiado y dignísimo emblema de la Patria.

 

Bibliografía:

Correas, Edmundo: "Historia de Levillier." Tomo III, pág. 220. Bs. As mayo 1968.

Espejo, Gerónimo: "El paso de los Andes." Bs. As. 1910.

 

Damas Mendocinas. Cortada. Topografía:

Corre de N. a S. desde 100 al 500, a la altura de Bv. Rondeau 700. Barrio Sarmiento.

Se le impuso ese nombre por Ord. N 763 del año 1951.

Con anterioridad se denominó Ingeniero Domingo Maturo, por Ordenanza del año 1950.

Recuerda a las Damas Mendocinas que bordaron la Bandera del Ejército de los Andes.