El 2 de febrero de 1935 el país perdía una de las figuras más destacadas, en su vida social y política de aquellos años, el Senador nacional por la provincia de Santa Fe, Dr. Francisco E, Correa.
Falleció a los 56 años de edad, a poco de haber sido reelegido para ocupar el alto cargo mencionado, y precisamente en momentos en que sus correligionarios lo mencionaban para candidato a la primera magistratura de la provincia.
Era una figura parlamentaria de singular relieve, que logró llamar la atención pública desde la hora inicial de su carrera profesional.
El Dr. Lisandro de la Torre, ducho en esas lides políticas dirigiéndose a sus colegas y periodistas que arremetían a los funcionarios afuera del recinto expresó:
¿Qué me dicen de Correa? Un legislador nuevo, desconocido demostró ser un tribuno con verdadera opinión liberal y democrática.
El doctor Correa nació en Rosario en octubre de 1878, pero se graduó de abogado en 1908 en la Universidad de Buenos Aires.
Al regresar a Rosario, pasó a desempeñar cargos públicos locales, concejal primero y después diputado provincial en 1914, siendo reelecto en dos períodos sucesivos.
En el año 1920, aprobó la legislatura de Santa Fe una ley según la cual se declaraba la necesidad de reformar la Constitución de nuestro estado, vigente desde 1907, y se cuenta que en dicha ocasión ya en horas de la madrugada en la Cámara de Diputados cuando se creían agotados todos los argumentos para proseguir el debate, el doctor Correa - totalmente desconocido y en condiciones desventajosas - produjo tanto asombro su calma inquebrantable como la solidez de su palabra, que por unanimidad fue aprobada su moción.
Los amigos de su padre, sabiéndolo dueño de la frase mordaz que enjuiciaba con justeza a los hombres y a las cosas, le propusieron ingresar en la vieja Unión Cívica Radical augurándole un porvenir venturoso en ese ámbito político, pero prefirió enrolarse en el partido que por entonces había fundado don Lisandro de la Torre, la Liga del Sur.
No fue conductor de masas populares, pero sintió la simpatía de la multitud que acompañaba constantemente su acción legislativa y política, porque traducía inteligencia y dignidad inigualable en el manejo de las aspiraciones del pueblo.
Escribía como hablaba, con claridad, precisión, sin tono declamatorio, pero demostrando madura reflexión tanto en la cátedra, como en las columnas de los diarios y en los estrados, debiendo soportar muchas veces con estoicismo las contrariedades.
El Dr. Correa falleció en la Capital Federal en forma intempestiva en febrero de 1935.