COOLIDGE ISABEL BOYER (1839 - 1915)

En octubre de 1847, en West Newton, cerca de Boston Estados Unidos, Sarmiento conoció a Horacio Mann, célebre docente norteamericano. Los unía la misma ambición: “poner la educación al alcance de todos” - así lo expresa Leonel Giordano, en la revista Nueva, 1995.


Cinco años antes el sanjuanino había fundado en Chile la primera escuela normal de América del Sur mientras en 1839 Mann había hecho lo mismo en Massachussets.


En ese instituto los estudiantes eran de sexo femenino.


Este hecho convenció a Sarmiento de que las mujeres resultarían mejores maestras de niños que los hombres.


Sarmiento volvió a los Estados Unidos en mayo de 1865, enviado como ministro plenipotenciario por el presidente Bartolomé Mitre para estudiar el sistema educativo del país del Norte.


En su segunda visita Mery Peabody, viuda de Mann lo conectó con los mejores educadores ayudándole más tarde a traer docentes de aquél país al nuestro.


¿Cuántas maestras vinieron de los Estados Unidos, desde el año 1870 en adelante?


Entre 1869 y 1898 el gobierno argentino contrató a sesenta y uno maestras estadounidenses; probablemente también viajaron nueve docentes más que no estaban registradas de modo formal.


Vinieron con el objetivo de concretar un plan revolucionario para la época: “Tratar de acercar la educación a todos los argentinos, sin distinción de clases sociales ni sexo”.


Algunas también se lanzaron a la aventura con la firme intención de conseguir un marido criollo, nos dice Leonel Giordano en la revista Nueva, año 1995.


Habían partido desde el puerto de New York, hasta el de Seatle, ubicado en el Oeste de los EEUU de allí a Liverpool con destino a Buenos Aires, pasando por el cabo de Hornos, en el hemisferio Sur.


Travesía que duró tres meses, pues todo era tan precario que el desembarco se hizo en tres etapas, del barco pasarían a una falúa situada a una milla de la costa barrosa y de allí a un bote que las condujo al pie de una escalera por la que pasaron a un muelle de endeble apariencia.


De su aspecto resaltaban las largas faldas grises, el sombrero de paja y su maleta barata asegurada con veinte vueltas de una cuerda.


“Ese era el aspecto de una señorita joven a punto de iniciar su trabajo de maestra de escuela en una película del lejano oeste” nos cuente Vladimir Nabokov en “Ada en el ardor”.


“Las señoritas”, de Laura Ramos, sigue los hilos de la Historia y de las historias -contexto, época, intimidad, vida doméstica, secretos y chismes- de ese puñado de mujeres excepcionales o de mujeres comunes en circunstancias excepcionales, que enseñaron, fundaron y construyeron escuelas en la nueva tierra de promisión, la Argentina del desmesurado Sarmiento.


Muchas de ellas fundaron, formaron y dirigieron 18 escuelas en nuestro país, proyecto y realizaciones que disgustaron a muchos argentinos, quienes pusieron una dura resistencia a que extranjeros y nada menos que mujeres intervinieran en la educación nacional.


Elizabeth Coolidge Boyer reemplazó a Sara Boyd al frente de la Escuela Modelo de Concepción del Uruguay, y en 1879 fue designada para dirigir el Curso Normal anexo al Colegio Nacional de Rosario, logrando que la Escuela Normal se trasladase a su propio edificio.


Tanto sus iniciativas pedagógicas como su estimulante psicología y su comprensión de la juventud, transmitieron al carácter de sus educandas, modalidades imborrables.


Como directora de dicho instituto, Primera Escuela Normal de Maestras de Rosario ganaba por entonces 1200 dólares anuales; así fue que en 1880 tuvo el justo coraje de quejarse del costo de vida expresando que: “Iguala el sueldo, y a menudo excede al de Estados Unidos sin alcanzar ninguna de sus comodidades.”


La señorita Coolidge terminó habituándose a la gastronomía criolla y al modus vivendi del Rosario de ese entonces, logrando que su escuela fuera la más solicitada por la población.


Cuando completó su contrato de tres años regresó a Lockport en 1881, y junto con su hermana abrió una escuela particular durante varios años.


El pueblo rosarino le hizo prometer que volvería. Promesa que no pudo cumplir porque después de haberse dedicado a la enseñanza su vida entera sin pausas a la formación de sus semejantes, regresó en 1914 a su tierra natal, Chester, Vermont, en busca de un descanso pasajero.


Más su destino sería no volver, porque falleció al año siguiente, el 23 de diciembre.

 

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Bibliografía:
Bergnia de Córdoba Lutges, María Amanda: "85° Aniversario de la Primera Escuela Normal de Rosario."Artículo del diario La Capital de Rosario en su edición del 19 de abril de 1964.

 

Coolidge. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 1200 al 1499, a la altura de 9 de julio 4600.


Se le impuso ese nombre por D. 24.341 del año 1960.
Recuerda a Isabel B. de Coolidge, directora fundadora de la Primera Escuela Normal de Rosario.