CONGRESO

Una vez declarada la independencia en el Congreso de Tucumán de 1816, comenzaría la etapa de organizar jurídicamente a la nueva nación. Tarea no fácil porque los encuentros fraticidas se repetían constantemente. Una guerra civil cruenta como todas las guerras, no permitía augurar un porvenir venturoso para los habitantes.
En medio de tantos desacuerdos y confusiones, se pensó en dar una Constitución – nos dice Francisco Laviero en “Pasarán dos siglos”. –
Los dirigentes pensaron que si América del Norte que también había sido una colonia, contaba con una Constitución que le permitía progresar en forma sostenida , porqué no las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Los porteños, mirando sus intereses estructuraron una primera Constitución que se sancionó en 1819, donde la gente del interior se veía postergada, consecuentemente no hubo otra opción que desconocerla y continuar con el reclamo violento de un orden más equitativo.
Los portugueses que siempre habían codiciado la Banda Oriental, para conseguirla nos declararon la guerra; entonces la clase dirigente para evitarla convocó a todas las provincias para que enviaran un delegado a un Congreso que se reunió en Buenos Aires en 1824.
El objetivo prioritario de dicho Congreso respondía a la necesidad de la República Argentina - como se llamaba ya en aquella época – de sancionar una Constitución federal.
Se sancionó una Ley Fundamental, más otra vez de carácter unitario, aunque estableciera un sistema de convivencia y respeto mutuo que garantizaba las autonomías provinciales.
Entretanto el congreso resolvió consultar a las provincias acerca del sistema que habría de adoptarse ”unitario o federal “, ya que la Comisión constitucional no llegaba a un acuerdo.
En el transcurso de 1825 la declaración de guerra por parte del Brasil posibilitó el avance de las tendencias centralistas y unitarias, cuyo principal líder era Bernardino Rivadavia.
En 1826, la base del acuerdo fue resquebrajándose y se optó por aprobar la Ley de Presidencia nombrando a Rivadavia para ocupar el cargo.
Disuelto ese poder central en 1827, se abrió en 1829 una nueva y virulenta fase política con el ascenso de Rosas.
En toda la década de 1840, los movimientos populares revolucionarios en Europa solicitaban o imponían a los reyes una carta constitucional. La misma necesidad se sentía en el Río de la Plata, pero Rosas no lo advirtió.
La amenaza, la censura y el uso de la fuerza contra los unitarios, opositores y disidentes fueron recursos corrientes para mantener la cohesión y el control del régimen desde 1929 – 1832 y desde 1835 hasta 1852, cuando fue derrotado.
Después de Caseros, la alianza del Litoral liderada por Urquiza, planteó la unidad del país y la necesidad de organizarlo constitucionalmente.
Para ello convocó a una Acuerdo en San Nicolás el 31 de Mayo de 1852, que estableció un mecanismo para poner en práctica un Congreso General Constituyente, integrado por dos diputados por cada provincia.
Unos meses después se reunieron en la ciudad de Santa Fe, los delegados d provinciales sin la presencia de Buenos Aires, y sancionaron la Constitución Nacional , el 1° de Mayo de 1853, que hasta hoy rige los destinos de nuestra Nación, eligiendo como presidente a Justo José de Urquiza.
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Bibliografía:
Luna Félix: “Breve historia de los argentinos. Constituciones”. Pág.100 y sig. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1993.


Congreso. Cortada. Topografía:
Corre de e. a O. desde 400 hasta 600, a la altura de Bv. Rondeau 200.
Carece de designación oficial.
Recuerda a los congresales constituyentes reunidos antes que el de Santa Fe el 1° de Mayo de 1853, donde se sancionó la Constitución Nacional.