CHICLANA FELICIANO (1761-1822)

Como expresa el historiador Armando Alonso Piñeiro: "Es curioso que la historia argentina esté plagada de héroes olvidados, de personajes que la posteridad apenas recuerde, salvo en el distraído homenaje de una calle".


Un caso fidedigno es el de Feliciano Chiclana, héroe de la Reconquista de Buenos Aires, gobernador de Salta y Potosí, triunviro en 1811 y uno de los primeros que comprendió el problema del indio.


Nacido en Buenos Aires el 9 de junio de 1761, solo se conocen los nombres de los padres, pero no su actividad, aunque se supone que serían de buena posición  en vista de que el hijo pudo cursar estudios secundarios en el Colegio de San Carlos prosiguiendo en la Universidad de Santiago de Chile donde se graduó de abogado en 1781.


Nos dice Vicente Cutolo: " Parece ser que tuvo dificultades a raíz de sus estudios en el país transandino. Por desacato a la Real Audiencia se le formó causa criminal, en1786, año en que remitió una carta al Rey sincerándose de las acusaciones que le habían hecho, debiendo rendir nuevamente en 1787 ante la Real Audiencia de Buenos Aires donde lograría tener resultados en tal forma satisfactoria, que al año siguiente al registrarse en la Matrícula de Abogados que otorgaba la Real Audiencia comenzando a ejercer su profesión de inmediato.


Desempeñaría el cargo de asesor del Cabildo porteño donde fue insuperable en sus mensajes de gobierno y escritos forenses. Tenía el estilo del jurisconsulto, del diplomático y del hombre de gobierno, así en 1803 presentó al Rey un proyecto por el cual proponía atraer a los indios, entablando relaciones comerciales con ellos, dándoles facilidades de trabajo,  y ocupándolos en forma permanente.


Su profesión jurídica no le impidió participar, durante las invasiones británicas, tanto en la Reconquista como en la Defensa. Nombrado capitán del regimiento de Patricios, intimaría con Santiago de Liniers, a cuyas órdenes participó en las jornadas de agosto de 1806, y a quien defendió a capa y espada durante el levantamiento del 1° de enero de 1809, cuando se produjo el famoso movimiento que intentó derrocar el virrey Liniers.


Volvería Chiclana a destacarse al año siguiente, esta vez en la Revolución de Mayo, como uno de los primeros en  el grupo de patriotas, según lo recordaría Tomás Guido medio siglo más tarde en sus memorias.


Asistió al Cabildo Abierto del 22 de Mayo en calidad de abogado, votando por el cese del Virrey y formada la Junta de Gobierno se le designó auditor del Ejército Auxiliar del Perú, el 14 de junio de 1810, y de inmediato, coronel de ejército efectivo.


Refractario a las armas, más bien buscaba tareas de conducción donde pudiera  tomar resoluciones firmes de una patria en avance, así fue nombrado gobernador Intendente interino de Salta hasta ser trasladado con el mismo cargo al Potosí.


De allí debió regresaría  a Buenos Aires, por haber sido electo miembro de una nueva forma de gobierno, el primer Triunvirato (1811-1812) junto a Sarratea y Paso, más al tener divergencias con este último presentó su renuncia.


En dos oportunidades, en su desempeño de funciones  gubernamentales en el ámbito salteño prestaría apoyo solidario a las distintas expediciones libertadoras al Alto Perú.


La intransigencia fue un hecho real en ciertos recodos de la historia, como el caso de Chiclana que por oponerse al gobierno de Pueyrredón, en 1817 sería desterrado a los Estados Unidos, estableciéndose en Baltimore.


Su exilio fue doloroso e insostenible por muchas  razones, pero la más incisiva sería la profunda miseria que debió padecer  junto a su esposa, tanto que al renunciar su opositor político a la dirección del país en mayo de 1819, no dudó en  regresar de inmediato  al terruño, con el consentimiento del nuevo  Director Supremo, quien le permitiría asilarse lejos de Buenos Aires, en Mendoza.


El destino se empeñaba en apartarlo de su vocación de luchador político, al asignarle Rondeau el grado de  coronel y comandante de una campaña contra los indios ranqueles, quienes cometían serias devastaciones por los campos y poblaciones. El resultado tuvo un  éxito singular firmando un inobjetable tratado de paz.


Obtendría en 1822 el retiro solicitado previniendo el fin de sus días, el  que se produjo cuatro años después en Buenos Aires el 17 de setiembre de 1826.

 

Bibliografía:
Carranza Adolfo: "Feliciano Antonio Chiclana". Ilustración Histórica Argentina. Tomo VI. Pág.128. Buenos Aires, 1909.
Cutolo : "Feliciano Chiclana" en "Vidas de grandes argentinos". Tomo II. Pág.452.

Chiclana. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 100 al 1100 a la altura de Bv. Rondeau1200.
Se le impuso ese nombre por Ord. 25 del año 1920.
Recuerda a Feliciano Chiclana (1761-1826) que integró el primer Triunvirato y desempeñó múltiples funciones al servicio de la Patria.