CHARRÚA

Origen del nombre Charrúa


Recientes estudios demuestran que “charrúa” no es una palabra de origen americano y mucho menos indígena.

Este término existía antes del descubrimiento de América, y se usaba para denominar un tipo de máscara existente en algunas comunidades gallegas y cuyo origen se remontaría a la prehistoria, probablemente para ser usadas en fiestas populares, como el carnaval.


Quienes usaban en Galicia estas máscaras llamadas charrúas, se disfrazaban y pintaban de manera llamativa, mientras gesticulaban con cierta agresividad.


Los charrúas fueron, junto con los chanaes, los guenoas y los yaros, los primeros habitantes históricamente conocidos de las tierras del actual territorio del Uruguay.


Producida la conquista española, y una vez que los charrúas hubieron entrado en contacto con los invasores, el género de vida de aquellos se fue poco a poco modificando.


Como es natural, la modificación mayor es la que se produjo como consecuencia de la adopción del caballo que les permitió   establecerse en el territorio delimitado por el Río de la Plata, el río Uruguay y el río Ibicuy (Uruguay y las pampas de Río Grande del Sur en el Brasil), en el centro-este de la provincia de Entre Ríos y el sureste de la provincia de Corrientes, en la primera mitad del  siglo XVII:


Sobre todo al pasar a la Mesopotamia Argentina, los charrúas se dedicaron preferentemente al pillaje, específicamente al robo del ganado cimarrón que existía en aquellas provincias, repito “favorecido tal hecho por la movilidad que les daba el caballo”.


Aspecto físico: Las primeras noticias sobre  estos indígenas, se tiene por las expediciones de Gaboto y Diego García que los situaron en la margen izquierda del Río de la Plata. Schmidl, posteriormente, les dio la misma ubicación, pero como huyeron a la vista de los españoles, sólo pudo observar su desnudez y por los restos que dejaron en su huida, su alimentación sería en   base de carne y pescado.


 Sin embargo el Arcediano del Barco Centenera tuvo ocasión de experimentar su belicosidad, cuando asediaron la expedición del adelantado Ortiz de Zárate a su llegada a tierra uruguaya.


Tuvieron una gran sugestión sobre las estancias de los primeros santafesinos, como ocurrió con Hernandarias, yerno de don Juan de Garay, que arriando ganado hacia tierras del Uruguay encontró ganado suyo hasta a más de diez leguas de su estancia que había sido robado por las huestes charrúas - nos ilustra Zapata Gollán. 


Estas "naciones" tenían por vivienda el clásico paravientos de paja y cuatro palos que fijaban en el suelo formando paredes y techo donde se hacinaba toda la familia.


En cuanto a la indumentaria según el Padre Lozano, en tiempo de calor ostentaban su desnudez mientras con frío se cubrían con mantos de pieles, que curtían con ceniza y grasa. Obtenían fuego por medio de la fricción de dos palos, blando el uno  y  duro,  el otro.


Vivían apercibidos permanentemente para la guerra, no dejando nunca de empuñar las armas. Las convocatorias a la lucha lo hacían mediante señales de humo y una lanza clavada en un árbol era señal de declaración de guerra.


Antes del ataque los caciques arengaban a los guerreros, acompañándoles con cantos las mujeres. Las arremetidas eran por lo general por sorpresa, con empleo de espías, y en el momento de llevarlas a cabo proferían un horrendo griterío.


Y también, lo mismo que los guaraníes, por cada enemigo que mataban cambiaban de nombre y  se practicaban una profunda herida en el cuerpo, que les recordara  para siempre, y fuera  a la vez, algo así como un”galón” ganado en la guerra que atestiguaba su valor.


El trofeo era la piel desollada  de la cabeza del enemigo y la adopción de cautivas cristianas.


Cada hombre tenía el número de mujeres que quería y las cedían, según el Padre Lozano, a los españoles por un vil interés y en cuanto a la poligamia sólo era privilegio de los caciques.


En cuanto a la época de contraer matrimonio según Larrañaga, citado por Torres, dependía del sexo; pues mientras las mujeres tomaban marido de muy jóvenes, los hombres sólo tomaban mujer en edad madura.


 A la muerte de un pariente ellas se cortaban la falange de un dedo del pie o de la mano y en los duelos llenaban el pueblo de alaridos. Cada vez  que la tribu cambiaba de lugar, llevaba consigo los huesos de sus antepasados.

 


El padre Lozano para extremar el ateísmo de los charrúas les llama “finos ateístas”. Sin embargo tenían hechiceros y celebraban ritos que los misioneros llamaban satánicos y practicaban algunos ritos fúnebres, todo lo cual presupone la creencia en influencias sobrenaturales.


Estos guerreros  desaparecieron como pueblo, hace poco más de dos  siglos y  pese a lo que generalmente se dice en contra, quedan descendientes de ellos asimilados hoy a la cultura del campo en el Uruguay.

 

Bibliografía:
Archivo del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe. Tomo 52. Ley N° 10 folios 375.
Canals Frau,Salvador:“Poblaciones indígenas del territorio argentino”. Bs. As. Ed. Sudamericana, 1953.

Charrúa. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 200 Bis al 299 Bis, entre las calles Vélez Sársfield y Junín al 2400.
No tiene designación oficial.
Recuerda al grupo indígena que primitivamente ocuparon la margen izquierda del Río de la Plata.