CHACABUCO (Batalla librada el 12 de febrero de 1817)

El 20 de febrero de 1817   el periódico porteño  "El Censor" señalaba:”Ha llegado el correo de Mendoza: toda la expedición está de la otra parte de las cordilleras, todas las cartas aseguran que ya debe haber tomado la capital de Santiago, de donde huía el enemigo, cuyos planes han sido desconcertados, nuestro ejército marcha cubierto de gloria”. Información muy sobria y  después  de un acre comentario sobre los excesos del carnaval.


El jueves 6 de marzo, ese mismo medio daría la magnitud de benemérita hazaña, bajo el título "El triunfo de los Andes": "La victoria decisiva sobre las tropas españolas comenzó el día 9 de febrero con la concentración del ejército patriota y como siempre, el Libertador hizo antes de cualquier batalla un estudio de la situación e inquirió febrilmente de sus jefes militares, datos de todo orden para orientarse y obrar en consecuencia."


Asevera Mitre: “El mérito de la batalla de Chacabuco consiste, precisamente, en lo  contrario de lo que constituye la gloria de las batallas”. Estaba ganada por el General antes de que los soldados la dieran, respondiendo a un plan metódico, en que hasta los días estaban contados y los resultados previstos”.


 En efecto el día 12  de febrero, San Martín en posesión de la suma de datos, decidió precipitar la contienda, que originariamente había planeado para el día 14.


Luego de agrupar al ejército  al pie de la cuesta de Chacabuco, procedió a comunicar los nuevos planes a los oficiales.

Iniciaron  las primeras descargas, O'Higgins se lanzó al ataque eufóricamente, corriendo el peligro de ser vencido.
Las tropas españolas comandadas  por el brigadier Maroto, confiadas en que el combate se desarrollaría dos días más tarde y tendrían el tiempo necesario para agrupar los refuerzos, se vieron sorprendidos por  el ataque, y se replegaron en la llanura de Chacabuco, pensando en que podían  resistir hasta el final la embestida.


Soler logró estabilizar la lucha acometiendo por la retaguardia hasta que por fortuna la reserva a cargo de San Martín, pese a su cuerpo muy  enfermo por una  grave úlcera gástrica, ferozmente, sable en mano, logró inclinar la suerte de Chacabuco hacia nuestras fuerzas.


La batalla de Chacabuco cambió fundamentalmente el panorama de la guerra de la independencia.


Desde el punto de vista militar señaló el comienzo de una guerra regular con ejércitos organizados y bien adiestrados.


 Marcó el primer jalón de un avance ofensivo de proyecciones continentales, arrojó a los peninsulares de sus más fuertes posiciones estratégicas y permitió después a los patriotas posesionarse  de las costas del Pacifico.


En su faz técnica, fue la lógica consecuencia de una admirable concepción estratégica, modelada en el más puro clasicismo militar al estilo de Aníbal, Federico el Grande y Napoleón y cuya característica esencial radicó en la conducción armónica de las fuerzas para llevarlas a una batalla decisiva, mediante una maniobra de doble desenvolvimiento.


Un error se cometió: "la interrupción de la persecución del enemigo en el portezuelo de La Colina".


El hecho de no haber perseguido al enemigo hasta obtener el total aniquilamiento del adversario, habría de repercutir bien pronto, en la prosecución del plan continental.


Sólo el excesivo cansancio de una tropa que combatió todo el día, sin haber dormido en la víspera y marchando durante la noche es atribuible esta omisión.


Al no llevarse a cabo tal maniobra, los vencidos de Chacabuco pudieron reorganizarse, disponer de puertos para ser reforzados desde el Perú y prolongar la resistencia durante un año más, obligando a los patriotas a distraer tiempo, hombres y dinero en perjuicio de la preparación de la expedición libertadora al Perú.


Ahora bien, en las horas posteriores al triunfo, el regocijo del pueblo de Chile fue enorme. La entrada de San Martín y sus hombres, motivó  innumerables fiestas y todas las clases sociales se amalgamaban en  deseo unánime: Ofrecer al General victorioso, el mando supremo de la Nación que comenzaba a vivir independientemente.


Pero San Martín  no quiso, pues sabía  a cuántos peligros se exponía  como  militar con cargo político, y más aún en tierra extraña.


El General sólo anhelaba perseguir la guerra hasta las tierras del Inca, donde estaba afincada la mayor fuerza militar, política y económica de los realistas que quedaban en América.


La renuncia del Gran Capitán ameritó la designación de O´Higgins, hijo de esa tierra chilena.

 

Bibliografía:
Documentos del Archivo de San Martín. Tomo III, pág. 293.

Chacabuco. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde 1200 al 4200, a la altura de Pellegrini 00, Bv. Seguí 00 y Av. Uriburu 00.
Se le impuso ese nombre por Ord. 3 del año 1905.
Con anterioridad se denominó Castelli.
Recuerda la batalla de Chacabuco, comandada por el Gral. San Martín en territorio chileno el 12 de febrero de 1817.