CAVIA PEDRO FELICIANO SÁENZ de (1776- 1848)

Su pluma vigorosa, sostenida y de apasionada prédica despertó tempestades.


Periodista, escribano, militante y político tenaz suscitó críticas y choques con hombres de su tiempo.


Nacido en Buenos Aires el 20 de octubre de 1776, cursó sus primeros estudios en el Real Colegio de San Carlos hasta 1794.


Artiguista activo, al ser examinado por la Real Audiencia demostraría tal manejo de leyes y situaciones humanas que le fue otorgado el oficio de escribano público y real en Montevideo, hasta que fue expulsado por sus escritos políticos.


Posteriormente en Buenos Aires, nuevamente como secretario del Cabildo acompañaría a don Manuel Belgrano y al rosarino Dr. Anastasio Echevarría en la honrosa misión de negociar la paz con el Paraguay.


En la Asamblea General Constituyente de 1813 electo diputado por Montevideo se identificaría por completo con la política alvearista.


En 1815, otra vez en su ciudad, fue uno de los diputados que designaron a Alvear como Director Supremo.


 Al caer Alvear en  ese mismo año, las pasiones duplicaron la fuerza de sus odios acusándolo de delito o crimen de facción.


Sería puesto preso en Patagones, aunque por muy corto tiempo.


En su personalidad como funcionario y orador se amalgamaban frecuentes contradicciones difíciles para sus contemporáneos: ora sería paciente y nervioso, persistente y dúctil, como apático y activo, astuto y franco.


En 1819 después de estar preso en San Nicolás con los partidarios de Alvear se dedicaría a pleno al periodismo publicando: “El Patriota”, “El Imparcial” y “Cuatro cosas” o “El antifanático, amigo de la ilustración”, hoja donde atacaba a su ex condiscípulo del Colegio San Carlos, el padre Castañeda.


En colaboración con  Baldomero García, Manuel Dorrego y José F. de Ugarteche publicó “El Argentino” (1824-1825) diario esencialmente federal.


Tres años después, 1827, desaparecido el Congreso Constituyente convocado por el Gral. Las Heras y triunfantes los federales con Dorrego, sería elegido para actuar como secretario de la Comisión integrada por Guido y Balcarce para negociar en Río de Janeiro la paz con el Imperio.


En 1832 Rosas lo designaría encargado de negocios ante el gobierno de Bolivia pero no fue bien recibido por el Gral. Santa Cruz regresando a Buenos Aires.
En 1835 pensando que  ese hombre llamado El Restaurador, no era digno de alabanza sin retaceos, con ambiciones y vanidades en expansión, se opuso en forma contundente, al proyecto que fuera sancionado donde se le confirió a Rosas la suma del poder público.


Actitud que lo obligaría a exilarse en Montevideo.
Por mediación de Anchorena, nueve años después volvería a su ciudad natal aunque privado de su pluma y la palabra, debió dedicarse sólo a su profesión.
Pobre, olvidado de la cosa pública, y enfermo falleció el 23 de julio de 1848 en plena era rosista.


“Fue un decidido servidor de la revolución y un ejemplo de periodismo combativo de la época más agitada de la historia nacional” nos dice el historiador Vicente Cutolo en su obra “Nuevo diccionario biográfico argentino.” Tomo II. Pág. 257.

cavia.html

 

Bibliografía:
Zinni Antonio: “Estudios biográficos.”  Bs. As. 1958.
Más la enunciada en el texto.

Cavia. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde 800 al 2200, a la altura de Baigorria 1900 y Washington 1900.
Se le impuso ese nombre por D. 24341 del año 1960.
Antes se denominó Moreno Oeste.
Recuerda al Dr. Pedro Feliciano Sáenz de Cavia (1776-1848), político y periodista argentino. En 1821 editó “El Patriota”. Aunque era opositor a Juan Manuel de Rosas, este lo nombró encargado de comercio en Bolivia. Además fue director de diversas publicaciones tales como “El Americano” (1819), “El Imparcial” (1820), “El Censor Argentino” (1834) y otros.