CARBIA RÓMULO (1885 – 1944)

Los premios nacionales de estímulo a la literatura otorgados en 1925 recayeron en tres figuras de gran prestigio: Payró, sutil periodista y literato; Martínez Zuviría, fecundo novelista popular y el doctor Rómulo Carbia, historiógrafo de profunda erudición.


Nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1885, cuando las dianas del  primer gobierno de Roca no habían terminado de oírse. En efecto nació  en plano auge de un nuevo sistema político: “Paz y administración”, cuando se modernizaron  las instituciones con una abundante legislación, entre ellas la Ley de Educación Común 1420, sancionada en 1884.


Estudió en la Universidad de Buenos Aires.


Posteriormente entraría en el círculo que se reunió en torno a David Peña, director del diario La Prensa, que incluía a personas como Mario Bravo, Emilio Becher, Lorenzo Fernández, Emilio Ravignani, Alberto Tena, José Ingenieros, Antonio Montevaro y Diego Fernández Espiro. De octubre de 1906 a junio de 1911, Carbia trabajó de redactor para el diario, donde demostró sus dotes para el trabajo histórico.


Cursó estudios en su ciudad natal y más tarde trasladándose  a España en la Universidad de Sevilla obtuvo el título de doctor en Historia de América por la tesis: “La crónica oficial de las Indias Occidentales.”


Movido por la extraordinaria vitalidad de sus investigaciones demostraría  las inexactitudes de los escritos de  fray Bartolomé de las Casas.


Posteriormente se dirigió a Europa. En Sevilla impartió conferencias sobre la leyenda negra en el Ateneo y en el Instituto Ibero-Americano, cuyo director en la época era Rafael Labra. En Alemania entró en contacto con Franz Streicher.

Regresó a Argentina en 1915, siendo nombrado ese mismo año director de la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cargo que mantendría hasta su muerte.


Durante su dirección, la biblioteca pasó de 17.000 documentos a casi 70.000, además de mejorar la catalogación y ordenación. Sus primeras publicaciones en cuestiones históricas fueron una contribución para el Manual de Historia de la Civilización Argentina, donde superaba el tradicional reduccionismo histórico bonaerense, para tratar la historia de todo el territorio argentino, y La Historia crítica de la historiografía argentina.


Fue nombrado profesor en la Universidad Nacional de La Plata y en 1929 recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. También fue director interino entre 1931 y 1932 de la sección de Historia del Instituto Nacional del Profesorado de Secundaria.

En 1933 viajó de nuevo a Sevilla. Allí solicitó el título de Doctor en Historia Americana por la Universidad de Sevilla, que le fue concedido con la tesis titulada La crónica oficial de la Indias Occidentales, defendida el 7 de diciembre de 1933. El tribunal estuvo formado por Jorge Guillén, José María Ots Capdeguí, Juan de Mata Carriazo, Juan Tamayo y José de la Peña, que votaron unánimemente a favor.


No sería Carbia un hombre frío y desapasionado, más no se prestó a polémicas. 


A través de sus escritos sin dislocaciones ni estridencias y de sus cátedras emitió su pensar,  sólo por su amor al país  y a las legítimas instituciones. 


La libertad no es el resultado del derecho electoral o del libre ejercicio del sufragio, sino un producto complejo de la inteligencia y de la razón colectiva, donde el elegido es llevado a realizar  actos de gobierno en procura del bien común.


Después de conseguido el título y estudiar extensamente la documentación del Archivo de Indias. Volvió a Sevilla en 1935, como delegado de la Universidad Nacional de La Plata y ponente en el XXVI Congreso Internacional de Americanistas, presidido por Gregorio Marañón.

En 1935 había sido reconocido mundialmente como un historiador y americanista de talla. Fue miembro de la Société des Americanistes de París; miembro correspondiente del Instituto de Historia del Uruguay, de las Academias de Historia y Geografía de Santiago de Chile, de la de Historia de Santo Domingo y de la Geographical Society de Nueva York; comendador de la Orden de Isabel la Católica y miembro del Consejo Científico de la Sociedad Científica Argentina.


 Sin embargo, por razones de independencia de criterio, no quiso formar parte de la Academia Nacional de Historia de Argentina.


Vivió  Carbia hasta el 1° de junio de 1944 en pleno surgimiento del peronismo. 


Falleció en Capital Federal llevándose con él un amplio trozo de historia cultural argentina.


Asistió al desfile de varios gobernantes de la Nación  y sería testigo de la creación de escuelas, universidades, códigos, letras, legislación, ferrocarriles, telégrafos, inmigración, libre pensar y  prensa en actividad.


Carbia fue un admirable ejemplo de vocación científica y docente. Vocación que volcaría  en la cultura, en las instituciones y la juventud.


Desde siempre elegiría el rumbo que habría de conservar toda su vida: “promover los estudios históricos en la República”.
Aparte de ser un investigador incansable en materia histórica supo despertar el interés en muchos jóvenes discípulos por los hechos del pasado que serían  después verdaderos exponentes de la literatura histórica.


Fue autor  de numerosos folletos y monografías sobre temas histórico colombinos. Sus principales obras fueron “Historia de la historiografía argentina”; “Historia eclesiástica del Río de la Plata”; “La patria de Cristóbal Colón”; “Historia crítica de la historiografía argentina”; “Nueva historia del descubrimiento de América” y “Historia de la leyenda negra hispanoamericana” etc.


Fue Carbia uno de los argentinos que adoptaron como culto el de la inteligencia y se nutrió en el retiro de las bibliotecas.

 

Bibliografía:
Sapiens. Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana, Tomo I. Editorial Sopena.

Carbia. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 700 al 999, a la altura de Av. Calazanz 7.800.
Se le impuso ese nombre por D.  4673 del 16 de setiembre del año 1977.
Recuerda a Rómulo Carbia (1885 – 1944) notable historiógrafo y profesor universitario.