CANDELARIA

En el mes de agosto de 1810 el gobierno decidió mandar una expedición al Paraguay, dado que el gobernador intendente de Asunción no acepta concurrir a integrar la Junta de  Mayo, sugiriendo sí  a la formación de un Congreso general que habría de legitimar en definitiva la nueva entidad política.


Se le otorgó el cargo de representante y general en jefe a don Manuel Belgrano y para ello se le proveyó de doscientos hombres de la Guarnición  Buenos Aires, de los cuerpos de Arribeños y Pardos , el regimiento de Caballería de la patria más la Compañía de Blandengues  compuesta de cuarenta hombres y sesenta reclutas.


En San Nicolás se le unieron unos cien milicianos a las órdenes de don Antonio Olavarría y el sargento mayor don Ildefonso Machain.


Se dispuso marchar a Santa Fe para pasar  por la Bajada (hoy Paraná) donde se incorporarían 200 patricios más.
En el lugar Belgrano formó los batallones  infundiéndoles espíritu de cuerpo, disciplina y subordinación.


En Curuzú Cuatiá hicieron un alto, aprestándose las carretas y donde se dio lugar a la delineación del mismo pueblo de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá.


Al atravesar Corrientes el ejército de Belgrano tuvo en ese terreno una dura prueba por las condiciones climáticas y topográficas del lugar, aunque es evidente que fue una operación valiente el decidir continuar la marcha.


Se vió obligado a improvisar canoas llamadas pelotas que por ser tan rudimentarias produjeron pérdidas de vidas humanas y municiones. Aparte las carretas se volcaban por el fango en aguas infectadas de reptiles y sabandijas.


El río Paraná a la altura de Candelaria tenía por entonces 900 varas de ancho y un inmenso caudal, lo que exigió a nuestras tropas a detenerse mientras el enemigo desde la orilla contraria podía apreciar sus movimientos.


Allí Belgrano emplazó su campamento en la estancia Santa María de la Candelaria (por una imagen de esa Virgen ubicada en el altar mayor) desde donde dirigió “oficios” al gobernador paraguayo Velazco, al Cabildo y al Obispo de Asunción convocándolos a tratativas para evitar derramamiento de sangre. El portador de los mismos era don Ignacio Warnes el que recibiera toda clase de vejámenes y padecimientos.


En la Candelaria se mantuvo Belgrano durante un mes mientras dispersaba sus fuerzas en varios blancos.


La Junta porteña ordenó al General continuar su marcha hacia Asunción. En diciembre sus tropas cruzaban el Paraná y triunfaban en Campichuelo.


Las milicias de Velazco eran superiores numéricamente y mejor armadas, más la población local que demostraba hostilidad a las tropas revolucionarias hicieron que Belgrano fuese derrotado en Paraguarí y Tacuarí.


Un oportuno armisticio permitió la retirada de las derrotadas tropas, pero con la gloria de haber dejado en el espíritu de los paraguayos el ideal de emancipación del domino realista.

 

Bibliografía:
Fernández Belisario y Castagnino Eduardo Hugo: “Guión Belgraniano”. Bs. As. 1963.
Caldas Villar, Jorge: “Nueva Historia Argentina”. Tomo II, Editorial Granda y Corvalán. Bs. As. 1966.

Candelaria. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. entre la futura prolongación de calle Albert  Schuveitzer y Juan B. Justo 7600, paralelo a calle Donado.
Se le impuso ese nombre por Decr. N°4676 del 16 de setiembre de 1977.
Recuerda a la antigua capital del imperio jesuítico y paraje donde se estableció el cuartel del General Belgrano en 1811 durante la campaña al Paraguay.