CAMINO DE LOS MUERTOS

En nuestro país, noviembre significa esplendor de primavera, se inicia con flores de llanto en el Día de los Muertos.


Dos de noviembre, día en que los lutos resaltan en el brillo de las mañanas o en las tardes radiantes.


El paisaje parece no entender la pena de los corazones y la naturaleza sonríe mientras los hombres lloran.


Hasta los cementerios más tristes, y más desolados adquieren un aspecto de jardines aunque se marche hacia la memoria de los que se han ido.


Con las principales oleadas de inmigrantes nos llegó una tradición medrosa, el Día de los Difuntos en primavera, mientras que en su lugar de origen es otoño muchas veces con mantos de nieve.


A nuestros muertos los recordamos desde lo más íntimo de nuestro ser; a aquéllos que hemos amado y a aquéllos por los que fuimos amados.


En el interior del país en lugares muy alejados de las grandes ciudades todavía existen cuentos y leyendas de campo santo, luces malas y ánimas en pena, conservándose en algunos ambientes, el terror a los muertos.


Con el correr de los años y el avance de la civilización y la tecnología, el miedo se ha ido disipando en muchos ánimos.


No significa ello que el dolor ante la pérdida de los seres queridos sea ahora menor que antes. La separación es siempre desgarradora, más el amparo en Dios es un paliativo al desconsuelo.


Pensemos, nos aconseja Macterlinck: “Que los muertos están en un país al que todos iremos un día. El recuerdo de los muertos –añade- es más fuerte que el de los vivos. Es como si estuvieran tratando por su parte, en un esfuerzo misterioso, de unir sus manos con las nuestras”.


“Llamad a vuestros muertos – nos insta el poeta – llamadlos antes de que sea muy tarde, antes de que estén muy lejos. Vendrán y se acercaran a vuestro corazón. Os pertenecerán como antes. Pero ahora serán más bellos, más puros...”      

        
Agrego un pensamiento muy mío: “Quedar en el corazón y pensamiento de aquellos que dejamos al partir, eso no es morir.”

 

Bibliografía:
Artículo de la revista Continente, N° 84 Bs. As. Noviembre de 1947.

Camino de los Muertos. Topografía:
Corre de N. a S. desde 700 al 1700, a la altura de Av. San José de Calazanz 7900.
Carece de designación oficial.
Recuerda a aquellos seres queridos que se han ido.