CAMINO DE LAS CARRETAS

“Del tiempo de las carretas“dicho casi despectivo al referirnos  a lo irremisiblemente vejestorio, cuando debiéramos decir del tiempo heroico de las carretas, porque resulta evidente que la historia decisiva del Río de la Plata hubo de consumarse gracias al concurso de las carretas de bueyes.

¡Lentos y seguros bergantines de los llanos y de las sierras, de los barrancos y de los ríos torrentosos y hasta de los caminos recalentados por el sol, donde la polvareda teñía hasta los rostros!

Vehículos pesados y enormes con dos ruedas  de cubos gruesos como el tronco de un árbol y altas que sobrepasaban la altura de un hombre; con ruedas que nunca se engrasaban, de suerte que al girar producían una música extraña, semejante a un gemido melancólico y persistente que se oía desde lejos.

La caja de las carretas era muy pesado y rústico armazón de vigas, tablones y estacas sobre todo las tucumanas que cargaban 200 arrobas y 228 las que circulaban por los llanos de Mendoza.

En el año 1773, arribó a Buenos Aires, el visitador real Carrió de la Vandera, (alias Concolorcorvo)  que dejaría  sentado que “por cada carreta es indispensable un peón que va sentado bajo el techo delantero, sobre un petacón en que llevan los trastos, y sólo se apea cuando se descompone alguna de las yuntas o para cuartear pasajes de ríos  y otros malos pasos”.

Una tropa de carretas marchaba hasta la media tarde, donde se procedía al rodeo o muda de los bueyes que proseguían  la marcha.

El objetivo que cumplían las carretas era diferente, así como unas transportaban mercaderías y noticias, otras conducían pasajeros de cierta categoría  desde Buenos Aires al Potosí.

En las afueras de Rosario había grandes predios para el establecimiento de carretas llegadas del interior.

La actual plaza San Martín en los primeros planos de 1847 aparece como Corral del Estado,

Aunque en 1857 se registra en los archivos históricos de Santa Fe la donación de esa franja de terreno realizada por un acaudalado vecino don Marcos Paz quien envió  una nota al Jefe político de Rosario  don Pascual Rosas, expresándole que: “es mi intención que sea ese lugar destinado como mercado de carretas que llegan de las provincias  o parten hacia ellas con mercancías.”

En 1858, el ingeniero municipal Grondona  trazó un nuevo plano de la ciudad donde aparece ese terreno con el nombre de “Tablada” aunque trece años después el mismo ingeniero lo denominaría “Plaza de las Carretas Lincoln” hasta que una ordenanza municipal decidió darle el carácter de mercado de frutos denominándolo: “Plaza de carretas del interior”  para que no se confundiera  con el predio de la plaza López que se llamaba ”Plaza de las carretas”.

Estos emplazamientos eran fuente de ingresos municipales porque los troperos pagaban un impuesto de piso, por su uso.

 

Bibliografía:
Prof. Ramos María Luisa  en un fascículo “Rosario... su  homenaje al Libertador” en la revista rosarina “Presencia”. Tema abordado: Plaza de las carretas del interior.
García Giménez, Francisco  en un artículo de la revista Postas argentinas:
“Concolorcorvo, el lazarillo de ciegos caminantes, desde Buenos Aires hasta Lima,” 1773.

 

Carretas, de  las. Camino. Topografía:
Corre de E. a O. entre las proyecciones de las calles Tucumán y Urquiza, desde el boulevard  Wilde hasta el  arroyo Ludueña luego de tomar dirección N.O.
Se encuentra en el barrio Antártida Argentina.
Carece de designación oficial.
Recuerda haber sido sitio  y ruta de tránsito de tropas de carretas.