CALLFUCURÁ, JUAN (1777-1873)

Los indios pampas aparecían y reaparecían como las mangas de langosta. Venían por el sur o por el oeste. Antes de Caseros y después también.


Los caciques Callfucurá y Olivencia invadían las zonas ganaderas de Buenos Aires arreando miles de cabezas de ganado. “Sus invasiones y malones resultarían bárbaros, un poco por razones de defensa del pellejo y otro poco por el empuje que les daba la necesidad. En los malones nada se respetaba y todo podía ser muerto, robado o destruido”- explica González Arrili.


Callfucurá del linaje mapuche de los Curá, fue una de las figuras de mayor relieve en las luchas del indio contra los “huincas” invasores, cuyo nombre significa piedra azul, en virtud a una antigua leyenda que asignaba poderes de Gran jefe  o  caudillo al cacique que encontrara una piedra azul.


Según noticias Callfucurá sería poseedor de dicha piedra y por ende debió  erigirse en Rey y señor de toda la enorme región pampeana argentina.


Nacido en la región chilena de Llona, allá por 1777 (de esta fecha no hay certeza.) emigró tempranamente de Chile hacia Argentina para establecer la dinastía “Piedras” por el año 1830, instalándose en las Salinas Grandes (un lugar donde tres lagunas saladas le otorgaban el monopolio del mineral indispensable para la elaboración del tasajo), cercano a un lugar llamado Massallé, bajo el asilo y protección de otro cacique araucano conocido como Mariano Rondeau, jefe principal de la nación borogana.


Dado los hábitos belicosos de Callfucurá, que participaba en correrías y asaltos sobre las tierras de los cristianos, tendría  discrepancias con éste que vivía en paz y amistad tanto que había participado en 1833 de la columna expedicionaria de Rosas como auxiliar de la misma, para pacificar a los ranqueles.


El 13 de agosto de 1834, Callfucurá con la cooperación de otros caciques araucanos asesinó  al jefe borogano, como también haría  degollar a otros jefes y capitanejos como Melín, Venancio y Alun, proclamándose Emperador de la pampa con el grado de general, con el premio de las mujeres viudas.


Juan Manuel de Rosas, muy despierto en el manejo de sus negocios descubriría  la conveniencia de pactar con el jefe supremo y su gente, asignándole una cuota anual de ganado, yerba, tabaco, agua ardiente – sin el cual se creían los hombres más desdichados del mundo -  ropas y objetos de plata logrando que los indígenas se mantuvieran prácticamente inactivos.


La batalla de Caseros (3 de febrero de1852), modificaría sustancialmente las relaciones con aquellas tribus y cuando Buenos Aires se separó de la Confederación en setiembre del mismo año, Callfucurá con sus aliados Catriel Y Cachul  mantuvieron  a la provincia en un constante alboroto y su peor ataque sería el realizado en 1855 contra  Guaminí  y Azul, donde victoriosos se repartieron un botín que alcanzó a medio millón de vacunos y mil cautivos.


La confederación de tribus hecha por Callfucurá duraría  muchos años, por lo menos hasta 1857, en que se retiraron los caciques menores  quedando solamente con 800 guerreros.


En ese año fue derrotado en Sol de Mayo y en Cristiano Muerto por tropas de los coroneles Granada, Conesa y Paunero.


Al año siguiente volvería a ser vencido por los mismos jefes en una batalla en que se combatió dos días con intervalos en Pigüe.


Hizo la campaña de Cepeda  en 1859,  pero poco   tiempo después invadió el partido de 25 de Mayo, hostilizando con sus malones  en toda forma a las fuerzas del ejército nacional que vigilaban los fortines.


“Los cuadros de sangre y las ruinas que los indios produjeron desde el 62 al 68 en la frontera del interior y Buenos Aires, serían materia de un libro voluminoso para acongojar corazones” -  acota González Arrili.


Luchó también   muchas veces del lado del gobierno bajo las órdenes de oficiales blancos contra la dilatada frontera de Buenos Aires hasta que fue  derrotado por el coronel Rivas en la batalla de Pichi  - Carhué, el 8 de marzo de 1872 donde perdieron la vida más de 200 de sus hombres.


Ya el hombre blanco había comenzado a disparar con fusiles Remington (con cierre rotativo modelo 1866-67 y 1871.)


Callfucurá, hombre inteligente y astuto, sabiendo que iba debilitándose su poderío   no tardó en establecer contactos con los hombres de la Confederación enviando a su hijo Namuncurá en misión diplomática.


Cargado de años (no menos de cien)  y de penas, su vida se apagó el 3 de junio de 1873 en su propio toldo en Chilihué, paraje situado en jurisdicción de General Acha provincia de La Pampa.


Más no expiró sin antes trasmitir a sus súbditos una última voluntad que lo tenía atormentado ¡No te  dejéis arrebatar Carhué!