CAJARAVILLE MIGUEL TENIENTE CORONEL (1794-1852)

Según el historiador Hudson, que lo conoció, expresa: “Cajaraville era de regular estatura, delgado, de continente marcial, su mirada penetrante, dominadora al frente de sus soldados en una carga, su mostacho largo, negro y bien poblado, afeitado en lo demás de la barba, dábale un aspecto aún más militar, nadie, ningún oficial a nuestro  parecer, a caballo o a pie, llevaba mejor que él, las botas granaderas, por su gallardía, se hacía notable en el ejército”. Pág.157de Biografías Argentinas y Sudamericanas de Jacinto Yaben.


Nacido en Montevideo el 5 de julio de 1794, hijo de padre español y de madre porteña, fue uno de esos muchachos que anduvieron, en pandilla entusiasta, bajo la llovizna y por sobre el barro, llamando gente y repartiendo cintas.


Tenía quince años entonces y muy travieso. Con otros de su laya, que alguna vez citó la crónica de la ciudad -  los hermanos Balcarce, Ramallo. Olazábal, Escalada y  Gutiérrez- andaba por las toscas, detrás del Fuerte, haciendo rabiar a las lavanderas, cazando gaviotas con trampas de alfileres, pescando sábalos o bagres de la achocolatada agua del río. Era conocido por todos y especialmente por French, el del Correo.


 "A los años, no muchos - dice González Arrili - en cuanto se inició la guerra de la emancipación, ya se supo dónde debía buscársele. Se hizo granadero en la llamada Pampita del Retiro el 5 de abril de 1813".


 Seguidamente ascendió a alférez y ante su decisión irrevocable de prestar servicios a la patria fue incorporado al Ejército del Alto Perú.


En 1815, con sólo veintiún años   como capitán asistió al combate  de Sipe-Sipe.


Dos años después, integrado al Ejército del Libertador cruzó los Andes, peleando con sagacidad en Chacabuco. Así por  cada orden de ascenso se ganaría  un adjetivo elogioso: una vez valiente, otra, bravo; el más criollo el de  San Martín que  puso de su puño y letra ¡guapo!.


En 1818, al avistar un escuadrón de realistas, tomaría el frente precipitándose como ráfaga sobre ellos, derrotándolos cruenta y violentamente.


El Ejército, celebró este episodio como revelador de sus condiciones de mando y arrojo, siendo el mismo general San Martín quien le expresara su reconocimiento.


Después de la batalla de Maipú, donde a los granaderos les cupo un contundente triunfo, a las órdenes del general Zapiola, y  Cajaraville formaría  parte de las fuerzas encargadas de la persecución de los derrotados marchando al sur de Chile.


Se  retiró a fin de curarse de una enfermedad contraída en el fragor de la lucha, asistiéndose primero en Mendoza y después en Buenos Aires en 1821.


Dos años después ya repuesto, en pos de su espíritu combativo  se incorporaría a la expedición al sur contra los indios, comandada por el general Martín Rodríguez.


A los 50 años de edad, después de tanta campaña libertadora se veía avejentado y tullido cuando regresó a su casa paterna, cerca del río.


En su estancia La Magdalena vivió hasta 1829 y  con la caída de Lavalle debió emigrar a la Banda Oriental, donde aconsejado por el general Pacheco se hizo cargo de la comandancia militar del departamento de Soriano en Uruguay, dependiente de Rosas, aunque no se contaría  entre sus aliados ni sería participe de las rencillas políticas de entonces.


Después de la batalla de Caseros (febrero de 1852) debió refugiarse en Montevideo. Escuchó las dianas del triunfo antes que los porteños, el día que Oribe se fue. Otra vez en  su terruño vivió hasta  diciembre de aquel mismo año 1852.

 

Bibliografía:

Enunciada en el texto.

 

Cajaraville. Pasaje. Topografía:

Corre de E. a O. Desde 00 – 100, desde la calle Chacabuco hasta Colón, a la  altura de Necochea 1200.

Se le impuso ese nombre por D. 21.705 del año 1958.

Con anterioridad se denominó Martin (como la ex yerbatera).

Recuerda al guerrero de la Independencia, Miguel. Su hermano Eusebio Cajaraville, vecino de Rosario murió en 1868.