BUYO JOSÉ MARÍA

El mutualismo, como institución social es casi tan antiguo como la hu­manidad. Ya  en la antigua Babilonia, había prácticas que podríamos denominar pre-mutualistas al igual que, más cercanamente, en Jerusalén, 500 años AC. También entre los egipcios, griegos y romanos hubo hechos que ponen de relieve el despertar del espíritu gremial solidario. En todos  aparecen  esfuerzos mancomunados dirigidos a la defensa y protección de los obreros y artesanos. En la antigua Grecia  había conciencia sobre el sentido de sociedades humanitarias, que dieron larga y fecunda vida a ciertas asociaciones llamadas Sunedarias, Hetairias y Eraros, encargadas de proporcionar socorro mutuo.

Entre los romanos  existían Colegios  que cancelaban el “Funeracuticum” o seguro,  a la muerte del asociado, a través de la “Collegia Teniuorum”, primitiva mutualidad, que puede considerarse de las primeras que se tiene conocimiento,  análogas a lo que en nuestros días son las de socorros mutuos, Con aportes periódicos , los integrantes de estos collegia funeraticia se aseguraban para si, o aún para sus parientes, las honras fúnebres usuales y un sepulcro honorable, asuntos importantes en la cultura de la época ,que suplían la inexistencia en Roma de cementerios públicos.

Se las denominó también societates monumenti y collegia tenuiorum y fueron el tipo de asociación a la que recurrieron los cristianos durante la época del paganismo para el ejercicio en común de su culto.

En el Medioevo, los gremios alcanzaron su máximo  esplendor, la Iglesia, inició la reconstrucción en aquellos lugares  que fueron  invadidos por los bárbaros, en los cuales y en torno a las iglesias y monasterios, fundaron escuelas, luego Cofradías, las cuales tenían un carácter económico, constituyendo posteriormente los Gremios o Ghildas, que prometían protegerse entre sí y formaban un fondo común  con sus propios aportes.

En  la E. Moderna, se trató de unir nuevamente al hombre en torno a las Corporaciones,  aquí es donde la “asociatividad” o mutualismo, como lo conocemos hoy, echó  raíces.

En el siglo XVI aparecieron las primeras Hermandades de Socorro, superación institucional de las Cofradías, pues estaban particularmente dirigidas a la protección  de los más humildes y débiles...
 La Revolución Francesa, luego,  prohibió formalmente los gremios y corporaciones con personas de una misma profesión, pues  “dañaban a la libertad que la revolución venia a establecer”.
En la primera mitad del siglo XIX, el mutualismo con recursos y propia iniciativa, dio sus primeros pasos  en Asociaciones de Socorros Mutuos, para  proteger a las víctimas de conflictos,  accidentes, enfermedades, cesantía y fallecimiento.

Para el destacado estudioso Emilio Coni, en nuestro país la historia de la mutua­lidad tuvo su punto de partida en el período comprendido entre 1852 y 1862.

Durante la Colonia existieron  algunas sociedades de socorros mutuos, como la Sociedad Italiana del Plata, pero fueron de efímera vida. Recién en el período de la Organización Nacio­nal, comenzaron a surgir instituciones duraderas y con estructuras para servir a los principios del mutualismo.

La más antigua sociedad de socorros mutuos organizada como tal: en Buenos Aires, fue la francesa "L'Union et Secours Mutuell", funda­da en 1854.

Dos años después, los obreros del calzado dieron origen a la "San Crispín" y en 1857 los gráficos fundaron la "Sociedad Tipográfica Bo­naerense", en la que el periodista y tipógrafo Rafael Pites, que pasó por Tandil dejando tras de sí cuatro periódicos, fue directivo por mu­chos años.

En ese mismo año, 1857, los españoles promovieron la creación de la "Asociación Española de Socorros Mutuos"en nuestra ciudad  haciendo lo propio los ita­lianos en 1858 con "Unione e Benevolenza", la más antigua sociedad de ese tipo de esa colectividad  en el país; de allí en más se sucedieron otras como la "Française", en 1859.

El desarrollo del mutualismo fue rápido, como lo demuestran las cifras que en 1914 indicaban que existían en el país 172 socieda­des argentinas con 65.188 socios; 181 cosmopolitas con 150.004; 463 italianas co
Sumándose a la fecundidad del trabajo individual de los españoles realizado en múltiples actividades y tantísimos años, estuvo la obra colectiva sin fines personales utilitarios, obra comunitaria, erigida como un claro exponente de su contribución a dar forma a Rosario y protección a sus compatriotas.


Así fue cada vez que vio la luz una institución benéfica, regional, cultural o artística se hizo con el fin de estrechar relaciones entre los hombres, aún ignorando un lugar de origen.


Muchos se repitió “hacer la América” y esta expresión fue valedera porque muchos que se aventuraron buscando un futuro mejor, vinieron a hacer la América por ellos y por la América misma, colocando ladrillo sobre ladrillo por el placer de ver su obra terminada.


Algunos constituyeron sociedades literarias  y artísticas realizando tertulias y encuentros con gente de su tierra lejana y con gente del país de adopción.


Otros, munidos de un espíritu de cooperación colectivo, solidario y voluntariado fundaron sociedades con fines benéficos, tal como la Asociación Española de Socorros Mutuos, el 1º de julio de 1857.


Por entonces, un desconocido publicista, periodista y sagaz economista nacido en Cádiz sería enviado por la Asociación Española de Socorros Mutuos de Montevideo con el propósito de  “difundir las doctrinas mutualistas” ya en boga  y con gran éxito en tierras europeas.


Hablaba con vehemencia a sus compatriotas sobre los alcances de integrar una sociedad de ayuda mutua que crearía en la gente la capacidad de soñar y realizar;  preocupada por conocer sus proyectos y necesidades daría  las herramientas para que pudieran  realizarlas.


Principio altruista que don José María Buyo propalaba así: “Las diferencias socio-económicas y culturales están aquí para quedarse, lejos de nuestro terruño y la manera correcta de encararlas es pensar aquí estamos todos, tan diferentes como la historia de nuestras vidas nos ha hecho y porque cada uno de nosotros puede enriquecer el contenido de nuestra común humanidad a través de la cooperación y el mutualismo. Convivencia que incluirá, claro, como es común entre amigos, un debate continuo sobre los méritos de cada contribución. pero debe entenderse que las soluciones a problemas humanos compartidos son mejores que todas,  porque su objetivo es  lograr la salud y la paz.


En una sociedad organizada de unión y fraternidad, los socios en verdad forman una gran familia,  en la cual se ayudan y protegen los unos a los otros”
Y en la concreción de esta premisa surgió la Asociación Española de Socorros Mutuos,  por obra y gracia de este forastero, que bien sabía que la práctica de la ayuda mutua es tan antigua como el mundo.


Institución llamada hoy obra social fue capitalizándose con el tiempo contando hoy con amplísimo espectro de asistencia y múltiples prestaciones.


Eugenio Menéndez, quien labró el acta de Asamblea inicial dijo “que debía quedar formada no para un día sino para siempre” y así resultaría porque hasta hoy existe y tal obra  acontecida   en Rosario en 1857, serviría  de modelo para la creación de otros similares, donde los españoles distribuidos por Argentina y América copiarían  para mejorar la calidad de vida  de los suyos.

 

Bibliografía: "137 años de la creación de la Sociedad Española de Socorros Mutuos". Diario La Capital en su edición del 1º de Julio de 1994. Buyo. Cortada.

 

Topografía: Corre de N. a S. desde 100 Bis hasta 199Bis, a la altura de Av. Perón 8200. Se le impuso ese nombre por D. 24565 del año 1960. Recuerda a José María Buyo, impulsor de la creación de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de nuestra ciudad.