BUEN ORDEN

Expresa el historiador José Luis Romero: “El crecimiento profundo producido en Argentina y en nuestra ciudad, desde fines del siglo XIX y principios del XX se debió al proceso migratorio transoceánico”.

Ese crecimiento dejó profundas huellas en el perfil socio - cultural de la ciudad. Al respecto asiente Ricardo Falcón: Ese perfil se conformará entre las tres últimas décadas  del siglo XIX y las primeras del siguiente, por “la  elite”.


Una escala social  incipiente y advenediza surgida  de una mezcla de los primeros habitantes encumbrados, más los inmigrantes  convertidos en  nuevos ricos por  su acción en el comercio y en el contrabando. -término  éste que se confundía bastante, con comercio exterior.  

 
Estaba conformada por hombres que instauraron  una política liberal progresista y de modernización.


Entre las cuestiones más importantes que quisieron resolver, la más trascedente fue “la del orden”.


Expresa Falcón: “Las primeras preocupaciones  de la elite estuvieron alrededor de la necesidad de disciplinar  al sector de trabajadores “criollos”, expulsados hacia la ciudad por el proceso de reorganización productiva que había vivido la campaña circunvecina.


Eran los famosos “vagos y malentretenidos”, poco proclives  a aceptar la lógica del trabajo u del orden que transmitía la perspectiva capitalista que había ganado  la elite”.
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La elite pretendía incorporar a los sectores populares a su propia concepción del trabajo  y  moral, estableciendo cómo debían ser los comportamientos humanos  en una ciudad  que progresaba en orden.


No existía una clase media que pudiera servir de nexo entre ambos grupos antagónicos.


El  grupo social de la campaña (el gauchaje) en sus distintos segmentos, tenían tradiciones culturales propias  y no  se  adherían a lo  que la elite quería generalizar.


Desconocían las transformaciones sociales y jurídicas de la ciudad y obviamente no admitían  que en virtud de un nuevo concepto de “vagancia” fuera delito galopar de pago en pago.

Algunas de las soluciones que se prescribieron fue organizar   a   ”los vagos y malentretenidos”  en “compañías de trabajadores”, más  aquéllos que  no cumplían con ese objetivo, se los encarcelaba  o desterraba  engrillados  a la Patagonia o se los forzaba a realizar trabajos públicos.

El propósito de la elite alejó a los gauchos del núcleo urbano y lo aproximó a las tolderías y junto a los indios,  dueños  y señores  de la pampa, dominaron el caballo con arte insuperable.

 En Buenos Aires, la situación era semejante a la de Rosario  y como José Hernández en sus correrías por las estancias bonaerenses  de Piñeiro, Vera Casares y Lavallol, domó potros, pialó, tiró el lazo con destreza, vivió las peripecias del fortín, resistió a los malones y convivió con los hijos de esa inmensa pampa: “los  gauchos”, hizo una defensa de los mismos, en su consagrada obra Martín Fierro.

 

Bibliografía:

Falcón Ricardo. Art. “Del caos al orden en progreso”.  Fascículo ”La ciudad de Rosario” editado por la Subsecretaría de cultura de la Provincia de Santa Fe.  Año 1999.

La establecida en el texto.

 

Buen Orden. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. a la altura de Rui Barbosa 500, 100 metros de Arijón 500.

Carece de designación oficial.

Se supone que fue llamada así para homenajear el antiguo nombre de una de las primeras arterias de la entonces Villa del Rosario y que hoy lleva el nombre de calle “España”.