BRASIL. En Iripiranga naciÓ Brasil.

El territorio de Brasil, descubierto el 22 de abril del año 1500 por el almirante portugués Pedro Alvarez Cabral, se convirtió en posesión de Portugal, gobernada por un capitán general que a partir del siglo XVIII ostentó el título de virrey.


A fines de noviembre de 1807, la invasión de Portugal por el ejército de Napoleón obligó a la familia real y toda la corta a embarcarse, en una verdadera fuga hacia Brasil.


En el mes de agosto de 1820 estalló una revolución constitucionalista, primero en Oporto, que se extendió después a todo el reino de Portugal.


En el año 1821, las Cortes de Portugal habían ordenado el regreso del príncipe regente Pedro de Alcántara y por ese tiempo entró en escena el enérgico joven de 22 años que, unido a hábiles políticos liberales, obró sutilmente e hizo jurar la Constitución a su padre Juan VI, y a todos sus súbditos.


 Más su objetivo estaba dirigido a América y ya no fue posible retardar su partida de  Portugal y así lo hizo el 24 de abril de 1821.


 El 7 de setiembre de 1822 junto a las orillas del Iripiranga, camino de San Pablo, acampó con su séquito y su escolta, el príncipe portugués  don Pedro, regente desde 1822 .
Brasil, entretanto estaba conmovido con júbilo hasta las entrañas, por la buena nueva  recibida e inmediatamente  formó Juntas Provisionales de Gobierno y los ministros iban proclamando desde Río de Janeiro, una soberanía nacional.


Don Pedro, consciente de la razón que asistía a los brasileños y franco defensor de sus derechos, se convirtió en un verdadero jefe de estado.


 Durante los trece años que la Corte permaneció en América, la corriente liberal conquistó en las provincias, a centenares de patriotas que veían postergadas sus aspiraciones a ocupar cargos a prebendas.


Para vencer algunas dificultades políticas decidió recorrer el país y  al llegar al Alto de Ipiranga, aún habiendo recibido cartas y mensajes de Portugal donde le exigían su regreso, el príncipe Pedro exclamó a los soldados de la guardia real “Camaradas, las Cortes de Lisboa nos niegan la libertad, no obstante declaren  nuestra Independencia”  y levantando su espada agregó: “Por mi honra, por mi Dios... juro hacer la libertad de Brasil.”


Después, alzándose sobre los estribos lanzó un grito – el grito de Ipiranga – que el viento llevó a despertar al pueblo: “Independencia o muerte sea nuestra divisa”
Así don Pedro de Alcántara, en 1821 proclamó en Ipiranga el derecho de los brasileños a ejercer su propio gobierno.


Quien rehusara en distintas oportunidades volver a Portugal para completar allí la  preparación que lo habilitase el día que tuviera que ponerse a la cabeza del reino, se negó otra vez terminantemente a partir, cuando el pueblo le pidió que permaneciera a su lado.


La revolución ya estaba presente el 13 de mayo cuando el ejército y ciudadanos lo aclamaron “defensor perpetuo del Brasil.


Sólo faltaba el último acto. La corte portuguesa lo apresuró a dictar severas medidas por las que calificaba de traidores a los consejeros de don Pedro. Los decretos llegaron a Río cuando el príncipe ya estaba en marcha hacia la ciudad paulista. Un correo – Pedro Bregareo – se los entregó en Iripiranga.


Don Pedro los leyó indignado y montando en su caballo ordenó la formación de sus tropas. Delante de ellas, con toda la fogosidad de sus 24 años, más con la serena decisión de quien ha meditado el paso, arrancó de su bicornio los colores de Portugal. Unánimemente, oficiales y soldados imitaron el gesto. Así nació ese día, el Imperio del Brasil.


Desde esa fecha, el Brasil, con un territorio que abarca poco menos de la mitad de América del Sur, ha ido incorporando vigorosamente su personalidad no sólo al conjunto de las naciones  del hemisferio, sino también a la civilización occidental.

El emperador Pedro II era ya un anciano en 1889 y no había tenido hijos varones y por lo tanto la sucesión al trono debería recaer en la mayor de sus tres hijas: la princesa Isabel I de Braganza, casada con un aristócrata francés, Gastón de Orleans, Conde de Eu. Esto generaba disgusto entre las élites políticas pues el Imperio sería regido por un príncipe europeo a la muerte de Pedro II.


La princesa Isabel era considerada como muy conservadora políticamente, rasgo que la hacía poco soportable para los intelectuales liberales, quienes preferían una evolución pacífica del Brasil con la cual se generase una república. Si bien el emperador Pedro II disfrutaba de gran popularidad (inclusive entre los republicanos) no sucedía lo mismo con su hija y heredera ni con la monarquía como sistema.

La abolición de la esclavitud mediante la Ley Áurea en noviembre de 1888, firmada por la misma princesa Isabel, generó que los ricos terratenientes esclavistas se alinearan contra el Imperio, que les causaba un grave perjuicio económico al decretar la libertad de los esclavos sin que sus amos reciban compensación alguna.


Los jefes militares por su parte deseaban mayor protagonismo político tras el triunfo en la Guerra de la Triple Alianza y rechazaban que la nobleza imperial (usualmente ajena a la formación técnica de los militares) se lo denegase, por lo cual una crisis se hacía inevitable. Inclusive la incipiente clase media habían aceptado la idea que una república sería la forma de gobierno que traería progreso y prosperidad a Brasil, considerando a la monarquía como anacrónica e ineficaz.


Finalmente, la impopularidad del gabinete conservador de ministros dirigido por el Vizconde de Ouro Preto generó el pretexto ideal para una sublevación.


El 14 de noviembre de 1889 los líderes de la conspiración republicana lanzaron el rumor que el Vizconde de Ouro Preto ordenaba arrestar al mariscal Deodoro da Fonseca en Río de Janeiro la noche del 14 de noviembre de 1889 y lograron que este jefe militar (líder máximo del ejército) apoyase la revuelta aprovechando que don Pedro II y su familia se hallaban en Petrópolis.


En la mañana del 15 de noviembre Fonseca sublevó a las tropas acuarteladas bajo su mando en Río de Janeiro y frente a ellas declaró la República, avanzando luego hacia la sede del gobierno. Allí el Vizconde de Ouro Preto convocó al jefe de las tropas de la capital, el general Floriano Peixoto, para ordenarle que utilice las tropas bajo su mando directo para aplastar la revuelta. Peixoto se negó a ello y arrestó a todo el gabinete, incluyendo al Vizconde de Ouro Preto.

El emperador Pedro II volvió apresuradamente de Petrópolis al enterarse de la rebelión en la tarde del mismo día 15, y ofreció cambiar al gabinete del Vizconde de Ouro Preto, pues ni Fonseca ni Peixoto habían manifestado frente al emperador su proyecto republicano.


Los conspiradores republicanos dirigidos por Benjamin Constant Botelho hicieron correr el rumor entre los oficiales de que el nuevo primer ministro sería un viejo rival de Deodoro da Fonseca, el ex gobernador de Río Grande del Sur, Gaspar da Silveira Martins, mientras que presionaban a los núcleos republicanos de Río de Janeiro para que lograsen la mayor cantidad posible de adhesiones entre las personalidades políticas de mayor prestigio.


Ante estas habladurías, Fonseca comunicó al emperador en la noche del día 15 que el ejército proclamaba la república, exhortándole a renunciar al trono y así evitar violencias.

Sin apoyo militar y deseoso de evitar una guerra civil, Pedro II aceptó la proclamación de la República; al día siguiente, 16 de noviembre, el emperador y su familia seguían en el Palacio  Imperial rodeados por un batallón de caballería republicana.


En la tarde de ese día un mayor del ejército acudió al palacio para comunicar a Pedro II que él mismo y toda la familia imperial  debía salir del país en un plazo máximo de 24 horas.


Ante el hecho consumado, y para evitar nuevos conflictos, el emperador aceptó abandonar con su familia el territorio brasileño en la noche del 16 de noviembre, haciendo votos por la prosperidad del nuevo régimen.

 

Bibliografía:

Autor desconocido de la revista “Continente”.

Burns, E. Bradford: A history of Brazil. New York. Columbia University Press. (1993).Traducido al español y portugués en 1994 -1995.

 

Brasil. Calle. Topografía:

Corre  de N. a S. desde 100Bis hasta 100 – 2300 a la altura de Eva Perón 7200;  Av. Pellegrini 7200.

Carece de designación oficial.

Recuerda a Brasil  imponente país sudamericano  por su territorio, su economía y sus ansias de expansión en todos los órdenes