BRAILLE LUIS (1809 – 1852)

Como manifiesta Emilia Verdiguier en su obra “Quien fue Braille”, Barcelona, 1958: “El recuerdo de un hombre ilustre vive en la mente de todos los ciegos del mundo. Millares de bocas repiten con veneración el nombre de Luis Braile, grabado para siempre en la historia.
Este gran apóstol inventó el sistema de lectura y escritura por medio de puntos, cuando solamente contaba dieciséis años de edad. Gracias a él se abrió una nueva era en la vida cultural de los no videntes, encendiéndose una antorcha luminosa en sus cerebros, para hacerles posible la documentación del saber humano, por medio de una lectura creada exclusivamente pensando en sus dificultades; porque el que la inventaba carecía también del don de la vista, y comprendía mejor que nadie sus dificultades.”


Luis Braille nació el 4 de enero de 1809 en un pueblito francés en Coupvray, departamento del Sena – Marne. Hijo de una familia modesta pero felizmente integrada, por cuatro hijos, siendo Luis el menor de ellos.


A los tres años, manipulando herramientas en el taller del padre se hirió gravemente un ojo. Tal fue la infección posterior que perdió la visión de ambos ojos.


El niño quedó totalmente ciego pero descubrió un mundo nuevo con sus manos palpando objetos y moviendo sus dedos, logró enterarse de la forma concreta de las cosas.


Simón-René, el padre de Louis, le enseñó a leer mediante tachas de tapicero con las que formaba las letras sobre una madera o sobre un trozo de cuero. Louis recorría esas marcas con sus dedos hasta aprender letras y palabras enteras.


En 1818 los Braille enviaron a su hijo a la escuela de la villa con la misma naturalidad que lo hicieron con sus otros tres hijos. A pesar de que inicialmente su aprendizaje fuera mediante transmisión oral, el maestro de la escuela Antonie Bécheret se sorprendió al observar que Louis pudiera poseer una actitud tan predispuesta hacia el aprendizaje.


 En sus primeros años de estudiante logró una beca para ingresar en el Instituto Nacional para Jóvenes Ciegos de París que le permitió emprender sus estudios, puesto que su familia no tenía recursos para hacerse cargo de los gastos.


​ A partir de entonces, empezaría un largo camino tanto de alumno como de profesor en aquel instituto.​Allí la educación era puramente espartana, dada la dura disciplina aplicada por los instructores, aunque imperaba un verdadero espíritu de camaradería entre los discípulos.


Inicialmente, la Institución Real de Jóvenes Ciegos de París estaba constituida por distintos edificios que en su mayor parte estaban viejos y realmente poco acondicionados para recibir estudiantes. En esos edificios un centenar de jóvenes estudiantes con discapacidad visual, además del personal de servicio, tenían que vivir y trabajar en una casa en la cual había una capilla, una biblioteca, una imprenta, unas aulas para las clases de instrumento y un salón para los ejercicios públicos; además de las habitaciones de los alumnos que ahí residían como internados.


​ El comedor de los alumnos era una galería con una escalera a cada extremo y el taller principal (el telar) era un patio cubierto, con lo cual se privaba de luz a los pisos bajos contiguos. Los talleres restantes se separaban con una simple balaustrada y las habitaciones daban unas con otras.


De hecho, los propios informes de los médicos de aquella época nos ilustran una realidad de apariencia lejana pero cierta.


En una de las intervenciones de Pierre Henri​ menciona uno de los informes realizados por un médico el 14 de mayo de 1838, y dice así: «Ayer fui a visitar el establecimiento de Jóvenes Ciegos y puedo aseguraros que no hay la menor exageración en la descripción de aquel lugar [...] ya que, ciertamente, no hay descripción que pueda daros idea de aquel local estrecho, infecto y tenebroso; de aquellos pasillos partidos en dos para hacer verdaderos cuchitriles que allí llaman talleres o clases; de aquellas innumerables escaleras tortuosas y carcomidas que, lejos de estar preparadas para desgraciados que sólo pueden guiarse por el tacto, parecen un reto lanzado a la ceguera de aquellos niños [...].»


Y otras consideraciones de los propios alumnos que llegan a completar este testimonio:
“Hoy día los ciegos no pueden formarse una idea exacta de las muchas humillaciones de este género por los cuales era preciso pasar en aquella época en que los videntes encargados de nuestra educación, ignoraban aún hasta qué punto puede llegar nuestra destreza, por lo que nos exigían cosas muy superiores a las que un ciego, por experto que sea, puede practicar”.


En resumen, son éstas las condiciones en las que vivieron el joven estudiante y sus compañeros durante más de 15 años.


La instalación de la escuela, sin embargo, se trasladó en el año 1843 a un nuevo edificio de París y las condiciones mejoraron, pero posiblemente el estado de salud de Louis Braille y la enfermedad de tuberculosis que le acompañó desde temprana edad ya se habían originado en las viejas instalaciones.


Braille empezó a destacar primero como alumno y después como maestro ideando asimismo su sistema de lectura y escritura conocido actualmente como sistema braille.


 Inicialmente los estudiantes del Instituto aprendían a leer y a escribir mediante el sistema de Valentín Haüy que consistía en predisponer las letras en relieve, a pesar de que a la práctica fueran poco agradecidas para el tacto. A Louis, sin embargo, este sistema le permitió leer muchos de los libros impresos que estaban en la biblioteca del Instituto.


 ​ También aprendió a escribir a lápiz con la intención de poderse comunicar con los videntes. Para ello, empleaba moldes que contenían las letras vacías por cuyos bordes había que deslizar el lápiz.


 Aprendió de ese mismo modo matemática y geografía. En el caso de la notación musical, durante muchos años se prescindió del relieve para incorporar la enseñanza musical mediante la transmisión oral y su memorización.​


Desde su ingreso demostró su capacidad para desarrollarse en distintas áreas como: gramática, retórica, historia, geometría, álgebra y sobre todo música, tanto en teoría como en práctica (aprendió a tocar el órgano, violonchelo y el piano). En el instituto, enseñó más de una materia y realizó algunos manuales de historia y aritmética para sus alumnos.


 ​De hecho, no solamente enseñó a ciegos sino también a niños videntes puesto que en ese momento el instituto admitía un determinado número de videntes a los que se les enseñaba gratuitamente a cambio de una cierta cooperación que se prestaba a los jóvenes ciegos, como por ejemplo ayudarlos a leer, a redactar o guiarlos al andar.


Braille poseía una gran capacidad reflexiva y metódica, era cercano con sus alumnos y conseguía despertar su interés, comprenderlos y aconsejarlos en los momentos más difíciles.

Todavía siendo un estudiante allí e inspirado por la criptografía militar de Charles Barbier, elaboró un código táctil diseñado para facilitar la lectura y la escritura de los alumnos con discapacidad visual de una forma mucho más rápida y eficaz en comparación con los métodos existentes en aquel momento.


En 1834 se ventiló por vez primera, en la plaza de la Concordia, los textos de Braille con un nuevo sistema de escritura y fue recién 20 años después cuando se la adoptó oficialmente en Francia.


Posiblemente esta capacidad de síntesis se deriva de los complicados procedimientos de escritura e impresión, puesto que tal y como él mismo decía “hemos de procurar expresar el pensamiento con el menor número posible de palabras”.​

Particularidades del sistema Braille
Antes de los 30 años, Louis había ideado un sistema que se adecuaba perfectamente a las características de la percepción táctil a nivel psicológico, estructural y fisiológico.


 El signo braille, compuesto por un máximo de seis puntos, se adapta perfectamente a la yema del dedo y esto produce que la persona lo pueda aprender en su totalidad, transmitido como una imagen al cerebro.


 Este sistema consta de 63 caracteres formados de uno a seis puntos y que al ser impresos en relieve en papel permiten la lectura mediante el tacto. Así mismo, los caracteres que integran el sistema, que Braille publicó en 1829 y 1837, están adaptados a la notación musical, facilitando así su comprensión.​

Inicialmente el sistema encontró una fuerte oposición e incluso se llegó a prohibirlo durante muchos años en aquel Instituto. Muchos maestros consideraron que dicho sistema, al ser distinto al empleado por los videntes, generaba aislamiento y segregación de cara al alumnado discapacitado.


Esta argumentación no deja de parecer en muchas ocasiones una excusa para justificar que personas videntes (sobre todo profesores del Instituto) no emplearan su tiempo en aprender un código totalmente distinto de la escritura convencional.

Inventó un alfabeto completo, ampliándolo con signos matemáticos y musicales, al precio de que poco a poco su salud se iba deteriorando a medida que creaba.


De hecho, fueron las personas ciegas las que defendieron e impulsaron el sistema, sin lugar a dudas los más indicados para decidir sobre esta cuestión.


Hay muchas anécdotas que han sobrevivido a aquellos años en los cuales se prohibió el sistema. Por ejemplo muchos alumnos y algunos profesores ciegos del Instituto lo emplearon de forma clandestina escribiendo cartas y copiando textos que luego serían mostrados a los demás y así sucesivamente.


De ese modo en 1844, gracias a la presión ejercida por parte de esos grupos y coincidiendo con la inauguración del nuevo edificio del Instituto en el Boulevard des Invalides de París, el director reivindicó el sistema realizando un homenaje a su inventor.

En 1851 continuaba tocando el órgano en la Capilla de los Misioneros Lazaristas, cuando se agravó, muriendo el 6 de enero de 1852.


Louis Braille murió a la edad de 43 años de tuberculosis, enfermedad que le había acompañado durante mucho tiempo y que probablemente se iniciara debido a las pésimas condiciones higiénicas existentes en el primer Instituto de Jóvenes Ciegos.


El funeral se celebró en la capilla de la Institución Nacional y su cuerpo fue trasladado a su pueblo natal para ser enterrado en el pequeño cementerio de Coupray, al lado de su padre y su hermana que habían muerto años antes. Su ataúd se depositó allí el 10 de enero de 1852. Luego trasladaron sus restos al Panteón de París.


En 1853, un año después de la muerte de Braille, el sistema fue aceptado oficialmente por las Instituciones y por tanto su autor nunca llegó a ser reconocido oficialmente mientras vivía.


El sistema Braille, originado en Francia, utilizó muchos símbolos correspondientes a las 64 combinaciones de los seis puntos para representar acentos especiales correspondientes al francés. Al emplearse en otros idiomas, las combinaciones de puntos braille cambian de significado. Por ejemplo, el punto final y el signo de mayúscula cambian del español al inglés. Asimismo, Braille y su amigo Pierre Foucault llegaron a desarrollar una máquina de escribir para que fuera aún más fácil la producción de textos en Braille: el ratígrafo. ​


Haciendo honor a la verdad, no debemos ignorar que para crear un plan de enseñanza - aprendizaje se valió del procedimiento empleado anteriormente por Carlos Barbier, basándose en puntos en relieve, pero él le introdujo variaciones hasta llegar a la máxima simplicidad, haciendo la tarea fácil para el que no vidente con el sólo contacto de la yema de los dedos.

braille.html

 

 

Bibliografía:
La expuesta en el texto.
Palacio de Gómez Guadalupe: "Luis Braille." Rosario, 1992.

Braille. Calle. Topografía:
Corre de E. a O. desde 700 al 1900, a la altura de bulevard Rondeau 3500 y Cosquín 3500.
Se le impuso ese nombre por D. N°36158 del año 1968.
Recuerda a Luis Braille (1809 - 1852), inventor de un sistema de signos para lecto - escritura de los no videntes.