BONPLAND AIMÉ o BONPLAND AMADO (1773 – 1858)

Así como los cronistas de la época de la conquista y colonización  de América , dejaron valiosos testimonios para el mejor conocimiento de esa etapa histórica del Río de la Plata, también los viajeros de siglos posteriores llegados  a estas regiones  a través de sus descubrimientos y percepciones asentados en memorias, libros o informes, enriquecieron sin proponérselo al acervo documental de nuestra geografía.

Uno de ellos fue  Aimé Jacques Alexandre Goujaud, aunque su padre cambiaría el  nombre por  Bonpland, teniendo en cuenta  su profunda afición a la botánica.

Nació en La Rochelle, Francia. Estudió medicina en la Universidad de París, y muy joven, su profunda inclinación por las ciencias naturales lo llevaría  a trabar amistad en esos claustros con el botánico alemán  Alejandro Humbold, a quien acompañó   en su  viaje  por las regiones ecuatoriales de América entre los años 1799 y 1804, asentando en registros las condiciones climáticas de esas latitudes, transición entre selva y desierto: fauna y flora, paisajes, etc. Observaciones que condensaron en la obra “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”  donde Bonpland clasificó y describió más seis mil especies vegetales.

Más tarde, al conocer  a Bernardino Rivadavia en la capital inglesa,  se sintió fascinado por lo que el ilustre político  le contaba  sobre la lejana Buenos Aires.

El naturalista  decidió, acaso en una resolución irreflexiva, instalarse en la misteriosa ciudad -  puerto y acompañado por su bella y conflictiva esposa, su hija, dos jardineros y un enorme cargamento de plantas bulbos y semillas  desconocidas en el Plata  arribó a Buenos Aires , un día de enero de 1817, con el objetivo de fundar un jardín botánico. Proyecto truncado a raíz de los disensos de esos tiempos.

La capital argentina no podía resultarle atractiva para su tarea específicamente botánica y optó por realizar incansables viajes al interior del país.

En la década de 1820, viajó a Santa Fe y a Entre Ríos donde ofreció  sus servicios al caudillo Francisco Ramírez  en la técnica de explotación de la yerba mate, recalando en Corrientes y luego  en tierras de las antiguas misiones,  - donde permanecería el resto de su vida -  con el propósito de estudiar las propiedades del  ilex paraguariensis y  otras hierbas y plantas.

En ese país, el dictador Rodríguez de Francia, creyendo que Bonpland pretendía despojar a sus tierras de la principal fuente de riqueza económica, con una  posible producción en otras regiones, lo hizo encarcelar.

Allí comenzaría la prolongada odisea del sabio francés, pues durante los nueve años de cautiverio por causa de la yerba mate o té del Paraguay, el mate de los guaraníes, el oro verde de los  jesuitas  no desmayó en sus investigaciones descubriendo los compuestos minerales y propiedades  estimulantes cardíacas, cerebrales, intestinales y digestivas de la infusión.

“El dictador paraguayo, indiferente a la ola mundial de protestas que levantó su decisión carcelaria, prefirió soterrarlo en apartados pueblos paraguayos” – nos dice eel historiador Piñeiro.

Al obtener la libertad prosiguió sus estudios en la misión jesuítica de San Borja completando una vasta producción llegando abordar las deficientes condiciones sanitarias de las poblaciones indianas. 

Las plantaciones de yerba mate de los jesuitas fueron abandonadas a la naturaleza, pero algunos empresarios habían seguido cosechándola y casi en secreto, porque la ausencia de límites claros entre Argentina y Paraguay hacía delicada la operación de traslado.

Sin embargo en 1852, el "Tratado de Límites, amistad, navegación y comercio" entre los dos países garantizó el libre tránsito de Paraguay, a través de las misiones, hasta San Borja. Los correntinos de inmediato contrataron  a Bonpland que  a los  70 años no había disminuido su fervor ni mermado sus conocimientos, para repoblar las diezmadas forestas naturales de yerba y, como resultante  de la prédica del sabio a fines de la década de1850 abundaba la producción en las áreas de las antiguas misiones.

 Sus últimos años de vida transcurrieron en la región forestal argentina del noroeste, donde hallando los  bosques y selvas que se forman naturalmente  a la vera de los ríos, intensificó los estudios sobre tecnología de la madera. Fue un precursor de la ecología al asumir la defensa de las especies y la condena de extracción de esos recursos en forma indiscriminada.

En efecto Bonpland en el siglo XIX sostuvo con vehemencia, la actitud responsable de preservar la naturaleza, conservando  y aprovechando  las formaciones arbóreas  evitando su extinción.

Dejó de existir en Santa Ana, Corrientes, el 11 de mayo de 1858, teniendo su cadáver un final atroz.

El gobernador Pujol, decretó honores a su memoria y dispuso también el embalsamamiento de su cuerpo.

“Terminada la operación de embalsamamiento el cadáver fue colocado en un ángulo de una sala, cuando un  paisano acostumbrado a excesivas libaciones, saludando  reiteradamente a Bonpland, al no obtener  contestación, la emprendió con él a puñaladas destruyendo el cadáver. Razón por lo cual no fue trasladado a la capital.

Sus restos descansan en la ciudad de Paso de los Libres, encontrando la paz que sus contemporáneos le negaron en vida.

 

Bibliografía:  

Gasulla Luis: "El solitario de Santa Ana". Biografía obtenida del Instituto de Farmacología y Botánica de la Facultad de medicina de Buenos Aires.

Piñeiro Armando Alonso. Cronología Histórica Argentina. Ediciones Depalma. Buenos Aires.1981.  

"El espíritu de la yerba". Publicación del Establecimiento Las Marías. Corrientes, 2004.

 

Bompland. Pasaje. Topografía:

Corre de E. a O. desde 700 hasta 899 a la altura de san Martín 4600.

Carece de designación oficial.

Recuerda al sabio botánico francés Aimé  Bonpland  (1773 – 1858).