BOEDO MARIANO (1782 – 1819)

El Congreso de Tucumán fue una verdadera heroicidad que no se limitó sólo a aquella solemne asamblea sino que se proyectó en un variado y rico espectro de propuestas, discusiones e ideas sobre la organización de la nación que surgía.


Las controversias sobre la forma de gobierno, el apoyo a la hazaña emancipadora de San Martín, el probijamiento de distintas medidas destinadas a ordenar la acción gubernativa, signaron el quehacer  de los argentinos convocados en aquella ciudad de Tucumán.


Pero, además de coincidir en la organización posterior del Estado sobre la base de la división de poderes y respeto por la soberanía popular, el Congreso alentó un interés y esclarecedor intercambio doctrinario a través de la prensa de entonces, donde la elite intelectual hizo conocer  sus opiniones sobre la forma  de viabilizar y consolidar la determinación de ser libres.


Mariano Boedo, diputado por Salta, nacido en esa provincia en 1782, fue uno de esos 29 nombres que todos los argentinos debiéramos conocer de memoria.


En la sesión del 1° de julio, el Congreso lo eligió vicepresidente, y el día 9 aclamó la independencia , firmando en tal carácter  el acta memorable.


De sólida formación universitaria, cursó sus estudios en los claustros de Córdoba y Chuquisaca y, desde esta última, asistió allá  a lo lejos a las palpitaciones de la Revolución de Mayo, a la que se adhirió con fervor.


Fue gobernador interino de Córdoba. Al ocurrir las desavenencias entre Jujuy y el gobernador Güemes, éste comisionó a Boedo ante el cabildo jujeño, formalizándose una pacífica transacción.


Pero el interés más acentuado de la vida pública de Boedo – asiente el historiado Alonso Piñeiro – está perfilado en su acción legislativa, al servicio del Congreso del 9 de Julio, al que se había incorporado el 2 de mayo, reitero sería dos veces, vicepresidente de la ilustre corporación.


Durante su activismo despliegue parlamentario actuó Boedo en varias comisiones especiales: la que debió estudiar el peso del sostenimiento del Ejército Nacional sobre las provincias, la encargada de investigar el escandaloso robo de la documentación pública y secreta del mismo Congreso tucumano, la dedicada a analizar los aranceles de aduana y la que proyectó la reforma del reglamento del cuerpo, siempre en forma briosa, arrasante pero justa y digna.


Amargado por encontrar escollos políticos en su accionar se trasladó a Buenos Aires donde falleció el 9 de abril de 1819, contando sólo 37 años.


Sus restos descansan en la iglesia porteña de San Francisco, y por sugestión del obispo de Salta, Monseñor José francisco Romero, el Colegio de San Francisco anexo al Convento de dicha Orden, colocó  una placa junto a su tumba, por orden del Congreso de la Nación,  el 9 de julio de 1919, la que sería destruida por el incendio de las iglesias el 16 de junio de 1955.


 Tanto Buenos Aires como Salta y nuestra ciudad  recuerdan su nombre nominando una de sus calles como homenaje a su memoria.


Equivocadamente los historiadores salteños consignan en sus obras que murió el 9 de junio de 1818,  fecha que no coincide con el documento publicado por Enrique Udaondo.

 

Bibliografía:
Gandía Enrique. " Los hombres de Tucumán". Buenos Aires. 9 de julio 1941.
Udaondo Enrique:"El Congreso de Tucumán." Congresales de 1816. Apuntes biográficos.Buenos Aires 1916.
Amuschástegui Nicolás R: "El 9de julio de 1816". Buenos Aires.1933.

 

Boedo. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. desde 1700 hasta 2200 a la altura de Baigorria 1700.
Se le impuso ese nombre por Ord. 25 del año 1920.
Recuerda al diputado del Congreso de Tucumán por Salta, Mariano Boedo ( 1782 - 1919).