Elem y Gaboto, una esquina como tantas otras en un barrio de obreros y empleado que entre penurias y esperanzas cotidianas, construyeron sus viviendas en calles transidas por el aroma dulzón de los paraísos y bulliciosos juegos de los niños, a veces sorprendidos por lo ladridos dueños de las terrazas que una y otra vez la corren de extremo a estreno, recortando sus siluetas agiles sobre un cielo azul y un telón de ropa tendida.
En la esquina de Alem y Gaboto, quebrando la monotonía de enredaderas y ventanas sin cortinas se alza un edificio de 9 pisos apareciendo sobre el horizonte verde de los arboles como un punto de inflexión en el paisaje urbano.
¿Qué es ese edificio? ¿Quiénes lo hicieron? ¿Cómo y para que se construyo? Es la biblioteca popular Contancio C. Vigil. Lo hicieron los vecinos de ese barrio chato, habitado por gente sin historias deslumbrantes, sin biografia, sin títulos y sin diplomas.
La tarea fue muy dura por las propias limitaciones derivadas de carencias heredadas desde tiempos muy atrás.
El cemento, los ladrillos, ganados todos los días mediante el trabajo solidario, permitieron crear espacios para el encuentro de niños, jóvenes y adultos.
Más allá de los cursos y de las escuelas, de los talleres y de los laboratorios se fueron creando posibilidades para la comunidad rosarina.
Tal vez fue la mayor experiencia en educación popular en América Latina.
Esa institución permitía desarrollarse y crecer a todos aquellos que pretendían crear un mundo mejor.
La dictadura militar iniciada en marzo de 1976 y los gobiernos que se sucedieron a partir de 1983 no les importo esa obra surgida del esfuerzo creador.
No lograron destruir la mayor experiencia de educación popular del continente.
LA BIBLIOTECA
La biblioteca comenzó a funcionar el 9 de julio de 1944 en un modesto salón de calle Alem de 3033
En 1960se crearon los primeros jardines de infante y partir de entonces cursos de la Escuela de Música, la Escuela de Teatro, La escuela de Artes Visuales y 1966 se inauguró su primer edificio propio.
Entre 1974 y 1975, luego de la muerte de Perón, comienza a cambiar la economía del país. Las presiones de algunos sectores empresariales, produjeron períodos de desabastecimiento, lo que afectó la entrega de premios de la rifa y hacia 1975, el llamado “Rodrigazo” (por el nombre del Ministro de Economía Celestino Rodrigo) produce una devaluación devastadora.
El precio de los automóviles, por ejemplo, alcanzó un aumento del 500% al 800% dependiendo de la marca, sumado a que las empresas no respetaron las compras pautadas solicitando, en muchos casos, el pago del aumento para la entrega de los vehículos (así lo registran notas internas y comunicaciones de La Vigil a los socixs). Por otra parte, la rifa era pagadera en cuotas y sus ingresos estaban congelados, (no se permite modificar su monto).
Esta situación provoca una crisis financiera que La Vigil va sorteando, mientras se buscan créditos a nivel nacional, que le fueron negados. Todas las articulaciones con otras instituciones crediticias y mutualistas caen por la crisis de la mano del poder adquisitivo de los trabajadores.
Como toda organización social de base es reflejo de lo que los sectores medios y bajos de la sociedad padecen. También en estos años La Vigil recibe atentados por parte de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina).
El camino para su destrucción estaba trazado, la excusa fue su situación económica, el motivo real fue político. La Vigil era un mal ejemplo de construcción colectiva, igualdad de oportunidades, accesibilidad a la cultura y educación popular, para los tiempos que se avecinaban: el golpe de estado genocida del 24 de marzo de 1976, autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
Por la mañana del viernes 25 de febrero de 1977 gran cantidad de camiones del ejército y policía de la provincia rodearon el enorme edificio de Gaboto y Alem, comandados por el genocida Agustín Feced.
Se desplegaron por todas sus terrazas y accesos.
Contaba una vecina y socia, “yo los veía desde mi casa, estaba lleno de soldados, todos armados. ¡Yo los veía!” refiriéndose a la terraza del 7º piso.
Aquel viernes, la toma de posesión de sus instalaciones estuvo a cargo del genocida Agustín Feced, secundado por personal de servicios de seguridad (policial y militar) y civiles profesionales (contadores, abogadxs y escribanxs). En breves semanas, supuestamente destinadas a regularizar los pasivos contables, finalmente se declaró la liquidación de su patrimonio; específicamente, el 15 de abril de 1977.
Este cambio de carátula, de “normalización” a “liquidación”, fue el marco legal que habilitó su extinción material.
Sin embargo, fue una liquidación sin quiebra, ya que los bienes de La Vigil superaban ampliamente las deudas por premios, por eso se sostiene que la situación económica fue la excusa para su exterminio. La destrucción y desguace de los bienes muebles e inmuebles, fue completa.
El sistema escolar fue la única estructura que la intervención liquidadora sostuvo hasta su derivación al ámbito de la enseñanza pública provincial en 1981 bajo la denominación “Complejo Pedro de Vega”. No obstante y previamente, las escuelas en todos sus niveles también fueron mutiladas en sus destacados aspectos materiales y simbólicos, hasta entonces orientados a los sectores más vulnerables de la ciudad.

Bibliografía:
Rosario. Revista Historia de aquí a la vuelta Nº 16. Edición publicada el 30 de octubre de 1991.
Biblioteca C. Vigil. Calle. Topografía
Corre de E. a O. a la altura de Alem/Ayacucho 2900
Se le impuso ese nombre por O. 7.698 de Julio de 2004.
Recuerda a esta destacada institución por su permanente acción y participación. Constancio C. Vigil (1876-1954) escritor y periodista uruguayo, fue el creador de la revista “Billiken” (17 de noviembre de 1919) y autor de cuentos infantiles como: “Misia Pepa”, “El Ratón Relojero”, “El Bosque Azul”, “Muñequita”, “La Hormiguita Viajera” y muchísimos más. De su gran creatividad nacieron revistas como “El Gráfico” (30 de mayo de 1919), “Para Ti” (16 de mayo de 1922) y muchas otras.