BETINOTTI JOSE (1878 - 1915)

Sobre el origen de la palabra "payador" se puede discutir indefinidamente desde profundas trincheras etimológicas y costumbristas.


Así Leopoldo Lugones se embarcó en acepciones poco convincentes que derivan del griego y el provenzal; para Barros Grez significó  derivado de "parla" mientras que Jorge A. Lira registra el vocablo "palla en su Diccionario quichua-español, " como cierta composición poética que a manera de controversia se hace en las danzas nativas.


Es la definición que más se le acerca, pero no hace referencia al payador del siglo  XIX que nuestra literatura ha inmortalizado.


Payador era un gaucho común errante en quien el amor apasionado y ocasional brotaba de su arte, abonado por la admiración de la paisanada, que como él era asiduo concurrente  de las pulperías, donde el juego, duelo y  reclutamiento para pelear en la frontera se conjugaban, junto a milongas dibujadas sobre el piso de tierra endurecida.


Ambiente de grapas y aguardiente, en el que el payador con su guitarra rendía culto a la amistad, pero respetando en los hombres el valor de huir de duelos y desafíos.


Payador reputado era quien sin proponérselo, significaba la recreación de  aquellos hombres dispersos en la inmensidad de su tierra, sin otro aliciente  que trabajar  de sol a sol en lucha permanente con la naturaleza hostil y las acechanzas de los indios.


Ser payador de pura cepa, implicaba poseer ciertas cualidades intelectuales innatas, verborragia, don del canto como facilidad de respuesta.


A esas aptitudes debían sumársele, dominio de la guitararra, propiedad en el ritmo, riqueza en la rima y la adjetivación.


Ahora bien nos clarifican los literatos que "el payador del siglo XIX se perpetuaría en el siglo XX,  ya no como cantor de las pulperías de la campaña sino como el hombre que recorría los arrabales y cafetines de Buenos Aires como El almacén en Esquiú y Tilcara de Nueva Pompeya entre otros, donde sus dueños expendían caña, ginebra, picadas y empanadas mientras los payadores como Gabino Ezeiza, Vieytes, Curlando y  Maximiliano Santillán amenizaban con sus payadas.


El más joven fue Betinotti "el último payador" que marcó una evolución en el gusto público, que atraído por el tango canción relegó a un segundo plano aquella poética tradicional.


Cuando Gardel llegó al Abasto, ya lo estaba esperando José Betinotti, quien traía una carta de recomendación del "negro Gabino Ezeiza", con quien había compartido en 1898, la gloria de actuar en un circo ubicado en la calle Segunda Belgrano (hoy Venezuela) esquina Maza, quienes se habían separado por política, aquél era radical hasta la medula mientras Betinotti por ser proletario, adoraba al primer diputado socialista  don Alfredo L. Palacios.


Ese encuentro se produjo una noche de los últimos meses de 1911 en la fonda de "O´Rondeman" quedando establecido una nueva cita para 1912, tres años antes de morir el payador, y de esa entrevista en el café La Marineta nacería el apodo El Zorzal por llamarlo así Betinotti.


En su repertorio desempeñaba papel preponderante su madre, así toda una generación se familiarizó con las estrofas de "Pobre mi madre querida".


Y su aficción por el tema lo llevó a escribir numerosas cuartetas, varias publicadas en "La pampa argentina", periódico que divulgaba una temática variada de poesía popular de principios del siglo XX.


El payador llevaba una vida bohemia, durmiendo en las mañanas plenas de sol  y haciendo de la noche  un jolgorio en medio de grapas y humo y  alguna comida austera, convirtiéndose con el paso del tiempo en un agonista interior que desencadenaría en una salud inestable y débil.


Su tez que alguna vez mostrara vitalidad  tornóse  parduzca, como  muestra del derrumbe de su cuerpo hasta que la muerte lo sorprendiera muy joven, a los 37 años.


En el acto de la inhumación de sus restos, unos pocos payadores, en  medio del gentío lo despidieron cantando.


José Betinotti, "El último payador", dejó marcado un nuevo camino por el cual se llegó al tango y Carlos Gardel fue el modelo perfecto.


Homero Manzi en la letra y Sebastián Piana en la música compusieron la  milonga: "Betinotti", cuya última estrofa dice:
                                    y la noche de los barrios
                                   prolongó un canto de amor,
                                   animado tu recuerdo:
                                   Betinotti,  el Payador!                                           
                                         

 

Bibliografía:
Ventura Lynch R.: "Folklore bonaerense". Bs. As. 1945.
Cassinelli Roberto:  "Cuando Gardel llegó al Abasto, allí estaba Betinotti". Revista " Cantando" en su edición N°65. 1° de julio de 1958.
                                                                                                         
Betinotti. Cortada. Topografía:
Corre de N. a S. desde 600 al 799, paralela a Bv. Wilde 700, a la altura de Av. Bernheim 8200.
Se le impuso ese nombre por Decr. 4673 del año 1977.
Recuerda al último payador de Buenos Aires, José Betinotti (1878-1915).