BERLÍN

Nos dice Leonardo Freindenberg: “En la página 28 de su libro menos conocido, Gabriel García Márquez escribió sobre Berlín que: dentro de cincuenta, cien años, cuando uno de los dos sistemas haya prevalecido sobre el otro las dos Berlines serán una sola ciudad. Una monstruosa feria comercial hecha con las muestras gratis de los dos sistemas.”


El libro se llama “De viaje por los países socialistas”, y es en realidad una recopilación de artículos escritos por el colombiano para las revistas Cromos, de Colombia y Momento de Venezuela, durante un recorrido de García Márquez y dos amigos por diversos países de la Europa socialista entre junio y septiembre de 1957.


La travesía empezó en Berlín cuatro años antes de que comenzara a construirse el muro.


Aquel viajero sudamericano acertó cuando supuso que la ciudad no podría regirse por dos regímenes opuestos indefinidamente pero su error fue de cálculo: la supremacía de un sistema sobre el otro no duró cincuenta ni cien años.


Pero sí treinta y dos años y dos meses después, el 9 de noviembre de 1989, decenas de miles de alemanes del Este comenzaron a traspasar esa pared cuyo contorno fue delineado el 13 de agosto de 1961.


Al día siguiente empezaron a demolerlo desde ambas márgenes.


Lo impensable hoy vuelve a aparecer en el recorrido por la actual Berlín, como cruzar una de las esquinas más vigiladas de la Guerra Fría, es ahora parte de la caminata.
La oscuridad de los edificios del Este fue reemplazada por los colores claros de las vidrieras de Dona Karan, Prada y la Galería Lafayette que invitan al consumismo de la globalización. Mientras las bicicletas - que andan por todo Berlín - pasan al lado de la única torre de control que queda.


Por la calle Friedrichstrasse se llega hasta Unter den Linden, la avenida “bajo los tilos”, el viejo eje de la ciudad, la que pasa por debajo de la Puerta de Brandeburgo por donde desfiló el ejército de Hitler.


En la intersección de ambas calles se puede tener noción exacta de la unificación.


En efecto se puede ir caminando hacia el este y el oeste una vez en la puerta se puede pasear por el parque Tiergarten donde sobresale la estatua de la Victoria, desde destacados los ángeles de “Las alas del deseo” de Wim Wenders, se veía en blanco y negro a Berlín dividida.


Hoy Berlín, es una ciudad de fiesta, y más en primavera escribiría Ernest Hemingway si viviera.


 La cita fue  verdadera   a la vista del viajero de referencia, porque su colega Mario Vargas Llosa estaría de acuerdo, al escribir: “Me atrevo a profetizar que Berlín sucederá a París probablemente en los años venideros como la capital espiritual de Europa”.


En efecto la historia y la cultura han tenido y tienen hoy un lugar importante en Berlín.


Arquitectónicamente, la ciudad conserva grandes tesoros, muchos de ellos restaurados después de la Segunda Guerra Mundial como la Catedral y la Filarmónica, una de las orquestas más justamente apreciadas en el mundo.


Todo tiene gusto a flamante porque en 1999 se completó el traslado del Parlamento y del Gobierno federal y hoy todavía se están construyendo las instalaciones complementarias y los edificios para ministerios y embajadas.


El premio mayor se logra en la terraza con una visión de 360° de lo que es y será todo Berlín.

berlin.html

 

Bibliografía:
Freidenberg Leonardo: “Berlín, ocho años depués del muro.” Revista Focus, 1997.
Heguy Silvina: “Berlín, ciudad abierta.” Diario Clarín en su edición del 7 de noviembre de 1999.
De Dios Horacio: “Berlín, en el cambio.” Diario La Nación en su edición del 28 de mayo del 2000.

Berlín. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. desde 3400 al 3599, a la altura de Bv. Seguí 2900.
Carece de designación oficial.
Recuerda a la ciudad capital de Alemania, ciudad unificada después de la caída del Muro en 1989.