BÉCQUER GUSTAVO ADOLFO (1836 - 1870)

El historiador uruguayo Efraín Quesada un su artículo de la revista Desmemoria "Bécquer en Buenos Aires", nos ilustra: "Una amarillenta página escrita a ambos lados, con diversos dibujos, es uno de los manuscritos de Gustavo Adolfo Bécquer que se encuentran en Buenos Aires. Se conserva en el Museo Nacional de Arte Decorativo, con un cuadernillo de anotaciones en el que escribió la nómina de grabados de su hermano Valeriano y el borrador de varios de sus pensamientos. Este folio que la pátina ha barnizado es la Rima LXXVI.


El poeta la había incluido en su "Libro de los gorriones". Riquísimo material que perteneció a don Matías Errázuriz y habría llegado a sus manos por intermedio de un gran amigo del poeta que vivió y se desvivió en Chile, Augusto  Ferrán”.

 

Esos manuscritos de Bécquer datan de 1871 y fueron escritos a ambos lados de una hoja. El poeta a partir del 68 se lanzó de lleno a la tarea de reunir y corregir todos sus versos porque un editor porteño le había prometido publicarlo pero por un imprevisto incendio se perdería  gran parte de su obra. Sólo algo del libro perdido pudo reconstruirse en hojas sueltas.

Un día se presentó Bécquer en casa de su amigo Narciso Campillo expresándole: "Estoy haciendo la maleta para el viaje, dentro de poco me muero... Liado en este pañuelo, vienen mis versos y mi prosa. Corrígelos como siempre y acaba lo que no está concluido, y si antes me entierran tu publicarás lo que te guste y en paz."

Con las correcciones hechas por Campillo, han corrido las Rimas de generación en generación y recién en 1923 serían editados los auténticos versos de Bécquer, cuando Jesús Domínguez Barbona lo hiciera en la Revista de Filología Española.

Durante muchos años la figura del poeta romántico, enamorado y doliente, que muriera   a los 34 años, así como la  amorosa historia  que se sospecha en sus versos, pobló la imaginación sentimental de repetidas generaciones y su escritura resonaría en los más grandes poetas españoles del siglo XX en Machado o en Juan Ramón Jiménez, en  Federico García Lorca, en Luis Cernuda y  en Rafael Alberti, responsable de la primera versión original de las Rimas publicada en Buenos Aires por la editorial Pleamar en 1944.

En Sevilla, donde nació el poeta, el 17 de febrero de 1836, le habían publicado algunas poesías que no le habían reportado ni un céntimo, al igual que las aparecidas en Madrid.

En 1855 había visitado Toledo y al recibir el impacto de la muerte de su madrina su única distracción sería leer hasta saciarse. Al año siguiente contando con veinte años (a pesar de que su espesa y ensortijada barba lo hiciera demás edad) escribió en las columnas de los periódicos "El Porvenir " y "Las Cortes" redactando biografías que le pagaban miserablemente.

Decidió emplearse en forma estable ingresando a la Dirección de Bienes Nacionales, pero con tanta poca suerte que prontamente sería declarado cesante.

En 1857, a poco de publicar la primera entrega de la "Historia de los templos de España" cayó  enfermo.

Durante su convalecencia conoció a Julia Espín, que despertaría un misterioso atractivo carnal que emanaba de su cuerpo ¿Cómo comprender esa turbación, esa necesidad de envolver, de acariciar, esa requisición de todo ser debiendo  aceptar que era un amor imposible?

A Bécquer ese drama del amor celado por la realidad lo convertiría en un bohemio que perdía el tiempo de café en café, hasta que un día descubriría flotando sobre su música interior  como aquel  sueño frustrado, encarnó  otra vez en  una joven desconocida y próxima que también lo amaría vehemente. 

Se casaron  en Madrid el 19 de mayo de 1861 gracias  a la estabilidad económica lograda por pertenecer a la planta permanente de redacción de un diario importante "El Contemporáneo" de Madrid.

A pesar de haber constituído una sólida familia con esposa e hijos, Bécquer en su fuero íntimo  sería siempre  un bohemio, perseguido por  los fantasmas de la fantasía que buscaban  su destino en su imaginación. A los 30 años ya era feroz y definitivo rechazando la realidad de la vida, a tal punto que quedaría solitario, rehén de sus sueños irreales   y enfermo.

Con sólo 34 años falleció el 22 de diciembre de 1870, sólo asistido por su amigo Ferrán.

Un día de 1811 se trasladaron los restos de Gustavo Adolfo Bécquer desde Madrid hasta la Iglesia de la Universidad de Sevilla. No cuesta imaginar las exequias floridas y el concentrado aire de romanticismo andaluz en el claroscuro de la hora sevillana – enuncia Jorge Manteleone para La Nación. Buenos Aires, 2002.

 

Bibliografía:

Quesada, Efraín: "Bécquer en Buenos Aires." Revista Desmemoria, en su publicación Enero - marzo de 1995. Uruguay.

 

Bécquer. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. desde 00 Bis al 200 Bis, a la altura de Abanderado Grandoli 4000.

Carece de designación oficial.

Recuerda al poeta español Gustavo Adolfo Bécquer (1836 -1870), que compuso en puro lenguaje castizo sus famosas Rimas.