BARRACO DOMINGO (Hijo)

En el Rosario de la primera mitad del siglo XX 1900, la vida social se encontraba constreñida a las aspiraciones de las familias de prestigio socio-económico, más por sus depósitos bancarios que por su abolengo.
Así ocurrió con Domingo Barraco quien llegó a un nivel social altísimo gracias a sus padres que  habían llegado a Argentina en la primera etapa de la colonización, inmigrantes que tuvieron que sortear muy serias dificultades para comenzar su acción en el país, pues en la mayoría de los casos el Estado no había previsto la instalación  de elementos mínimos necesarios para su asentamiento.

Sin embargo pese a tales inconvenientes, ante la ausencia del Estado, empresas privadas europeas se encargaron  por su cuenta de reclutar   grupos europeos en busca de bienestar, con el fin de instalarlos en tierras fiscales argentinas y proveerlos de todos los elementos útiles  para las tareas del agro.


La vasta zona de colonias santafesinas se fue desarrollando  con la abundante producción de trigo y maíz, fruto del esfuerzo denodado de los inmigrantes, que trabajando de sol a sol, convirtieron a la Argentina “en la canasta del mundo” por ser forjadores del cereal.


Sus descendientes entre ellos, Domingo Barraco (Hijo), encaminaron su actividad en la formación de latifundios productivos.


Su enorme capacidad de chacarero, productor  primero y exportador después, hizo que obtuviera un alto potencial de las ganancias, entrando en el círculo  de la oligarquía terrateniente.
Gracias a su nivel económico pudo ingresar como socio del  Club Fénix, el que brindaba, un concierto semanal  a sus asociados.


Dicha institución fue absorbida  por el Jockey Club, el cual sería  junto al elitista Club Social, el ámbito  elegido por los ricos de entonces.    

 
Ubicado en  calle Córdoba 1100, en los altos de Mercer, había sido fundado en 1873 y fue desde su origen un reducto de difícil acceso  para aquellos cuyo apellido no figurara en la nómina de los apellidos selectos del progresismo de la ciudad.         


El presidente, allá por 1910, Fermín Lejarza se ufanaba en “Monos y Monadas”: “Nunca hemos abierto mucho las manos. Somos celosos del criterio implantado por los socios que fundaron este club…”
Así fue la  existencia de nuestro biografiado, llevando un quehacer ambivalente entre  el esfuerzo por el bien propio y de la provincia, y una vida social “no muy santa” porque marginaba a aquellos que no eran ricos.

 

 

 

 

 

Bibliografía:
Benigno del Carril “Praderas de alfalfa  de la República argentina”Anales de la Sociedad rural” Volumen XXVI (1892) Nº11.Pág- 274.
 Coni Emilio A.: “La agricultura y la cuestión social” en revista de Ciencias políticas”.Tomo XXII.Pág. 183. Año 1921.


Barraco. Pasaje. Topografía:
 Corre de N. a S. a la altura  de  Rioja 3000.
Carece de designación oficial.
Suponemos que es en homenaje a Domingo Barraco, empresario rosarino, pionero del progreso de la ciudad. Su actividad estaba abocada a la compra y venta de campos, fincas y terrenos.