BARRACO DOMINGO (Hijo)

En el Rosario de la primera mitad del siglo XX 1900, la vida social se encontraba constreñida a las aspiraciones de las familias de prestigio socio-económico, más por sus depósitos bancarios que por su abolengo genealógico, quienes aprovechaban  para exteriorizar, fuera e incluso dentro del ámbito de sus residencias y mansiones, los usos y costumbres que demandaban la cortesía, la urbanidad y la sociabilidad de la época, hechas con  cierta dosis  de rebuscamiento y de una paralela cuota de frivolidad.


En enero de 1900, por ejemplo, La Capital comenta los conciertos nocturnos de la confitería “Los dos chinos” de San Martín y Rioja y La Perla, en Córdoba, esquina Maipú, presenciados por  un nutrido  auditorio, digamos selecto socialmente, con el triple propósito de escuchar  buena música, tomar fresco y beber alguna copa.”.


Así ocurrió con Domingo Barraco quien llegó a un nivel social altísimo gracias a sus padres que habían llegado a Argentina en la primera etapa de la colonización, inmigrantes que tuvieron que sortear muy serias dificultades para comenzar su acción en el país, pues en la mayoría de los casos el Estado no había previsto la instalación de elementos mínimos necesarios para su asentamiento.


Sin embargo, pese a tales inconvenientes, ante la ausencia del Estado, empresas privadas europeas se encargaron por su cuenta de reclutar grupos europeos en busca de bienestar, con el fin de instalarlos en tierras fiscales argentinas y proveerlos de todos los elementos útiles para las tareas del agro.


La vasta zona de colonias santafesinas se fue desarrollando con la abundante producción de trigo y maíz, fruto del esfuerzo denodado de los inmigrantes, que trabajando de sol a sol, convirtieron a la Argentina “en la canasta del mundo” por ser forjadores del cereal.


Sus descendientes entre ellos, Domingo Barraco (Hijo), encaminaron su actividad en la formación de latifundios productivos.


Su enorme capacidad de chacarero, productor primero y exportador después, hizo que obtuviera un alto potencial de las ganancias, entrando en el círculo de la oligarquía terrateniente.


 Los hombres, ostentando muchos de ellos, galera y bastón propio de su nivel económico  eran asiduos concurrentes como socio del Club Fénix, el que brindaba, un concierto semanal a sus asociados.


Dicha institución fue absorbida por el Jockey Club, el cual sería junto al elitista Club Social, el ámbito elegido por los ricos de entonces, sito en calle Córdoba 1100, en los altos de Mercer,  fundado en 1873 y fue desde su origen un reducto de difícil acceso para aquellos cuyo apellido no figurara en la nómina de los apellidos selectos del progresismo de la ciudad.


El presidente, allá por 1910, Fermín Lejarza se ufanaba en “Monos y Monadas”: “Nunca hemos abierto mucho las manos. Somos celosos del criterio implantado por los socios que fundaron este club…”


Así fue la existencia de nuestro biografiado, llevando un quehacer ambivalente entre el esfuerzo por el bien propio y de la provincia, pero con un exacerbado ego que lo empujaba a marginar a aquellos que no tenían su poder adquisitivo.

 

 

 

Bibliografía:
Ielpi Rafael Oscar:”El encanto de la vida social” Fascículo Nº3 de Vida Cotidiana” auspiciado por el Banco Bisel.
Benigno del Carril “Praderas de alfalfa de la República argentina”Anales de la Sociedad rural” Volumen XXVI (1892) Nº11.Pág- 274.
Coni Emilio A.: “La agricultura y la cuestión social” en revista de Ciencias políticas”.Tomo XXII.Pág. 183. Año 1921.


Barraco. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. a la altura de Rioja 3000.
Carece de designación oficial.
Suponemos que es en homenaje a Domingo Barraco, empresario rosarino, pionero del progreso de la ciudad. Su actividad estaba abocada a la compra y venta de campos, fincas y terrenos.