BARÓN DE MAUÁ (1814 - 1889)

Nos dice José María Rosa en su obra La guerra del Paraguay: "En 1823 un niño de nueve años es dejado por un capitán mercante en una casa de Río de Janeiro, quien debería trabajar de la mañana a la noche sin paga alguna sólo por la comida y un catre en el desván serían su única retribución." Ese niño sería un día el Barón de Mauá”.


Desdichada hubo de ser su vida pues a los cinco años vio como su padre, estanciero en Río Grande del Sur, caía muerto por la puñalada de un borracho en un incidente fatal. Su madre joven aún contraería nuevo matrimonio, condicionada a deshacerse de sus dos hijos, de modo que  el adolescente se auto educó en un desván iluminado por el farol de aceite de la calle, forjando de esta forma su destino con admirable esfuerzo de trabajo y lecturas.


Años más tarde le llegarían la fortuna y el poder, al decir  del emperador Pedro II: "El trabajo ímprobo vence todo", Irineo Evangelista de Souza ya  Barón de Mauá, qué lejos estaba de aquel  niño abandonado a los nueve años en Río de Janeiro. su actividad empresarial en el comercio, beneficiándose de las bajas tarifas de importación que rigieron en Brasil durante la década de 1830. Durante un viaje que hizo a Inglaterra en 1840, tomó contacto con la producción industrial, especialmente de hierro.


En 1844, impulsado por la nueva política de proteccionismo del Imperio, se dedicó a la industria: su primer negocio fue proveer tubos de hierro fundido para el entubamiento de un arroyo en Río de Janeiro. Instaló una fundición en Niterói, frente a esa ciudad, y fabricó primeramente tubos y posteriormente accesorios para embarcaciones. Más tarde, a partir de principios de la década de 1850, fundó un astillero en Niteroi, del que saldrían casi la mitad de los buques imperiales que participaron en la guerra del Paraguay.

También fabricó calderas para máquinas de vapor, maquinaria industrial, postes de iluminación y artillería.


Enseguida con 26 años,  su prosperidad se tornó colosal en razón  que  el comercio inglés con la capital de Brasil pasaba casi íntegro por sus almacenes y su influencia ante el gobierno sería decisiva.

A los treinta y siete años era todo un “self made man” y en ello pondría su legítimo poder económico adquiriendo algodonales, cafetales, fazendas y propiedades que hicieron que  de su fortuna fuera la más sólida de Brasil.


En 1850 al ser abandonada la plaza de Montevideo por Francia o simplemente amenguado los recursos que ésta le suministraba, era previsible que cayera  en poder de Rosas -  perdiendo así Brasil una base de operaciones en la guerra que se aproximaba -  Consecuentemente Irineo de Souza auxiliaría  financieramente a su país que le otorgó por sus servicios, el título nobiliario de Barón de Mauá.

 

Participó en la elaboración del código de comercio del Brasil, que inspiraría varios otros en Latinoamérica. Con la intención de prevenir las sanciones que Gran Bretaña imponía a los países que traficaban o compraban esclavos, financió varias acciones contra ese tráfico.

 

Se dedicó a empresas de gran alcance, con capital propio o asociado con otros empresarios nacionales y extranjeros. Construyó vías férreas, incluyendo la primera del Brasil, en 1854, junto a la Bahía de Guanabara.


Como notable empresario en 1851 arribó a Montevideo y después de Caseros, 1852,  se lanzaría a la conquista de Buenos Aires.


En abril de 1856 el hábil brasileño envió una carta al Ministerio de Hacienda de la Confederación y en copia personal  a Urquiza, sosteniendo la prioridad que le correspondía para instalar un banco y la obligación de nuestro gobierno por mantener lo expresado en la ley del 6 de julio de 1855.


Dicho proyecto había sido precedido por dos infructuosas tentativas de concesión a Bushenthal y a los franceses Trouvé, Chauvel y Dubois  por leyes promulgadas el 30 de junio y el 27 de septiembre de 1855, lo que motivó que Mauá renunciara por carta del 12 de junio de 1856  aceptando las decisiones del gobierno de dar prioridad  a entidades europeas.


A mediados de 1857 surgía un nuevo ofertante para la instalación de un banco, el capitalista chileno Bernardo José del Toro. Hecho que motivó al Barón de Mauá a entrevistarse con Urquiza a fin de exponer su demanda, logrando descartar las otras propuestas y concretando la apertura de la ansiada institución.


El 28 de noviembre de 1858 se firmó un contrato entre la Confederación y Mauá, donde se establecía la instalación de un Banco central en Rosario con una sucursal posterior en Buenos Aires.


Se denominaría "Banco Mauá y Compañía" con facultad de acuñar monedas y emitir billetes hasta el triple de su encaje metálico.


Debía admitir suscripciones por un total de 200 mil pesos y si fuese necesario elevar el capital hasta la suma de 2.400.000 pesos o más.
Abrió sus puertas el 2 de enero de 1858, en una finca adquirida a Clodomiro Arteaga, situada en la calle Córdoba N°82 (numeración antigua), edificio que luego ocuparía el Banco Provincia de Santa Fe, el Club Gimnasia y Esgrima y la Receptoría de Hacienda. Institución bancaria que  culminó sus actividades en 1875.

 

Después en su país  organizó una Compañía de Navegación de la Amazonia  construyó simultáneamente  una gran red de abastecimiento de agua en Río de Janeiro. Fundó colonias de inmigrantes en el norte y el sur del país, aunque tuvieron mucho más éxito las de los estados del sur, donde instaló inmigrantes de Alemania.


Tuvo un destacado papel en el desarrollo de la telegrafía en su país. El 16 de agosto de 1872 el emperador Pedro II de Brasil le encomendó la firma de un contrato de concesión para el tendido y comercialización de una línea telegráfica submarina que uniera Portugal y el Cabo San Roque.
Mauá viajó a Londres donde en poco tiempo formó The Brazilian Submarine Cable Company como subsidiaria de la Eastern Company.


En el directorio de la nueva empresa participaban el vizconde Monck (presidente de la compañía de telégrafos que unía Francia con Estados Unidos), James Anderson (presidente de la Western Telegraph), el duque de Loule (Portugal), Mattew Chaytor (Inglaterra), John Wanklyn (Banco Comercial del Río de la Plata), Thomas Fuller y el mismo Mauá.


El 18 de junio de 1873 la nueva empresa se hizo cargo del contrato y la Telegraph Construction & Maintenance Company, la misma que había tendido el primer cable en el Atlántico Norte, se hizo cargo de la obra. El Seine efectuó el tendido desde Carcavellos, Lisboa, a Madeira, de allí a isla de São Vicente y otras islas de Cabo Verde, y luego a Pernambuco, Brasil, adonde llegaría en junio de 1874.


En ese tiempo la Western & Brazilianb Telegraph Company, también subsidiaria de la Eastern company tendía líneas que unían San Pedro (Río Grande del Sur) y Pará. La inauguración del enlace atlántico tuvo lugar en la fecha prevista, el 22 de junio de 1874. La obra valdría a Mauá el título de vizconde.


En 1889, prácticamente apartado de la vida económica, Mauá moría  justo cuando un golpe  militar daba fin  a la monarquía instituyendo la República del Brasil.
Así aquel banquero que creció financieramente al amparo del Imperio y de los capitales británicos, terminó sus días exactamente en el momento en el que expiró un sistema del que él había sido uno de sus hijos pródigos.

 

Bibliografía:

Santillán, Francisco: "Un brasileño insigne." Diario La Nación de Buenos Aires, en su edición del 29 de mayo y 6 de junio de 1935.

Martínez Julio: "El Barón de Mauá y el origen de los bancos de Rosario."1942.

 

Barón de Mauá. Cortada. Topografía:

Corre de E. a O. desde 1000 al 1099, entre las calles San Luis y Rioja 1000.

Se le impuso ese nombre por O. 1207 del año 1942.

Recuerda al empresario, Irineo Evangelista de Souza, Barón de Mauá (1814 - 1889), quien instaló el primer banco en la ciudad de Rosario.