BARÓN DE MAUÁ (1814 - 1889)

Irineo Evangelista de Sousa: Su verdadero nombre.

Desdichada hubo de ser su vida cuando a los cinco años en un incidente fatal, vió caer muerto a su padre, estanciero en Río Grande del Sur, por la puñalada de un borracho. 


Su madre joven contraería nuevo matrimonio, pero condicionada a deshacerse de sus dos hijos. El adolescente Irineo Evangelista de Souza, se autoeducó en un desván iluminado por el farol de aceite de la calle, forjando de esta forma su destino con admirable esfuerzo de trabajo y lectura.


Nos dice José María Rosa en su obra "La guerra del Paraguay": "En 1823 un niño de nueve años es dejado por un capitán mercante en una casa de Río de Janeiro, quien debería trabajar de la mañana a la noche sin paga alguna sólo por la comida y un catre en el desván serían su única retribución." Ese niño sería un día el Barón de Mauá.

Años más tarde le llegarían la fortuna y el poder, impulsado por la nueva política  del emperador Pedro II, al decir:: "El trabajo ímprobo vence todo", y ya Barón de Mauá, qué lejos estaba de aquel niño abandonado a los nueve años en las calles de Río de Janeiro.

Hacia 1840 su prosperidad se tornó colosal en razón que el comercio inglés con la capital de Brasil pasaba casi íntegro por sus almacenes y su influencia ante el gobierno sería decisiva.

A los treinta y siete años era todo un “self made man” y en ello pondría su legítimo poder económico adquiriendo algodonales, cafetales, fazendas y propiedades que hicieron de su fortuna fuera la más sólida de Brasil.

Como notable empresario en 1851 arribó a Montevideo y después de Caseros,1852, se lanzaría a la conquista de Buenos Aires y en abril de 1856 el hábil brasileño envió una carta personal a Urquiza y otra al Ministerio de Hacienda de la Confederación sosteniendo la prioridad que le correspondía para instalar un banco y la obligación de nuestro gobierno por mantener lo expresado en la ley del 6 de julio de 1855.

Dicho proyecto había sido precedido por dos infructuosas tentativas de concesión a Bushenthal y a los franceses Trouvé, Chauvel y Dubois por leyes promulgadas el 30 de junio y el 27 de septiembre de 1855, lo que motivó que Mauá renunciara por carta del 12 de junio de 1856 aceptando las decisiones del gobierno.

A mediados de 1857 surgía un nuevo ofertante para la instalación de un banco, el capitalista chileno Bernardo José del Toro. Hecho que motivó al Barón de Mauá a entrevistarse con Urquiza a fin de exponer su demanda, logrando descartar las otras propuestas y concretando la apertura de la ansiada institución.

El 28 de noviembre de 1858 se firmó un contrato entre la Confederación y Mauá, estableciendo la instalación de un Banco central en Rosario con una sucursal posterior en Buenos Aires. Ese fue el primer banco de nuestra ciudad.

Se denominaría "Banco Mauá y Compañía" con facultad de acuñar monedas y emitir billetes hasta el triple de su encaje metálico.

Ya Barón de Mauá, qué lejos estaba de aquel niño abandonado a los nueve años en las calles de Río de Janeiro.

Debía admitir suscripciones por un total de 200 mil pesos y si fuese necesario elevar el capital hasta la suma de 2.400.000 pesos o más.

Se denominaría "Banco Mauá y Compañía" con facultad de acuñar monedas y emitir billetes hasta el triple de su encaje metálico.

Debía admitir suscripciones por un total de 200 mil pesos y si fuese necesario elevar el capital hasta la suma de 2.400.000 pesos o más.-

Hacia 1840 su prosperidad se tornó colosal en razón que el comercio inglés con la capital de Brasil pasaba casi íntegro por sus almacenes y su influencia ante el gobierno sería decisiva.

A los treinta y siete años era todo un “self made man” y en ello pondría su legítimo poder económico adquiriendo algodonales, cafetales, fazendas y propiedades que hicieron de su fortuna fuera la más sólida de Brasil.


Más tarde, a partir de principios de la década de 1850, fundó un astillero en Niteroi, del que saldrían casi la mitad de los buques imperiales que participaron en la guerra del Paraguay. También fabricó calderas para máquinas de vapor, maquinaria industrial, postes de iluminación y artillería.
Se dedicó a empresas de gran alcance, con capital propio o asociado con otros empresarios nacionales y extranjeros. Construyó vías férreas, incluyendo la primera del Brasil, en 1854, junto a la Bahía de Guanabara.
Años más tarde le llegarían la fortuna y el poder, al decir del emperador Pedro II: "El trabajo ímprobo vence todo", y ya Barón de Mauá, qué lejos estaba de aquel niño abandonado a los nueve años en las calles de Río de Janeiro.

Hacia 1840 su prosperidad se tornó colosal en razón que el comercio inglés con la capital de Brasil pasaba casi íntegro por sus almacenes y su influencia ante el gobierno sería decisiva.

A los treinta y siete años era todo un “self made man” y en ello pondría su legítimo poder económico adquiriendo algodonales, cafetales, fazendas y propiedades que hicieron de su fortuna fuera la más sólida de Brasil.

Como notable empresario en 1851 arribó a Montevideo y después de Caseros,1852, se lanzaría a la conquista de Buenos Aires y en abril de 1856 el hábil brasileño envió una carta personal a Urquiza y otra al Ministerio de Hacienda de la Confederación sosteniendo la prioridad que le correspondía para instalar un banco y la obligación de nuestro gobierno por mantener lo expresado en la ley del 6 de julio de 1855.

Dicho proyecto había sido precedido por dos infructuosas tentativas de concesión a Bushenthal y a los franceses Trouvé, Chauvel y Dubois por leyes promulgadas el 30 de junio y el 27 de septiembre de 1855, lo que motivó que Mauá renunciara por carta del 12 de junio de 1856 aceptando las decisiones del gobierno.

A mediados de 1857 surgía un nuevo ofertante para la instalación de un banco, el capitalista chileno Bernardo José del Toro. Hecho que motivó al Barón de Mauá a entrevistarse con Urquiza a fin de exponer su demanda, logrando descartar las otras propuestas y concretando la apertura de la ansiada institución.

El 28 de noviembre de 1858 se firmó un contrato entre la Confederación y Mauá, estableciendo la instalación de un Banco central en Rosario con una sucursal posterior en Buenos Aires. Ese fue el primer banco de nuestra ciudad.

Se denominaría "Banco Mauá y Compañía" con facultad de acuñar monedas y emitir billetes hasta el triple de su encaje metálico.

Debía admitir suscripciones por un total de 200 mil pesos y si fuese necesario elevar el capital hasta la suma de 2.400.000 pesos o más

Abrió sus puertas el 2 de enero de 1858, en una finca adquirida a Clodomiro Arteaga, situada en la calle Córdoba N°82 (numeración antigua), edificio que luego ocuparía el Banco Provincia de Santa Fe, el Club Gimnasia y Esgrima y la Receptoría de Hacienda;Institución bancaria que culminó sus actividades en 1875.


En 1889 falleció en la ciudad de Petrópolis.(Brasil).

Bibliografía:
Santillán, Francisco: "Un brasileño insigne." Diario La Nación de Buenos Aires, en su edición del 29 de mayo y 6 de junio de 1935. Martínez Julio: "El Barón de Mauá y el origen de los bancos de Rosario."1942.

Barón de Mauá. Cortada. Topografía:
Corre de E. a O. desde 1000 al 1099, entre las calles San Luis y Rioja 1000.
Se le impuso ese nombre por O. 1207 del año 1942.
Recuerda al empresario, Irineo Evangelista de Souza, Barón de Mauá (1814 - 1889), quien instaló el primer banco en la ciudad de Rosario.