BARILOCHE

Con el encanto de su paisaje unido al de sus nombres indígenas históricos y evocativos, Río Negro y Neuquén encierran en círculo propio un universo enigmático lleno de atracciones.


Y dentro de ese marco de la naturaleza pródiga San Carlos de Bariloche es como un hito espléndido donde el turismo nacional e internacional siente heridos sus sentidos ante la imponencia del Nahuel Huapí y su mundo circundante.


San Carlos de Bariloche (comúnmente llamada Bariloche) es una ciudad en la región de la Patagonia argentina. Limita con Nahuel Huapi, un gran lago glacial rodeado de montañas de los Andes.


Allí, ese afluente donde bebe el Limay su agua clara que no teme al turbión que los mapuches llamaron Cururú-lenvú (Río Viejo) que produce el prodigio de la nieve en la altura y las auroras y ocasos únicos.


San Carlos de Bariloche une a su condición de auténtica y virgen naturaleza y la majestad de sus silencios, el ruido de la intervención del hombre, admirando  su arquitectura semejante al estilo alpino de Suiza y su producto único, el   chocolate, que se vende a propios y extraños en múltiples  tiendas.


También es una base popular para el excursionismo y el esquí en las montañas cercanas, y para explorar los alrededores del Distrito de los Lagos.


Desde 1553 en que llegara don Francisco Villagrán hasta el gran lago, verificando la existencia del reinado del Arauco, hasta el arribo del Perito Moreno en 1876 ha ido acrecentando paulatinamente el interés por conocer su extraordinaria imponencia.

En materia de infraestructura, Bariloche fue creciendo,  desde su fundación en 1895 por Carlos Wiederhold un comerciante alemán llegado desde el Sur de Chile, para instalar un almacén de ramos generales, casa de comercio llamada “La Alemana” en lo que es hoy el Centro Cívico.


 Ese señor santificaría su nombre de pila para el bautismo de la ciudad, llamándola “San Carlos de Bariloche”.


“El de Bariloche” coinciden los expertos, es una deformación del término indígena “vuriloche” que signicaba: como aquellos que viven del otro lado de la montaña.


Recién en 1940 fue instalado el primer servicio aéreo.


Las agujas naturales del cerro Catedral se divisan desde distintos ángulos a la distancia y a los pies de un cielo despejado, el lago con sus aguas frías y placenteras, más la isla del Tigre que hizo exclamar a Victoria Ocampo. “Si no hubiera sido más que el lago, ya sería extraordinario (refiriéndome al paisaje), si no hubiera más que montañas o que los árboles o que la luz... se no ha dado todo a la vez”.

Hacia el sur y oeste, saliendo por agua desde Bariloche se divisan las cumbres del cerro Otto, del Catedral y otros conos de nieves eternas y ríos de hielo.

Las embarcaciones pasan cerca de las islas Huemul y Gaviota donde un paisaje contradictorio se combina desde lo agreste hasta la selva tupida salpicada de lagunitas y cascadaspara arribar a Puerto Pañuelo. De allí rodea la península de Llao - Llao pasando por el islote Centinela, donde descansan los restos del perito Moreno y su esposa.

Uno de los lugares más espectaculares del Parque Nacional Nahuel Huapí , es la isla Victoria, donde crecen árbloes seculares, alcanzando algunos una altura oscilante entre 15 y 30 metros, y por fin en el extremo sur de dicha península de Quetrihué, hay un bosque de arrayanes, declarado monumento nacional y único en el mundo.

En síntesis Bariloche es para visitarlo en cualquier estación del año y así disfrutar de sus cambiantes paisajes en un marco de belleza inagotable.

 

 

Bibliografía:

Bariloche. Publicación del diario La Capital en su edición del del 9 de marzo de 1997.

 

Bariloche. Cortada. Topografía:

Corre de N. a S. entre las calles Vera Mújica y Crespo, desde Amenábar hasta Garay, a la altura de Gaboto 3200.

Carece de designación oficial.

Recuerda uno de los centros turísticos más pintorescos del sur argentino.