AZURDUY JUANA (1781 – 1862)

Nos dice Miguel Angel De Marco: "Juana Azurduy fue una estrella fugaz en el firmamento de la emancipación americana".

En efecto, mientras Chuquisaca celebraba el aniversario de su revolución, agonizaba en su pobre lecho, olvidada de los hombres, con la sola compañía de un niño, la heroína de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juana Azurduy de Padilla, teniente coronel del ejército argentino. Era el 25 de mayo de 1862.

De esa situación reitera Pancho O´ Donnell: "Vivió demasiado; 82 años. El destino quiso que se muriera un 25 de mayo; un joven minusválido que la acompañaba informó a las autoridades de Chuquisaca... Pero no hubo honras para la teniente coronela, porque todos estaban ocupados en la conmemoración de la fecha patria".

Es como uno de los tantos hombres y mujeres que la Patria no le rinde el homenaje y los honores merecidos por sus hazañas.

Juana Azurduy, no brilla en los himnos, ni en la memoria de las aulas, y nadie recuerda en las efemérides sagradas, el fuego de las glorias vividas por esta mujer valiente, leal, justiciera y amante de la libertad de América."

Ni Chuquisaca premió a su hija dilecta, ni recordamos que Belgrano se inclinó ante ella en el campo de batalla y le ofreció su espada o que Simón Bolívar la llamó "heroína".

Había nacido el 12 de julio de 1788, de padre español, se cree emparentado con hidalgos y de madre "chola", natural de Chuquisaca.

Así Juana, fruto de dos razas esforzadas y valientes, de rostro color mate, y dominadores ojos, fuerte como la tierra americana, dotada de una fuerte imaginación y de un corazón al que no llegó nunca el desaliento, soñó desde muy joven con hazañas heroicas que liberasen a su Patria, de un régimen que para los nativos, se mostraba opresivo.

La muerte temprana de sus padres la dejó junto a su única hermana, hundida en una soledad dolorosa, entrando así en el convento de Santa Teresa, aunque por su carácter no se avino con los votos del claustro, tenía espíritu guerrero, prefería a San Ignacio de Loyola, el capitán de las milicias de la Iglesia o San Miguel, el guerrero o a San Luis, el cruzado.

Los altos muros del convento quedaron atrás, cuando encontró a un antiguo amigo de su niñez, Manuel Ascencio Padilla, con quien consolidó sus aspiraciones de mujer y sus necesidades de liberar a las tierras chuqueñas como lo hiciera el levantamiento de Tupac Amaruc en 1780, como Dámaso Catari, descendiente de los Incas, sacrificado por sus ideas libertarias.

Al estallar el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca la gesta emancipadora y el 16 de julio en La Paz, se embanderaron Juana y su esposo, espada en mano, para conseguir un mundo mejor, para los hijos de estas tierras.

El 14 de setiembre de 1810, Cochabamba proclamó su adhesión a la Junta de Buenos Aires y Padilla recibió el título de comandante.

Sus cosechas y sus recursos las dispuso para el ejército argentino, participando en los combates de Salta y Tucumán.

Juana, dejando a sus hijos, custodiados y protegidos, se enroló en el ejército, actuando en Vilcapugio y Ayohúma, junto a Belgrano. Acompañó más tarde a Arenales, Warnes, Güemes y otros, en una época en que los hombres monopolizaban la política y la pelea en los campos de batalla, esa mujer estoica y bravía se atrevió a empuñar el sable y a conducir soldados en jornadas gloriosas y días de dolor.


Los Padilla harían suya la guerra sin más trámites exhibiendo en sus tropas los colores patrios desde las vestimentas e insignias. Para ellos resultaba coherente y justa la posición del Gral Belgrano y se resistían a aceptar las órdenes venidas desde el gobierno abajeño, como llamarían al centralismo porteño.
Esa mujer estoica y bravía se atrevió a empuñar el sable y a conducir soldados en jornadas gloriosas y días de dolor.
Juana Azurduy de Padilla, su labor ciclópea, sólo comprensible dentro del marco de grandeza común en que se desenvolvían los hombres de su época hoy la Patria no le rinde el homenaje y los honores merecidos por sus hazañas.


No brilla en los himnos, ni en la memoria de las aulas, y nadie recuerda en las efemérides sagradas el fuego de las glorias vividas por esta mujer valiente, leal, justiciera y amante de la libertad de América.”


Ni Chuquisaca premió a su hija dilecta, ni recordamos que Belgrano se inclinó ante ella en el campo de batalla y le ofreció su espada o que Simón Bolívar la llamó "heroína”.

Bibliografía:
O´Donnell, Pacho: “Juana Azurduy. La teniente coronela” Edit. Planeta
Vega, Roberto: Art. “Juana Azurduy: Un olvido de la patria grande” La Capital, Rosario, 5 de agosto de 1994.

Azurduy. Pasaje. Topografía:
Corre de E a O desde el 6100 al 6199, entre las calles Garzón y Barra, paralela a la calle White.
Se le impuso ese nombre por Decr. 4673 del 16 de septiembre de 1977.
Recuerda a Juan Azurduy (1781 – 1862), patriota de las guerras de la independencia, que con su esposo Manuel Asencio Padilla, luchó desde el desastre de Ayohuma en varias contiendas. Junto a Sucre libertó el Alto Perú.