AZCUÉNAGA MIGUEL de (1754 - 1833)

Naciió en Buenos Aires el 4 de junio de 1754 en un hogar de alto nivel social y económico emparentado con virreyes y fue enviado a Málaga (España) en su temprana edad a fin de cursar estudios primarios y secundarios. A los 20 años regresó a la patria, donde comenzó la carrera militar.

Prestó servicios en la guarnición de su ciudad, y hasta salió a la campaña para batir a los indios.

Fue regidor del Cabildo, alférez real, alcalde de segundo voto y síndico procurador general.

Buenos Aires le debió por entonces, muchísimas mejoras materiales y obras de embellecimiento, entre ellas, el empedrado de algunas calles y la transformación de la ciudad en el aspecto edilicio, al levantarse casonas de cierto valor artístico y arquitectónico.

En 1806, para las invasiones inglesas estuvo frente a 400 voluntarios urbanos, revelando coraje, decisión y energía, y en 1807 participó en la defensa contra las tropas de Whitelocke.

La Primera Junta de Mayo de 1810 lo eligió vocal, reconociendo sus virtudes como hombre comprensivo del destino de su pueblo.

Dentro de la misma su pensamiento tendría  concordancia con el ideario de Moreno, aunque más conciliador.

Los viajes lo habían pulido. Comprendía muchas cosas y creía en la paz, el honor y los principios soberanos de la nacionalidad.

Su espíritu pacificador revelaba la discreción de un estadista práctico.

En 1812 los problemas de orden institucional continuaban, el Cabildo solicitó al Triunvirato la necesidad de crear la gobernación intendencia para Buenos Aires, y  don Miguel de Azcuénaga,sería designado el 12 de enero de ese año en    el área de Leyes de Indias, ordenanzas de Intendencia, Policía, Hacienda, Justicia y Guerra.

La historia le otorgó el honor de confirmar en el cargo de Comandante en jefe para las fuerzas de la Capital al coronel don José de San Martín; como coronel del Regimiento N° 2 al coronel Carlos María de Alvear y como jefe del Estado Mayor General del país al coronel Martín Rodríguez.

En 1828, el gobernador Dorrego lo nombró con el almirante Guillermo Brown y el general Tomás Guido para practicar el canje de lo convenido en el tratado de paz con el Brasil y para ello debió trasladarse a Montevideo siendo ya un anciano venerable.

Ya en sus últimos años como rincón de entretenimiento ,concurría con asiduidad a la tertulia literaria del Dr. Olaguer Feliú, abteniéndose de participar en las conversaciones literarias ni discutir las cuestiones administrativas, que conocía en profundidad.

Don Miguel de Azcuénaga  alto y grueso empero marchaba con agilidad aunque  en el ocaso de su vida comenzó a notarse su fatiga en el habla.

Un año antes de morir, estampó esta notable frase, que delineaba su grandeza: "Si el físico octogenario, por orden natural ha disminuido, mi espíritu ha aumentado su vigor, y vivifico mis desfallecidas fuerzas para poder ofrecer a mi patria el último aliento que me resta".

El 19 de diciembre de 1833, faltando poco tiempo para cumplir 80 años falleció en su quinta de Olivos.

 

Bibliografía:

Amadeo, Octavio: "Vidas argentinas." Buenos Aires, 1934.

Jaben, Jacinto: "Biografías argentinas y sudamericanas." Tomo I.

González Arrili, Bernardo: "Historia de la Argentina." Tomo I. Pág. 361.

 

Azcuénaga. Calle. Topografía:

Corre de E. a O. al Sur de las vías del Ferrocarril Mitre desde el Bv. Wilde al arroyo Ludueña.

Es límite entre los barrios Fisherton y Antártida Argentina.

Se le impuso ese nombre por Ord. 25 del año 1920.

Recuerda a Miguel de Azcuénaga (1754 - 1833), patriota de la Independencia, miembro de la Primera Junta de Gobierno.