AYOLAS JUAN DE (1493 - 1538)

El río oscuro borbotó desde las entrañas de sus costas. Hombres extraños habían llegado en su búsqueda. Era el tiempo de la venida del hombre blanco. En efecto desde las primeras expediciones arribadas a comienzos del siglo XVI, el río se constituyó en el eje por el cual penetraron los conquistadores europeos

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Así llegó al Río de la Plata en enero de 1536, la expedición de don Pedro de Mendoza y después de reconocer ambas orillas, el 3 de febrero fundaría el puerto de Santa María del Buen Aire, confiriéndole una sugestiva apariencia de leyenda: chozas, corrales, talleres, depósitos y capilla en torno a un espacio central abierto a guisa de plazoleta cruzada por soldados, frailes, y 72 caballos (que habían logrado sortear las penurias de la navegación transoceánica), mientras su jefe no descendió nunca de la nave capitana.


Ese asentamiento hispano fracasaría frente a la población nativa, por efecto de las balas cambiadas por flechas, por el dominio sobre alguna mujer, nuevos miedos de las alimañas y fatalmente la hambruna.


No tardaron en romperse las relaciones amistosas entre los querandíes y los blancos surgidos del mar, conflicto que culminaría en un enfrentamiento mortal entre arcos, flechas y lanzas y arcabuces, ballestas y espadones.


Al ver que la situación empeoraba, el Adelantado envió a su hermano Gonzalo hacia el Brasil en busca de provisiones, mientras que a Juan de Ayolas con tres naves, a remontar el Paraná buscando la ruta hacia "la Sierra de la plata".


Éste, lejos del desastre y ajeno del exterminio de los hispánicos en Buenos Aires, navegó río arriba con 270 tripulantes por el río Carabelas, el arroyo de las Tortugas y el ancho Paraná en demanda de los timbúes que habían diezmado Sancti Spíritu, hasta encontrarse casualmente con Jerónimo Romero - antiguo marinero de Gaboto - quien había logrado la buena voluntad de los indígenas.


Desistió Ayolas de continuar hacia el norte fundando un nuevo asentamiento que llamó Corpus Christi, el 15 de junio de 1536. Lugar donde la pacífica relación con los naturales, le permitió regresar a Buenos Aires con las bodegas repletas de alimentos.


Por entonces, Mendoza estaba a punto de partir para España, pero el entusiasmo de aquél, hizo que prorrogara el regreso embarcándose con 400 hombres rumbo al Carcarañá dejando atrás el infernal asiento del estuario barroso donde las alimañas, los pastos y los desperdicios fueron los habituales alimentos de esa gente acosada continuamente por el griterío de las indiadas ensoberbecidas.


A pesar, según Schmidel que: "ya no podía mover ni manos ni pies" el 15 de septiembre de ese año fundó un nuevo fuerte que llamó Buena Esperanza, lugar donde dejó a Ayolas con el cargo de teniente gobernador con la misión de encontrar el feudo del "Indio Dorado".


Éste decidió dirigirse hacia el norte con ciento treinta voluntarios de probada fuerza pues debían remontar los dos bergantines a remo, a vela, tirando de la sirga o a pie entre costas barrosas y empinadas bajo un sofocante clima de octubre. Así remontó el río Paraná y Paraguay hasta llegar el 2 de febrero de 1537 a un puerto que llamó Nuestra Señora de la Candelaria.


La magnética atracción del metal precioso como era el oro, otra vez hizo a Ayolas lanzarse hacia el oeste dejando a Martínez de Irala al mando de unos pocos hombres (entre ellos el cronista Ulrich Schmidel, con la orden de esperarlo cuatro meses).


La aventura de Ayolas fue un verdadero vía crucis pues duró trece meses. Según datos orales es probable que hubo llegado hasta los contrafuertes andinos porque al regresar a la Candelaria portaba muestras de oro y plata.


A su llegada solo encontró desolación y muerte decidiendo construir arrimadizos de paja en que guarecerse.


Los indios payaguás, resentidos por los abusos de Irala y codiciosos del cargamento e oro y plata lo exterminarían.
Sábese perfectamente por declaraciones de indios que intervinieron en aquellos hechos que entre marzo y abril de 1538, "volvió con el oro que buscaba más la traición salvaje acabó con él y su gente”.

 


Bibliografía:
Gandía Enrique de: "Historia del Gran Chaco." Madrid - Buenos Aires, 1929.
Gandía Enrique de: "La ciudad encantada de los Césares." Buenos Aires, 1932.
Lafuente Machain Ricardo de: "Los conquistadores del Río de la Plata." Buenos Aires, 1943.


Ayolas. Calle, Topografía:
Corre de E. a O. desde 200 Bis al 5699, a la altura de 1° de Mayo 3300; Av. Francia 3300 y Av. Roullón 3400.
Se le impuso ese nombre desde su apertura, designación ratificada por la Ord.3 del año 1958.
En 1958 se le sustituyó la denominación de República Oriental del Uruguay, y en 1962 por Decr. 28003 se le restituyó el nombre primitivo de Ayolas al tramo comprendido entre las Av. Belgrano y San Martín, conservando el de Uruguay el tramo que se extiende desde la Av. San Martín hacia el Oeste.
Recuerda al expedicionario Juan de Ayolas (1493 - 1538), que llegara al Río de la Plata acompañando al adelantado don Pedro de Mendoza.

El actual Hogar de Ancianos situado en Ayolas 141 fue inaugurado en 1889 como Asilo de Mendigos y Dementes.