AREGUÁ (población paraguaya)

La vida en Asunción, en el siglo XVI, estaba animada por dos grandes espíritus: uno era el de la aventura y otro era el de la política. El historiador y el crítico, al analizar las existencias de aquellos conquistadores, no sabe cuál de esos dos espíritus era el más fuerte – expresa Enrique de Gandía en la Historia de Levillier. La ilusión de avanzar en el Chaco infinito y llegar hasta la “tierra rica” era poderosa, pero igualmente poderoso era el deseo de disfrutar del mando de la Asunción. Mientras unos se inclinaban por la aventura y otros por la política, sólo un hombre, Domingo de Irala, unía las dos ambiciones y sobresalía en ambas. Tenía el poder y, al mismo tiempo, quería sondear el misterio. Para ello no le importaba eliminar a sus enemigos o competidores, como ocurrió con Alvar Nuñez, que después de estallar un motín entre los conquistadores el adelantado fue hecho prisionero y un año después, trasladado a España bajo la injusta acusación de sustituir las armas del rey por las propias y de querer proclamarse rey de estas tierras.
Desaparecida la ilusión de la Sierra de la Plata, porque al llegar Irala con sus tropas a las primeras serranías del Perú, advirtió que la región estaba ocupada por otros españoles, su mente recreó una nueva ilusión, tan extraordinaria como la anterior: la del Dorado y las Amazonas.
El doble juego de la aventura y la política volvieron a tomar forma en el viaje de Irala al Chaco, emprendido el 18 de enero de 1553, con ciento treinta hombres y dos mil indios de su confianza, dejando como lugarteniente a Felipe de Cáceres.
Irala en esa incursión, llegó al puesto de San Fernando todo inundado y luego avanzó hacia el oeste doscientas leguas. No quería llegar al Perú para que su gente no huyese a otra gobernación. Buscaba el Dorado, la tierra rica, las amazonas, pero toda la travesía fue estéril porque en el viaje de regreso murieron miles de indígena amigos. Solo se descubrió, a instancias de su compañero de desventuras, Hernando de Salazar, la provincia, has entonces ignorada, de los indios itatines.
El antiguo historiador, Ruiz Díaz de Guzmán llama a esta empresa “la mala entrada” pues a nada condujo.
De regreso a la Asunción en octubre de 1534, llegaron castas del Brasil, anunciando el viaje del portugués Bartolomé Justiniano, portador del nombramiento de Irala, como gobernador.
En ese puesto, Irala fundó la población de Aregua próxima a la Asunción, dando a esta última categoría de ciudad al instalar nuevamente el Cabildo que él mismo había creado y había disuelto Alvar Nuñez..
Irala tenía previsto poblar la región, pacificar a los indios y junto con el obispo, planeaban lanzarse a descubrir las Amazonas
Proyectos que se vieron truncados porque en forma inesperada lo sorprendió la muerte el 3 de octubre de 1556.
Hasta sus enemigos se sintieron conmovidos y sus restos fueron honrados por sus numerosas hijas mestizas, yernos, autoridades y su dilecto amigo el obispo fray Pedro Fernández de la Torre.
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Bibliografía:
De Gandía, E.:
“Creación y conquista de las provincias del Río de la Plata y del Paraguay (1534 –1573).” Historia Argentina de Levillier, Tomo I.


Aregua. Pasaje. Topografía:
Corre de N. a S. entre las calles Pasco y Cerrito, paralelo a la calle Barra, en el barrio Urquiza.
Se el impuso el nombre por Decr. N° 4664 del 16 de septiembre de 1977.
Recuerda a la localidad del Paraguay, próxima a Asunción, fundada por el conquistador Martínez de Irala y que se llamaba “Jardín de los asunceños”