ARAUCANO

“Al sur de Chile se extiende un país cuya topografía no puede ser más accidentada y hermosa” expresa Estanislao Zeballos en “La conquista de quince mil leguas.”


Llanos extensos aquí, como los que los mapas señalan con el nombre de Hipinco, allá selvas colosales y vírgenes de una vegetación antártica donde encontramos el roble, las araucarias, los pinos... y al oeste los Andes nevados.


Tal es el panorama del país que era llamado por los indios, "Raullcó” Raull por detenido y có por agua, que significa “país de los pantanos.”


Alonso de Ercilla en su poema épico “La araucana” (1569) dio fama a los aborígenes de esa tierra sureña. Los araucanos, propiamente dichos, que se nombraban así mismos  “mapuches”, ocupaban en el momento de la conquista de Chile por Pedro de Valdivia (1540) el territorio comprendido por los ríos Italta y Tolten, más al sur de “los huiliches y cuncos” también de habla araucana pero de costumbres diferentes.


Fueron excelentes guerreros capaces de corregir sus propias tácticas de ataque con el ejemplo de sus enemigos.


Lautaro, uno de sus jefes más brillantes, cuyo nombre fue elegido por los patriotas americanos como símbolo de libertad; había sido prisionero de los españoles y al conocer sus recursos, propuso a los suyos un nuevo plan de combate: sustituyó el ataque en masa por sucesivas oleadas de guerreros en embestidas violentas, cueles y fatigosas.


Marcelino Menéndez y Pelayo, se refirió a esa dura resistencia al avance español “Una tribu de bárbaros heroicos gastó allí los aceros y la paciencia de los conquistadores y manteniendo el país en estado de guerra perpetua, determinó la peculiar fisonomía austera y viril de aquella colonia.”

Una vez independizado Chile, el histórico estado araucano fue respetado hasta que a mediados del siglo XIX comenzó una nueva conquista: “La sumisión de este pueblo al gobierno chileno  a partir de 1881”.

En cuanto al  lenguaje araucano, no tan perfecto y desarrollado como el quechua  fue admirable por la índole descriptiva de sus voces.


El escritor Eduardo Gutiérrez dijo  “Lo primero que ha de llamar la atención es la correlación que guarda la lengua araucana con el carácter moral y físico de los hombres que la emplean, robustos, reflexivos, bravos e indómitos”...


Los araucanos argentinos  fueron en sus orígenes un conglomerado de ándidos mapuches, huápidos montañeses y patagónicos, pampeanos ubicados al N. del río Negro.


Fueron exterminados por el Gral. Roca 1879, en la Conquista  al Desierto. El proyecto original planificaba una fosa de730 kilómetros, pero antes de poder concretarlo, Alsina murió y fue reemplazado por el joven general Julio A. Roca. La política desarrollada por Alsina había permitido ganar unos 56 mil kilómetros cuadrados, extender la red telegráfica, la fundación de cinco pueblos y la apertura de caminos.

El nuevo ministro de Guerra, el General  Roca aplicaría un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática.


Favoreció a dicha estrategia una epidemia de viruela que diezmó a los indios, la comunicación brindada por los recientemente instalados telégrafos, la extensión de los ramales ferroviarios y la importación de fusiles Remington.

La primera parte de su campaña se llevó a cabo en 1878 y la segunda al año siguiente. En un principio fueron enviadas partidas de desgaste, que atacaban las tolderías y poblados indígenas, tomando prisioneros a los caciques más importantes. Cientos de indígenas fueron muertos y miles fueron tomados prisioneros.

La segunda parte estuvo comandada directamente  por Roca y fue prácticamente un paseo porque las principales tribus estaban ya aniquiladas. La expedición partió entre marzo y abril de 1879.


Seis mil soldados fueron distribuidos en cuatro divisiones que partieron de distintos puntos para converger en Choele Choel.


Las columnas centrales, al mando de los coroneles Nicolás Levalle y Eduardo Racedo, entrarían por la pampa central y ocuparían la zona de Trarú Lauquen y Poitahue.


En seis años habían muerto más de 2500 indígenas. La población autóctona fue reemplazada por colonos, permitiendo la ley la instalación de latifundistas ausentes. ¿Qué significa esto? Grandes extensiones de tierras en manos de unos pocos que ni siquiera vivirían en el territorio, sino que lo administrarían desde Buenos Aires.


La cultura indígena fue desintegrada, borrando su sentido de identidad, sus caciques fueron muertos o encarcelados, sus cementerios fueron profanados y la mayoría de los prisioneros (alrededor de 14.000) fueron confinados en reservas o trasladados para servir como mano de obra barata en ingenios azucareros y obrajes madereros.


Las familias fueron separadas, utilizando a las mujeres y a las niñas como sirvientas en casas acomodadas de la ciudad. Un verdadero genocidio se había perpetrado.

 

Bibliografía:

Canals Frau: “Las poblaciones indígenas de la Argentina” Edit. Sudamericana. Bs.As. 1953.
Menghín, O: “Estudios de prehistoria araucana. Studia prehistórica”. Tomo II.  Bs.As. , 1962.

Araucano. Pasaje. Topografía:

Corre de N. a S. desde el 200 Bis al 299 Bis, a la altura de Junín 2500.

Carece de designación oficial.Recuerda  al pueblo indígena que habitó en la región andina.