APOLO

Los griegos tenían numerosas deidades, como en todos los pueblos antiguos.

Les faltaba  el sentido de lo infinito y de la eternidad y no concebían un Dios único por el cual la tierra no es sino un peldaño y el cielo es la vida después de la muerte.


Toda fuerza de la naturaleza: el aire, el sol, el mar; eran para ellos, una deidad. Y cada uno de esos dioses tenían un figura propia y atributos. Así lo imaginaron sus fieles y como los representaron los escultores.


Apolo dentro del Olimpo fue un dios privilegiado pues era el dios de los pastos, de los rebaños, de la salud, de la juventud, de los ejercicios corporales, de la poesía, de la música y de la profecía.


El más poderoso de todos, “Zeus” el dios del cielo y de la luz, se enamoró de Leto (Latona) hija de un titán.  Hera para vengarse de ella por el amor que había inspirado a su esposo, concitó en su contra a la serpiente Pitón, monstruo terrible, nacido del limo que había dejado las aguas del Diluvio.


La serpiente la perseguía sin darle punto de reposo, ni Latona podía encontrarla porque Geo, la tierra, negó todo asilo a la fugitiva; hasta que ésta llegó a orillas del mar donde Neptuno o Poseidón la condujo a una isla flotante que él mismo afirmó como refugio seguro.


Allí a la sombra de un olivo, dio Latona a luz dos mellizos, hijos de Júpiter Apolo o Febo hermoso como el sol y Diana o Artemisa graciosa y serena como La Luna.


La serpiente Pitón se había establecido en una llanura al pie del Parnaso, en la Fócida, donde después se edificó la ciudad de Delfos.


Apolo la mató con sus flechas, vengando así a su madre, donde  se erigió el oráculo que tanta fama había de tener en toda Grecia, y en recuerdo de su victoria plantó u laurel, cuyas hojas fueron desde entonces el emblema de la victoria.


Cupido un día disparó una flecha con punta de oro que fue a clavarse en el corazón de Apolo, quien al punto se enamoró de la ninfa Corónide, con quien tuvo un hijo  Asclepíades o Esculapio, tan hábil en el arte de la medicina que resucitó a Hipólito, hijo de Teseo, rey de Atenas y Plutón temiendo que dejara vacíos los infiernos se quejó de ello ante Júpiter quien fulminó con un rayo a Esculapio.


Apolo desesperado se refugió en la corte de Admito, rey de Tesalia quien le confió la guarda y pastoreo de sus rebaños. Para distraerse perfeccionó la flauta, inventó la lira y adquirió habilidad en el arte de la música.


En su peregrinación sobre la tierra, Apolo encontró a la ninfa Dafre de quien se enamoró y a quien su padre meta morfó en laurel, es por eso que el Dios quiso llevar por siempre su testa ceñida de laureles.


Cumplido el año de destierro, Zeus su padre le dio el honroso encargo de guiar el carro del Sol.


Satisfecho de la destreza con que su hijo guiaba el Carro del Sol, le confió en premio, la agradable misión de cultivar todas las artes del entendimiento humano, acompañado de las nueve Musas, cada una de las cuales tenía un particular talento.
 

 

Bibliografía:

Enciclopedia Universitas. Tomo II.  Salvat Editores, 1959.

Aubert A., Durif F.: Edit. Kapelusz. 1962.

 

Apolo. Pasaje. Topografía:

Corre de E. a  O.  de 1900 a 1999,  a la altura de Spegazzini 4100.

Carece de designación oficial.

Recuerda al dios griego Apolo.