ALMAFUERTE (PEDRO BONIFACIO PALACIOS) (1854-1917)

En la localidad de Chacabuco, poco después de la prolongación del ferrocarril transandino Buenos Aires al Pacífico, dos maestros se abrazaron frente a la Escuela Elemental de Varones Nº 2.


Aquellos dos grandes de la justicia y del progreso eran Domingo Faustino Sarmiento y Pedro Bonifacio Palacios, cuyo seudónimo de Almafuerte coincidía con el temple de su alma,  fuente de donde brotaba tan pronto el lamento como la admiración.


Almafuerte nació el 13 de mayo de 1854 en San Justo, provincia de Buenos Aires, en un hogar de clase media.


Tenía el rostro de español mestizado, curtido por los soles de la pampa, que le conferían dignidad y aplomo. Tenía una bondadosa  sencillez. Era generoso, cordial y con plena comprensión hacia todos.


 A los cinco años cuando falleció su madre, doña Jacinta Rodr{iguez, debió enfrentar estrecheces económicas que con valentía aceptaba tomar mate de yerba con cedrón que obtenía de una lata convertida en maceta, acompañado con abundante pan. 


Cada tanto el vecindario sacaba su hambre, con algún plato de comida caliente.


Ellos percibían en el niño primero y adolescente después, el afán estético de la verdad y la hombría.


 A los dieciséis años  inició su labor docente en un colegio común como ayudante de la Escuela Elemental de varones de la Parroquia de la Piedad, luego fue enseñante de Escuelas del estado en Rivadavia, Saavedra y Piedad.


Aunque Sarmiento le diera su espaldarazo después de escucharle dar clase en el rancho que hacía de escuela, siguió predicando su evangelio civilizador en distintas escuelas de la provincia bonaerense hasta establecerse en 1894, en Trenque Lauquen a impartir filosofía, historia, religión, literatura y otras materias.


Una resolución de la Dirección  Gral. de Escuelas lo separó de su cargo y vocación con prohibición de actuar en cualquier escuela de la provincia, en razón  de que carecía de la formación normalista exigida, porque habíase hecho maestro de escuela pueblerino, maestro que alguna vez de puro pobre debió envolverse en la lanilla de la bandera nacional para dormir con menos frío.


Resolución falaz, después de tantos años de docencia y convivencia  con las carencias de los caídos y de los negados.


Largo fue el camino recorrido en cuarenta años como maestro y periodista de aldea.


Su obra literaria no fue ni extensa ni  variada, pero profundamente espiritual. Sus  dos mejores poemas son: “El Misionero” que tiene el significado de una alegoría autobiográfica y “La inmortal” pintura  del pueblo con sus angustias y desgarros que había escuchado, interpretado y asimilado en su interior.


Entre sus composiciones poéticas figuran “Confitero Deo” “Jesús” “Olímpicas” “Cristianas” “Llaga poéticas” “Dios te salve” y otras donde que quedaron sin firmar, tal vez pensando que descubrirían su identidad tal cual se puede conocer una planta con sólo  observar sus hojas.


El plural de su apellido era un absurdo: Palacios, pues vivió  al final  de su vida recluido en su casucha platense con el único lujo de una hamaca de esterilla, cuando los poderosos, en general, lo desconocían y lo hostilizaban, sólo contando con algunos  amigos que le serían fieles ayudándole  a subsistir.


“Almafuerte había nacido el 13 de mayo en el partido de La Matanza, y casi nunca halló en los burócratas de la ciudad, otra cosa que ignorancia y hostilidad”. -


Palabras inscriptas en una necrología declarada a los dos días de la muerte del gran poeta.

almafuerte.html

 

Bibliografía:
González Arrili Bernardo: “Historia de la Argentina, según las biografías de sus hombres y mujeres”. Tomo X. Pág.3645.  
Abad de Santillán Diego: “Gran Enciclopedia de la provincia de de Santa Fe” Editorial Ediar.  Tomo I. Buenos Aires, 1967.

Almafuerte.  Calle.  Topografía:
Corre de E. a O. entre las calles Reconquista e Ingenieros, desde la calle Tuella a la de Angelis, en los barrios Lisandro de la Torre y Empalme Granero.
Se le impuso ese nombre por Ord. 1 del año 1917.
Recuerda al poeta Pedro Bonifacio Palacios (1854-1917) más conocido por su seudónimo de Almafuerte.
Anteriormente se llamaba Calle 10.
El 20 de marzo de 1938 sobre el frente de un edificio situado en la esquina NE. de la calle Almafuerte y Av. Alberdi, se descubrió una placa en homenaje a Almafuerte que concibió el escultor Herminio  Blotta y donó la Biblioteca pública “Estímulo al Estudio.”