ALDAO CAMILO (1822-1892)

Corría el año 1822... El Pago de los Arroyos estaba bajo el gobierno autónomo del brigadier Estanislao López, autonomía conseguida a costa de siete años de devastaciones, luchas, incendios y saqueos, donde el único verdaderamente autónomo era el gobernador.

Si bien se admitían en la Legislatura provincial (inexistente en tiempos del rey) presuntos representantes de Rosario, éstos eran vecinos de Santa Fe indicados por el mismo López, investido de facultades extraordinarias.

En ese clima socio- político, nació el 18 de julio, don Camilo Aldao. Coincidentemente en ese mismo año nacía también don Nicasio Oroño. Hombres los dos que sintieron el  mismo afán de ser útiles y benefactores a su terruño y a la provincia de Santa Fe.

Don Camilo Aldao desde el ejercicio de la política tuvo una clara visión de urbe organizada, así integró el Tribunal ce Comercio de Rosario en 1854.

 

El 23 de febrero de 1868, fue designado jefe del Poder Ejecutivo Provincial provisorio,  justo el  día que  terminaba Oroño su período legal. Prestó juramento ante la Legislatura y, como ésta carecía de quorum legal, prestó nuevo juramento. Una vez llenado este requisito exigido por el comisionado nacional, doctor E. Costa, en ese mismo mes quedó reconocido por las autoridades de la provincia y de la Nación.

El gobernador Aldao continuó en el ejercicio de sus funciones, como interino, hasta el 7 de abril, en que, reunida la junta electoral, sería nombrado gobernador constitucional don Mariano Cabal.

Siempre supo descender desde la altura de sus convicciones para abrir una mano leal a sus rivales, cualidad no correspondida porque durante la gobernación de Servando Bayo en 1871, sabiéndolo adversario declarado, fue injustamente apresado y remitido a la Capital Federal para su juzgamiento, donde las autoridades nacionales lo absolvieron decretando su inmediata libertad

Aldao mantuvo correspondencia con Mitre y en una de sus cartas expresaría  la rectitud de sus procedimientos: “Se ha abierto mi corazón, Gral. Mitre, al decir que si bien no soy conocido como hombre ilustrado, lo soy en Buenos Aires en el alto comercio, como hombre honrado que ha llenado su deber.”

 

Era un vecino respetado en todos los ámbitos sociales y perteneciente a una burguesía ilustrada abrió a la ciudad la presencia de otros mundos.

En efecto  sería el primer habitante de Rosario que hizo  construir allá por 1870 una casa de dos pisos, sobre calle Santa Fe casi Buenos Aires, frente a la Plaza 25 de Mayo, a metros del Palacio Municipal y de la  Catedral. La casona se recortaba señorial, sobre el paisaje despojado de una urbe en ciernes. Ornada con columnas, estucos, mármoles y pisos barrocos  fue la primera con baño a la inglesa, al lado de los dormitorios, para poder bañarse en invierno – según expresa su hija Elvira Aldao de Díaz en su obra “Recuerdos de antaño” Edit. Peuser 1913.

Otra de sus viviendas  que hoy todavía existe, fue  declarada por la Municipalidad, patrimonio de la ciudad - está ubicada en Juan Manuel de Rosas 948.

En el interior de  su mundo doméstico predominaba la figura paterfamilia, al igual que toda sociabilidad de la época, donde los hombres dinamizaban los negocios y la política. Sin embargo en algunos  casos aislados, las mujeres de estos linajes ingresaron  de manera fragmentaria en el campo de las letras y la política, como acontecería con su hija Elvira Aldao de Díaz educada con esmero desde sus días infantiles en Rosario, quien se dio el lujo de viajar y con su espíritu de selección, concurrir a  tertulias,  frecuentar salones donde  la belleza se apreciaba reflejada en el arte, disfrutar de la lectura ininterrumpida  de  libros, logrando  el tono de la mujer que supo  discernir  y dar testimonio de sus vivencias. Escribió con estilo suelto y claro sus recuerdos de juventud y sus observaciones de madurez.

Reflejó en su obra “Hojas secas" la vida aldeana de Rosario a fines del siglo XIX, y la época de tremenda transición de la ciudad.

Dio nueva vida a personajes de la vida argentina un poco olvidados, como Aristóbulo del Valle a quien dedicó un libro,  y a muchos otros que, al pasar recordaba  con sus virtudes y sus defectos, sus luces y sombras, tal cual, sin procurar nunca atemperar su impresión para equivocar a quien la leyera. Su sinceridad desbordante la llevaría a ser la corresponsal epistolar de Lisandro de la Torre, para tratar los más candentes asuntos políticos argentinos, quien en plena lucha hacía un alto para escribirle.

Ella lo estimularía con cuanta palabra hallara en su rico vocabulario, para que persistiera  en la brega ciudadana, tan necesaria para todos, aun para sus propios adversarios.

 

Bibliografía:
Alvarez Juan: "Historia de Rosario." (1689-1939) Bs. As. 1943.

Aldao. Calle. Topografía:
Corre de N. a S. entre las calles Matienzo y Larreta, desde la calle Paso al pasaje
E. Deliot.
Al atravesar el barrio Azcuénaga, en el tramo que va desde calle Mendoza a la de Montevideo, su trazado se encuentra interrumpido.
Se le impuso ese nombre por O. 125 del año 1920.
Con anterioridad se denominó J. M. Drago.
Recuerda al  notable político y comerciante rosarino Don Camilo Aldao (1822-1892)