ALBERDI JUAN BAUTISTA (1810 – 1884)

“Como he vivido fuera de mi país, para estar mejor presente en él por mis escritos, la historia de mi vida bien podría titularse: "Vida de un ausente que nunca salió de su país”  - Juan Bautista Alberdi.


Nació el mismo año que la Patria, aunque algunos meses después el 29 de agosto de 1810, en Tucumán.


Su alumbramiento estuvo signado por la fatalidad, al fallecer su madre Doña Josefa Rosa de Aráoz de Valderrama a causa del parto. Como Rousseau, pudo decir: "Mi nacimiento fue mi primer desgracia".


El niño quedó al cuidado de su padre, Don Salvador Alberdi. En 1816, mientras comenzaba a sesionar el Congreso de Tucumán, Alberdi ingresaba a la escuela primaria que había fundado Manuel Belgrano.


A los once años perdió a su padre, y sus hermanos Felipe y Tránsita se hicieron  cargo de él, quienes gestionaron    una beca para que pudiese continuar  sus estudios en Buenos Aires.


Entonces en 1824, con 14 años, ingresó al Colegio de Ciencias Morales, donde  tenía como compañeros a Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cané -el padre del autor de Juvenilia- con quien comenzaría  una profunda amistad.


Alberdi no soportaba el régimen disciplinario del colegio, que incluía encierros y castigos corporales, y le pidió a su hermano Felipe que lo sacara de allí.


 Logró dejar momentáneamente los estudios formales, pero no la lectura de pensadores europeos, y  mientras trabajaba como empleado en una tienda, leía disfrutando  del placer de leer en la medida que su espíritu le  exigía.
Entre las facetas sorprendentes de su vida, figura la de haber sido intérprete y compositor de música para piano, escribiendo libros tan singulares como El espíritu de la música  y Ensayo sobre un método nuevo para aprender a tocar el piano con mayor facilidad".


Don Alejandro Heredia,  personaje curioso, amigo de los libros, diputado tucumano al Congreso de la Nación, federal a ultranza  contribuiría a los estudios de Alberdi como a los de Avellaneda, Marcos Paz,  Silva y otros jóvenes tucumanos hasta que fue  asesinado, según Rosas " por su excesiva indulgencia con los unitarios".


Benigno T. Martínez en su "Historia de Entre Ríos explica: "Fue en el Colegio Histórico donde los jóvenes empezaron a sentir con mayor frecuencia un nombre que a Roca le resultó familiar: el de Juan Bautista Alberdi, un tucumano ya famoso, que andaba por el Viejo Mundo, cuyas ideas difundía Alejo Peyret, el profesor de Historia y Geografía y cuyas cartas recibía Juan F. Monguillot, otro profesor de los primeros tiempos..."


En 1838 cuando La Legislatura de Buenos Aires invistió  a Rosas de la Suma del poder público, la acción de su gobierno se orientó hacia la eliminación de todo vestigio opositor, marcando con ello  el destierro voluntario de Alberdi de  más de cuarenta años, primero en Montevideo y más tarde en Valparaíso, hasta la caída de Rosas en 1852, donde  escribió el libro “Bases y puntos de partida para la organización política del país”  en el cual postuló dictar una constitución que estableciera la división de poderes, la libertad de culto y el fomento de la inmigración.


Esta obra fue tomada, junto a la Constitución de los EE.UU., por los constituyentes de 1853 para la promulgación de nuestra Carta Magna, y fue el fundamento del programa de gobierno de Urquiza.


Y aunque fue su obra fundamental por la gravitación ejercida a través de las décadas, desarrollaría también otras de gran significación - como "El crimen de la guerra" - una vigorosa denuncia de los horrores de la guerra que alcanzó nivel internacional.


Afirma Alonso Piñeiro. "Escribió en forma tan gigantesca que sus trabajos editados póstumamente ocuparon 16 tomos y realizó además una labor que todavía,  a más de noventa años de su muerte, es en gran parte desconocida por el común de la gente y apenas conocida por los estudiosos, aunque se lo cite con la misma frecuencia  que a los clásicos griegos..., y como a ellos, apenas se lo lea".

En 1855,  Urquiza le  pidió a Alberdi que viajara como embajador a París, para evitar que los países europeos reconocieran a Buenos Aires como estado independiente. Así cumplió esta misión ante la corte de Napoleón III y  ante la reina Victoria de Inglaterra, preservando la imagen de una sola Nación Argentina.


La sensibilidad republicana fue tan grande que protagonizó escenas anecdóticas y pintorescas como ministro argentino, cuando debió aceptar el lujo de las cortes europeas contrario a sus principios.


En el año 1860 fueron sus amigos los que le advertirían de manera sagaz, que el ambiente político era contradictorio y que él comprendió perfectamente  a tal punto que optó por alejarse de la Patria.


Alberdi pensaba regresar al país, pero la Guerra de la Triple Alianza alteró sus planes, él opinaba que esa lucha no tenía sentido y que sólo alimentaba la vanidad de los gobernantes. Declaración muy mal vista en Buenos Aires lo que lo obligó  quedarse en Francia.


En París, los zumos de la vida se le habían gastado por la lucha no siempre comprendida por los demás, y con frecuencia incontrolada por él mismo.


Su salud en 1882, comenzaría a deteriorarse, por su duro reumatismo y una profunda depresión, tanto que los médicos le aconsejaron que fuera al sur de ese país a tomar baños, pero optó por trasladarse a Saint André, junto a su ama de llaves.


Saint André pueblo normando, que hoy  tiene una calle con su nombre sería el refugio donde Angélica Daujé (amiga y asistente) atenuara su largo destierro.


Al final del camino ya viejo, moría en la más solemne soledad el 18 de junio de 1884 refugiado en  la más pequeña  y pobre de las habitaciones de una Casa de Sanidad establecida en Neully - sur - Seine, París., quien había diseñado el perfil republicano de nuestro país.


Pensar que en nuestra ciudad podía haber vivido disfrutando de la naturaleza y de la proximidad del río porque José Nicolás Puccio,  fundador del pueblo, que hoy es barrio de Rosario, quien le impuso su nombre, le regaló la manzana N°23, próxima a la actual plaza Santos Dumont.


 El acta de defunción expedida por el departamento del Sena, Municipalidad de Neully-Sur- Seine, cuya copia redactada en francés y debidamente autentificada se encuentra en el Museo Alberdiano,de la Biblioteca Alberdi de Tucumán, estableciendo como  fecha verdadera de su fallecimiento el 19 de junio de 1884.

 

Bibliografía:

"La paz fue  siempre,  guía y luz en el espíritu de Alberdi". Diario La Razón en su edición del 19 de junio de 1984.

Alberdi Juan  Bautista: "Autobiografía." Edit. Jackson Bs. As.

García Hamilton J.: “Vida de un ausente.” Edit. Sudamericana Buenos Aires.  1993.

 

Alberdi. Avenida. Topografía:

Corre de SE. a  NO.  desde  la Av. Salta a la calle Justo. Tiene una extensión de dos km. y medio.

 Se le dio ese nombre por O.3 en 1905.

En el año 1867 propuso su apertura en línea recta con 50 varas de anhelo el vecino Nicolás Sotomayor. Tuvo como origen el camino al puerto de Arroyito, mandado abrir por la Municipalidad el 22 de noviembre de 1871. Se empezó a pavimentar con macadam en 1890, comenzándose desde la continuación de la calle Salta.

Recuerda  al pensador argentino Juan Bautista Alberdi (1810-1884), autor de las “Bases”.

Con anterioridad se llamó Av. Castellanos.

El prócer del billete
La historia del barrio Alberdi de Rosario se remonta a una carta fechada en Roma el 29 de mayo de 1856, dirigida a su amigo y confidente Juan  María Gutiérrez, a la sazón Ministro de Estado de la Confederación Argentina, en la que decía Juan Bautista Alberdi  - por entonces  representante diplomático de la misma -  después de referirse a gestiones de su misión ante Pío IX y a otras cuestiones y actividades inherentes a su misión,  le decía a manera de emocionada confesión:”En Roma, todo el mundo habita en  la ciudad. En Inglaterra y en Norteamérica, todo el mundo vive en los campos. Por mi parte mi sueño dorado es habitar en algún lugar de nuestras campañas  de América. ¡Ojalá pudiera tener  una bonita quinta cerca del Paraná, o en el Rosario!


La carta de Alberdi parece haber tenido repercusión entre los rosarinos porque, en 1875, a unos meses  de la fundación del Banco Provincial de Santa Fe, el directorio de éste encabezado por Carlos Casado del Alisal, le pide permiso a Alberdi para poner su vera efigie en los billetes que habrá de emitir dicha casa de cambio. La respuesta de Alberdi no se hace esperar, correo y barcos de ultramar.


El sueño alberdiano de vivir en la campaña rosarina nunca se cumplió, pero Nicolás Puccio fundó un pueblo  con el nombre de Alberdi como tributo a quien había orientado en forma definitiva a los constituyentes de 1852 -1853, donándole además una manzana del terreno, designada con el número 23 ,compuesta de 86 metros de frente por igual cantidad de fondo, equivalentes a 100 varas, y  que lindara  con las actuales calles :Alvarez Thomas( al este), Mazza(oeste) Freyre (norte) y Superí (sur), o sea la ubicada al este sobre la plaza Santos Dumont.
La donación que hiciera Puccio a Alberdi no fue caprichosa ya que, precisamente en ese lugar acampó el llamado Ejército Grande, a cuyo frente estaba Urquiza, en su paso por Rosario hacia Caseros, donde fue vencido Rosas.


Información  de este texto:
El Rosario de Satanás. Tomo I. pág. 153 y sig.
Mikielievich  Wladimir: Memorias de Rosario.