AGUSTINI DELMIRA MURTFELDT (1886-1914)

Nuestra  poetisa uruguaya nació  en Montevideo, el  24 de octubre de 188, en una familia burguesa, hija de Santiago Agustini y de María Murtfeldt.
Pese a su entorno fastuoso, fue una niña solitaria, carente de afectos familiares, educada en el propio hogar donde recibió clases de francés, de música y de pintura, a cargo de maestros particulares.


La madre de Agustini tenía un carácter autoritario y absorbente que marcó la personalidad de la joven poeta. Ante su familia tenía un carácter eminentemente dócil pero paralelamente desarrolló casi en secreto su verdadera personalidad de poetisa, en versos de un erotismo encendido, triunfal y agónico a un tiempo.


Tenía dieciséis años cuando aparecieron publicados sus poemas y relatos en conocidas revistas de entonces: Rojo y Blanco y La Pètite Révue; también en Apolo (revista de arte y sociología, dirigida por Manuel Pérez y Curis.​


 Tempranamente escribía columnas en La Alborada, colaborando también en una sección titulada “La legión etérea” que firmaba con el seudónimo de Joujou.
En ella hacía retratos de mujeres de la burguesía montevideana que sobresalían en la vida cultural y social. Eran retratos al estilo modernista, entre los que destaca el de María Eugenia Vaz Ferreira.


Rápidamente se convirtió en un personaje de la vida cultural, siempre acompañada por su madre.
Publicó en 1907 su primer libro: El libro blanco y en 1910 Cantos de la mañana.


En sus primeros poemas su erotismo se desarrolló con imágenes de cisnes y lagos, flores de loto y jardines perfumados en los que brillaba el mármol. Pero su poesía evolucionó y cantó al amor de una manera más auténtica, transformando el discurso modernista con imágenes atrevidas y poco convencionales.
Así, le dio una nueva visión del lenguaje erótico concebido por una mujer.


En 1912 Rubén Darío, el creador del Modernismo, llegó a Montevideo y fue a visitar a la poetisa, quien lo deslumbró al descubrir  su vida interior atormentado.
Prologó su libro “Los cálices vacíos” con la siguientes palabras: “De todas las mujeres que hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini... es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa en su exaltación... si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de habla española... pues por ser muy mujer dice cosas exquisitas que nunca se han dicho”.


Agustini se casó con Enrique Job Reyes, un joven comerciante, el 14 de agosto de 1913 y, cincuenta y tres días después, volvió a la casa de sus padres.​
Por ese tiempo empezó a cartearse con el escritor argentino Manuel Ugarte, al que solía ver en Montevideo.


​En pleno proceso de divorcio, visitó a su marido varias veces. Éste achacaba la causa de la ruptura a su madre: la influencia nociva que María Murtfeldt ejercía sobre ella.
Pasó de la tutela maternal a la dominación marital.


El fallo de la disolución del matrimonio fue el 5 de junio de 1914 más él la citó  en la tarde del 6 de julio, en una habitación alquilada, allí le disparó dos veces en la cabeza, y luego se suicidó.


​Esta muerte violenta, enmarcada en lo que más tarde sería caracterizado como femicidio, fue de gran trascendencia mediática presentando la prensa a ambos como víctimas de un amor irracional.


Según el testimonio de algunos amigos, el cuarto de Reyes estaba repleto de recuerdos y fotografías de la poetisa.​
Su poesía se inscribió en la corriente modernista de la época, pero cuando el soterrado sentimiento que alentaba en el alma de la poetisa podía expresarse sin trabas, sus palabras alcanzaban una dimensión más auténtica que dio lugar a sus poemas excelsos: “Explosión”, “Íntima”, “Lo inefable”, “Visión”, “Otra estirpe” y “Plegaria”


Seguramente  quiso expresar a través de sus versos que para vivir se necesita un gran amor y tantas cosas para compartir. Amor que nunca logró demostrar, pese de haberse casado.


Con una fuerte carga erótica, sus poemas siguen la línea modernista y están llenos de feminismo, simbolismo, sensualidad y sexo.
​El alma de Agustini, “sin filtros ni condicionamientos”, queda patente en el poemario “Los cálices vacíos”. La obra es, además, una invitación a desandar el camino que la condujo a su yo.​


Con la publicación de dicha obra, en 1913, el escándalo fue dimensional porque no entendían que la mujer fuese sujeto de deseo. En la misma, menciona sus experiencias como mujer desde una óptica modernista.


Primero su obra fue admirada, pero después provocó el desconcierto de sus contemporáneos, porque por entonces la mujer no podía querellar ante los tribunales, equiparándola judicialmente con los ciegos, idiotas  o sordomudos.
Tampoco podía demostrar su talento a través, de su poesía mostrando  en ella su fuerte carga erótica.   

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La ciudad de Montevideo cuenta con un espacio memorial dedicado a Delmira Agustini y a todas las víctimas de la violencia de género ubicado en la calle Andes 1206, donde Agustini fue asesinada por su ex marido.
Es una obra del artista Martín Sastre y fue inaugurado en 2014 al cumplirse 100 años del femicidio de la poetisa.​

 

Bibliografía:
Alejandro Cáceres: Agustini, Delmira ed. Poesías completas. Montevideo: Ediciones de la Plaza. (1999).
Fernández dos Santos, Mirta (ed.) La recepción crítica de la obra de Delmira Agustini por sus contemporáneos: a través de su correspondencia inédita y poco difundida. Madrid: Iberoamericana/Frankfurt. (2019).


Agustini Delmira. Topografía:
No podemos establecerla porque aún el Concejo Deliberante no le ha impuesto su nombre a una calle o pasaje.