ACHIRA

El azoramiento español frente al mundo viviente americano comenzó en el mar y  continuaría  en el continente al descubrir nuevos frutos de la tierra.


 En efecto, los marineros de Colón  introdujeron en Europa una extraña costumbre de América: “fumar”, que  prendió a tal punto que el Papa amenazó con la excomunión a quienes lo hicieran dentro de los templos.


El éxito del cacao fue parejo con el del tabaco. Los aztecas convidaron a Hernán Cortés con chocolatl, una bebida preparada con sus granos y aromatizada con vainilla, ají pimiento y otras especies.


En tiempos anteriores al período prehispánico  en el Perú existía  la cultura del maíz,  pues se preparaban alimentos con maíz, particularmente choclos hervidos o asados al rescoldo, acompañados con queso de cabra  o las humitas hechas con el grano lechoso, molido, condimentado y envuelto en paquetitos hechos de chala; el tamal, preparado con harina  de maíz seco recién molida  y armado también en hojas de chala  con relleno de charqui, como  también era común  la mazamorra.


Más allá de la comida, el maíz permitía elaborar una bebida de mucha aceptación: la chicha, “antiguo licor de los dioses indígenas “- dice Gustavo Adolfo Otero -  que podía ser  con o sin fermento alcohólico.


La achira, llamada por los aborígenes  “canna edulis”, que en la actualidad se considera en Argentina como una belleza explosiva de nuestros jardines, por sus hojas ensiformes, tallos nudosos y flor en racimo rojas o anaranjadas, al arribo de Pizarro, los indígenas del Tahuantinsuyu, la consideraban una rica fuente de alimentación como  la papa.


Comían cocido su fruto,  parecido a la batata y obtenían de su rizoma la “fécula de Tolomán.”

 

Hoy su área de expansión  se reduce a zonas húmedas y algunas especies abundan en acuáticas.


Esta planta tuberosa no gozó desde el vamos de una aceptación generalizada  en ambos mundos y hoy  su empleo es más ornamental que de carácter culinario.


Con la llegada de los españoles a México-Tenochtitlán, los  grupos originarios del lugar tenían una alimentación aparte  del  maíz, basada en la cosecha de plantas como el frijol, cacao, chile, cacahuate, amaranto, tomatillos verdes, calabaza, papa, camote, chirimoya, aguacate, piña, papaya, guayaba, jícama, vainilla, chía, entre otras; también se utilizaba mucho la caza, la pesca, los frutos silvestres,  como también consumían mucho los granos que cosechaban o canjeaban.

A los españoles les costó incorporar a su dieta, el maíz, por considerarlo que era apropiado para alimentar animales.

La nutrición de los indios se complementó con los alimentos traídos del Viejo Continente como el trigo, la cebada, la caña de azúcar, la cebolla, el garbanzo, las lentejas, la naranja, manzana, pera, durazno, limón, las uvas, los plátanos, granadas, almendras, nueces, avellanas, avena, arroz, ajo, zanahoria, orégano, cilantro, el perejil, el apio, entre otras;  y también trajeron distintos tipos de animales que en América no se conocían como son las vacas, el caballo, el burro, la oveja, la cabra, cerdos, palomas, gallinas, conejos, patos, perros y gatos.
Algunos indígenas eran sensibles a algunos ingredientes españoles.


En cuanto a los aborígenes de nuestro territorio, podemos decir que los querandíes y guaraníes preparaban la papa en dos formas que les permitía conservarlas durante mucho tiempo, “la tunta” y el “chuño”, fécula de la papa  con la que preparaban una delicada crema perfumada con vainilla silvestre, alimento tanto de mayores como niños.


La papa cumpliría una doble función, como alimento y como uso terapéutico. Otero  menciona que la tunta y el chuño conservarían algunas bacterias útiles que los callahuayas (curanderos de las tribus) aplicaban como compresas fermentadas que tenían poder antifebril, sobre todo eficaces en la fiebre puerperal. Otero se pregunta ¿Se podría hablar de penicilina indígena?


Los guaraníes como resultado de su existencia milenaria en la selva tropical, fueron expertos conocedores del mundo vivo que habitaron, un lugar considerado como uno de los de mayor biodiversidad del planeta.


Su relación con las plantas no sólo sería utilitaria sino también sagrada; por ello designaron a la yerba mate “caá” que signicaba tanto “yerba como selva”, geografía representante de su grandioso habitat natural.


Es posible rastrear una de  las leyendas que dan cuenta de esta distinción. Tupá, una de las fuerzas divinas primordiales que representaba que representaba el poder del agua, el trueno y el relámpago, les regaló la caá, para agradecer la hospitalidad que le ofrecieron los guaraníes un día que visitó la Tierra.

A mediados de la centuria XVI, la fruición con que los hispánicos adoptaron el mate alarmó a las autoridades, consideraron que nada bueno esperarse de ello. Sólo un vicio podía extenderse de tal modo. A fines del siglo incluso llegaron a prohibir su consumo, su comercio y su producción.


El viejo Mundo se dejó seducir también  por otros frutos de la tierra: el ananá, el zapallo y  el maní.


Voy a transcribir una Carta del padre Marciel de Lorenzana al Rey, 1621: “La agricultura de roza entre los guaraní”:
[Los guaraní] siempre siembran en montes y cada tres años por lo menos mudan chacra… El modo de hacer sus sementeras es: primero arrancan y cortan los árboles pequeños y después cortan los grandes, y ya cerca de la sementera, como están secos  los árboles pequeños […] les pegan fuego y se abrasa todo lo que han cortado, y como es tan grande el fuego quedan quemadas las raíces, la tierra hueca y fertilizada con la ceniza, y al primer aguacero la siembra  de maíz, mandioca y muchas otras raíces y legumbres que ellos tienen muy buenas.”

 

 

 

Bibliografía :

Sapiens: "Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana." Edit. Sopena.

Centi R:“500 años de América en Europa.” Revista Nueva, 1992.

Solís Tolosa:”Un paseo histórico por cocinas y mesas mestizas”. Revista “Todo es historia”. N°380. Marzo 1999.

Achira. Calle. Topografía:

Corre de N. a S. desde el 600 al 699 entre las calles San Lorenzo y Santa Fe 8100, paralela a Bv. Wilde.

Se le impuso es nombre por D.  4673 del 16 de septiembre de 1977.

Recuerda a una especie vegetal originaria de América.