ABIPONES

La penetración hispánica en las regiones del norte santafesino, el Chaco y el Paraná fue penosa y difícil porque los españoles no lograron prestamente someter a los indígenas, ni tampoco los misioneros atraerlos a un orden humano. La razón era que esas tribus no integraban teocracias indígenas constituidas como en otras partes de América. Vivían en una sociedad libre y con su belicosidad regían el destino de los pueblos ribereños.

El historiador Manuel Cervera, en su "Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe" expresa: "Los abipones eran parecidos a los tobas, aunque más feroces y en guerra continua con sus vecinos." "Lucían desnudos, de cuerpos altos y miembros fornidos, llevando pendiente del cuello la macana, con aljaba en la espalda, en la mano izquierda el arco, y en la derecha la lanza, y pintaban su cuerpo imitando los colores del tigre, con plumas de avestruz en la nariz, labios y orejas como si quisieran volar".

Educados en la guerra, eran reputados los que horadaban sus cuerpos por muchas partes, no pudiendo llamarse guerrero, el que no hubiera muerto a su a un enemigo.

Las mujeres se golpeaban la cara en señal de regocijo y en línea de color pintaban una cruz en la frente y tatuándose el rostro en épocas de menstruación y al casarse.

Los abipones de las islas del Paraná asentados en las inmediaciones de Sancti Spíritu , dominando su espíritu guerrero, mantenían buenas relaciones con los cristianos del fuerte, con las mismas características de los de las islas del delta y semejante a los chandules que habitaban el Paraguay río arriba, más allá de los agaces.

Jaime Rasquin continúa refiriéndose al estilo de vida de los indígenas litoraleños: " los guaraníes de Gaboto en su relación con el río poseían una destreza sin igual para captar peces. Obviamente esa masa hídrica sería el determinante que fuera la pesca el rasgo más saliente de su economía y su alimentación".

Utilizaban canoas monóxilas construidas de un solo árbol, llegando a medir algunas más de quince metros portando redes.

Empleaban el barbasco, que según el primer cronista de Indias sería una hierba semejante al bejuco que arrojada al agua, picada y macerada adormecía a las piezas que atravesaban con una especie de tacuara.

Transcurridas dos centurias de la llegada del blanco, la falta de alimentos, allá por 1748, impulsó a los caciques abipones con sus familias a doctrinarse, dando origen a las reducciones.

 

Bibliografía:

Cervera M.: "Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe." Archivo del Departamento de Estudios Etnográficos y coloniales de Santa Fe. Tomo II.

 

Abipones. Pasaje. Topografía:

Corre de N. al S. desde el 600 al 699 entre las calles San Lorenzo y Santa Fe 8000, paralela a Wilde.

Se le impuso en nombre por Decret. 4673 de 13/09/77.

Recuerda a los indios del Chaco argentino que con sus familias y cuatro caciques instaló Artigas en 1816 en su cuartel general de unificación con fines de colonización agrícola de la provincia oriental.